"Pensaba que tenía más privacidad": construye un monitor DNS con una Raspberry Pi para descubrir todo lo que sabía su operador de él y el resultado le dejó sin palabras

Tu operador sabe mucho más de ti de lo que crees
Tu operador sabe mucho más de ti de lo que creesImagen generada con IA
Noticia
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

Quería comprobar qué sabía su proveedor de internet sobre él y descubrió que las consultas DNS revelaban una gran cantidad de información sobre los servicios y páginas que utilizaba.

En casa es fácil caer en la sensación de que la conexión es “más privada” que cualquier red pública. Mientras no compartas la clave del WiFi y uses páginas seguras, parece que tu operador solo ve tráfico cifrado sin demasiado contexto.  

Un colaborador de How-To Geek decidió comprobarlo por sí mismo y terminó descubriendo que su proveedor de Internet podía reconstruir buena parte de su vida digital solo observando las preguntas que hacía su red, sin tocar el contenido de las conexiones.

El experimento: poner una Raspberry Pi entre su casa y el DNS del operador

La idea fue sencilla: si el ISP ve todas las consultas DNS que salen del router, ¿por qué no montar en casa un sistema que vea exactamente lo mismo? Cada vez que un dispositivo de la red quiere acceder a un dominio, lanza una petición DNS preguntando qué dirección IP corresponde a ese nombre. 

Por defecto, esas peticiones van al servidor DNS del operador, que recibe un listado ordenado de todos los dominios visitados desde la línea. Y para replicar esa visión, el experto colocó una monoplaca Raspberry Pi como “intermediaria” en su red doméstica. 

Usó una placa Pi, una tarjeta microSD, alimentación, una IP fija en la red local y acceso remoto por SSH. Sobre ese hardware instaló Pi-hole, un software que actúa como resolvedor DNS y bloqueador de publicidad para toda la red.

Todos los dispositivos de casa enviaban sus consultas DNS a la Raspberry Pi, que las resolvía o las bloqueaba y después las reenviaba hacia fuera. De este modo, la Pi veía y registraba las mismas peticiones que antes veía en solitario el ISP, pero ahora con un panel accesible para el experto.

Qué datos recogía su monitor DNS

Nueva Raspberry Pi 5 de 3 GB
Nueva Raspberry Pi 5 de 3 GB

Cabe señalar que Pi-hole registraba cada consulta con varios elementos clave, como hora exacta, IP local del dispositivo que preguntaba, dominio solicitado, tipo de registro y si la petición se bloqueaba o se dejaba pasar. 

Esa combinación bastaba para reconstruir, con bastante precisión, qué aparato se estaba comunicando con qué servicio y con qué frecuencia a lo largo del día. Además de registrar, Pi-hole permitía actuar sobre lo que veía. 

Añadiendo dominios a la lista de bloqueo, cualquier dispositivo que intentara resolverlos recibía una respuesta vacía y la conexión fallaba. Es una forma de cortar publicidad o telemetría de equipos conectados sin entrar a configurar cada aparato uno por uno.

Pero cuando empezó a revisar los logs, lo que más le llamó la atención no fueron sus visitas conscientes a webs o servicios, sino el volumen de tráfico automático. 

Datos recogidos por el monitor DNS casero
Datos recogidos por el monitor DNS caseroHow To Geek

El televisor inteligente y el robot aspirador aparecían como algunos de los dispositivos más datos compartían hacia fuera, con peticiones constantes a dominios de fabricantes y servicios de terceros. 

Cabe señalar que el móvil figuraba en los registros con consultas ligadas a apps que enviaban datos a plataformas de analítica y publicidad. Sin hacer nada de forma activa, sus aparatos estaban compartiendo información sobre su uso y su entorno con múltiples servicios externos.

La prueba dejó claro que un operador, solo viendo las consultas DNS de una línea, puede inferir muchos detalles sobre los hábitos digitales de una casa: qué dispositivos hay, qué servicios se usan, a qué horas hay actividad y qué tipo de contenidos se consumen. 

Por qué crear un monitor DNS puede mejorar el control sobre la privacidad

El propio experto matiza que el DNS es solo una pieza del puzzle de la privacidad. Aunque se use Pi-hole, DNS sobre HTTPS o servidores externos como los de Cloudflare, el operador sigue viendo las direcciones IP de destino de las conexiones y, con suficiente contexto, puede asociar muchas de ellas a dominios concretos. 

Si bien el monitor DNS con Raspberry Pi mejora la situación, da visibilidad y permite tomar decisiones (bloquear dominios, limitar telemetría), al final no borra por completo la huella digital.

Para ocultar más información hace falta dar un paso adicional y usar un VPN fiable que encapsule todo el tráfico y haga que el ISP solo vea un túnel cifrado hacia el proveedor de VPN. 

Incluso entonces, la confianza se traslada del operador al servicio de VPN, por lo que la Raspberry Pi y Pi-hole no son una solución mágica, pero sí una herramienta poderosa para entender, con datos propios, cuánto cuenta tu red sobre ti sin que te des cuenta.

Más información sobre: