La nube hace regresar los cartuchos de almacenamiento: "La última línea de defensa sigue siendo una cinta magnética en un búnker físico"

Búnker con cintas magnéticas
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Reportaje
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Las grandes compañías tecnológicas han decidido guardar los datos de todo el mundo bajo tierra, en búnkeres que almacenan billones y billones de información de toda la humanidad.

En la era del auge imparable de los centros de datos y la información digital impulsada por inteligencia artificial, han aparecido medidas como el zettabyte (ZB), que equivale a un billón de gigabytes o a 1.000 exabytes, cifras que el cerebro humano no sería capaz de imaginar ni retener a nivel de almacenamiento. Pero es el estándar más habitual en los tiempos que corren. Este aumento impresionante de los datos disponibles en todo el mundo ha llevado también a que sea más difícil proteger este tipo de información, que se suele almacenar en servidores remotos que pertenecen a grandes multinacionales, por lo general, que guardan billones de datos personales en este tipo de cúpulas muy jugosas para los ciberdelincuentes.

Todos estos servidores tienen una característica en común para los atacantes: mantienen y guardan un sinfín de datos globales, ya sean de empresas importantes de sectores críticos como de usuarios con información muy valiosa, pero también están conectados continuamente, lo que supone un vector de entrada para técnicas ya muy bien conocidas, como el ransomware.

Y con este salto hacia delante también ha aparecido una corriente que rema hacia atrás en el tiempo. De tal forma, los cartuchos magnéticos que están desconectados de internet se han convertido en la línea de defensa más habitual de los últimos tiempos, ya que podrían conservar más del 80% de los datos inactivos –los conocidos como "datos fríos"– de todo el planeta, y esquivar con ello ataques dirigidos a este tipo de información en reposo.

Por ello, han aparecido numerosos búnkeres que custodian la información más preciada del ser humano posmoderno, un formato totalmente anticuado para el consumo, pero apto para salvar una posible catástrofe global gracias al aislamiento electromagnético estricto –air gap, por el término original en inglés–, con paredes de hormigón capaces de resistir incluso un ataque nuclear a escala mundial.

Teniendo en cuenta que un zettabyte es lo mismo que almacenar hasta 1.000 millones de discos con 1 terabyte de almacenamiento, esta medida es la mejor que han tomado algunas multinacionales, que ya funcionan como centros de conservación, al menos durante los próximos 50 años, el tiempo máximo apto para que las cintas magnéticas no se echen a perder.

El almacenamiento en frío, una alternativa a los elevados costes de la nube

Los gastos de almacenar datos en frío en la nube se han disparado. Imagina esto como un cerebro que continúa recabando información nueva, pero que aún tiene que almacenar todo lo que ha aprendido anteriormente. El propio órgano actúa eliminando este tipo de información innecesaria, ya que de lo contrario no podría funciona de la mejor manera o tendría que gastar una energía de la que el cuerpo no puede prescindir.

En los centros de datos y de almacenamiento ocurre prácticamente lo mismo. Más allá de lo que el hardware pueda ofrecer, los datos disponibles se convierten en datos "fríos" en un período de entre 90 y 120 días, según los estudios disponibles, y aquí se incluyen archivos relevantes, como datos asociados a estudios científicos, conjuntos de entrenamientos de inteligencia artificial o historiales financieros, por lo que cada organización ha de elegir exactamente qué quiere conservar y, más aún, cómo conservarlo.

El gasto de mantener discos duros tradicionales o memorias de estado sólido continuamente encendidas y conectadas es totalmente insostenible económico y energético, por lo que las organizaciones han virado hacia otro tipo de soluciones, que siguen manteniendo la esencia del almacenamiento en frío, pero sin tener que gastar ingentes cantidades de energía.

Para salvar estos escollos, los grandes de la nube, como Amazon Web Services (AWS), Google o Microsoft, han optado por recurrir a bibliotecas masivas y automatizadas de cintas magnéticas para mantener a buen recaudo los que se conoce como "archivo profundo", ese almacenamiento en frío que es tan valioso y que supone la biblioteca digital del ser humano.

Fred Moore, unos de los analistas e ingenieros más importantes de las últimas décadas, desarrolló lo que se conoce como pirámide del almacenamiento o jerarquía de memoria, fundando finalmente su consultora Horison Information Strategies, que asesora a las principales compañías proveedoras de hardware y software.

Según ha expresado en varias ocasiones, "almacenar los datos en la nube es económico, pero moverlos constantemente hacia dentro y hacia fuera es sumamente costoso; algo que no ocurre cuando la información fría se gestiona eficientemente en cintas magnéticas". Y no solo implica a la capacidad del almacenamiento en frío, sino también a su seguridad.

Una cinta magnética que ahorra dinero, energía y es más segura

El ransomware es una de las peores amenazas para el almacenamiento de datos de numerosas organizaciones, ya sean públicas o privadas, y ante esto la cinta magnética se posiciona como una heroína que puede salvar miles y millones de datos.

Según las estimaciones de organizaciones como Cybersecurity Ventures, se estima que para el año 2031 los daños globales causados por este tipo de amenazas alcancen una cifra de 265.000 millones de dólares; es decir, que habría un ataque cada 2 segundos, exigiendo un rescate promedio de 5,3 millones de dólares por cada incidente.

Es una cifra imposible de asumir por el conjunto de las empresas, ya al margen de las grandes multinacionales, pero que ha encontrado su escudo en las cintas magnéticas. Así, las cintas se posicionan como una forma más segura de almacenar los datos fríos, además de suponer un ahorro económico respecto a otras formas más vulnerables a los ataques de este tipo, como ocurre con la nube, conectada de forma permanente a internet.

En el entorno clásico de la ciberseguridad para negocios, se ha aconsejado siempre seguir la regla 3-2-1 en copias de seguridad, pero ahora esta ha evolucionado hacia la 3-2-2-1, siendo esta última una copia totalmente aislada de la red, offline y anclada en el pasado para resistir las catástrofes más impredecibles.

Quizá el mejor ejemplo de esto son las instalaciones de máxima de seguridad de VRI Roxbury, ubicadas en un antiguo búnker subterráneo totalmente blindado de AT&T que se encuentra a aproximadamente 50 metros bajo tierra y tiene capacidad para resistir incluso las embestidas y consecuencias de un potencial ataque nuclear.

En definitiva, la memoria digital de toda la humanidad se esconde a varios metros bajo tierra, con un armazón totalmente diseñado para aguantar las peores consecuencias del egoísmo del ser humano. Un pequeño espacio para algo tan grande como el cerebro digital y los recuerdos de todas las personas que alguna vez navegaron por la red.

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