Programadores que no escriben una sola línea de código, el fin de la programación ya está aquí: "Incorporar este código es inaceptable y vergonzoso"

Programadores que no escriben una sola línea de código
Programadores que no escriben una sola línea de códigoFreepik / Computer Hoy

Los programadores ya no teclean código. La IA está cambiando este trabajo, poniendo patas arriba una profesión que poco tiene que ver con sus orígenes.

Los programadores que antes escribían líneas de código ahora se dedican a hablar con máquinas. En empresas como Hyperspell, una start-up en San Francisco, los desarrolladores explican a sus modelos de inteligencia artificial qué quieren hacer y esperan unos minutos a que el sistema lo haga, pruebe y confirme

Así explican a The New York Times que trabajan Manu Ebert, ingeniero especializado en machine learning, y su socio Conor Brennan-Burke. Casi toda su base de software está generada por Claude Code, la IA creada por Anthropic.

Programadores con muchos años a las espaldas afirman que el salto vivido en estos dos últimos años ha sido enorme. Sus agentes de IA escriben, prueban y corrigen código a una velocidad que un humano no podría y lo que antes podía llevar un día, ahora se resuelve en treinta minutos. 

Si bien es cierto que los programadores aún están ahí, su rol ha cambiado por completo y ahora se parece más al de un supervisor que al de un programador como antes: revisan, orientan y validan el trabajo de las máquinas

Gracias a las IA, ahora los programadores programan, pero sin realmente programar

Tal y como se explica en el artículo, lo que está ocurriendo es, en esencia, el nacimiento de una nueva era en la historia del software. En los años 60, escribir un cálculo en Assembly era un rompecabezas. Décadas después, lenguajes como Python o JavaScript democratizaron el código al automatizar buena parte del trabajo repetitivo. 

Ahora, la IA lleva todo al extremo: basta con explicarle una idea en lenguaje natural para recibir como respuesta un programa funcional.

En las startups más nuevas, las herramientas como Claude, Copilot o Gemini pueden escribir cerca del 100 % del código desde cero. En grandes empresas, como Google, la cifra ronda el 50 %. Según su CEO, Sundar Pichai, el incremento medio de productividad entre sus más de 100.000 ingenieros ha sido del 10 %.

Pero cuidado, porque la IA no solo genera código nuevo, también mejora y permite a los programadores entender el viejo. Para gigantes tecnológicos con décadas de software a sus espaldas, como Amazon Web Services, los modelos se han convertido en traductores que explican qué hace cada línea, ven errores y sugieren mejoras.

Pero, como en todo, siempre existe una cara B, una cara que no percibe toda esta nueva era de una forma tan positiva. Muchos desarrolladores veteranos defienden que el oficio está perdiendo su esencia y que realmente no es tan útil como se quiere hacer ver.

La satisfacción de ver funcionar un programa escrito a mano, dicen, era parte del alma del trabajo. Hoy, eso se reduce a comprobar que la IA no alucine y te dé un código coherente. Algunos incluso lo viven como una amenaza, un elemento que ha llegado para apartarles definitivamente a un lado.

En el otro extremo están los que ven de esto un gran avance. Para ellos, la IA ha resucitado la idea de crear, aunque no lo parezca. Kent Beck, uno de los gurús del software moderno, afirma que volvió a disfrutar de programar gracias a estos sistemas. Reconoce que es adictivo, aunque la IA nunca escriba dos veces el mismo código igual.

Con estos dos bandos muy bien definidos, los datos respaldan al primer grupo. Las estadísticas del Stanford Digital Economy Lab muestran que los programadores jóvenes son los más afectados. Entre los 22 y 25 años, el número de empleos cayó un 16 % desde 2022. 

El gran problema es que las tareas de iniciación, las más rutinarias, son precisamente las que mejor automatiza la IA. En cambio, los desarrolladores senior, con experiencia para dirigir y evaluar la calidad del código creado, siguen siendo imprescindibles.

Además, las compañías piden al menos dos años de experiencia, incluso para puestos básicos. En la práctica, eso deja fuera a casi todos los que acaban de terminar la carrera universitaria, atrapados en un círculo vicioso que seguro que suena: no consigues trabajo sin experiencia, pero no puedes ganar experiencia sin trabajo.

Teniendo en cuenta que los algoritmos permiten trabajar más rápido, han levantado el listón. Las empresas buscan programadores jóvenes que sean casi expertos, y que además sepan comunicar, adaptarse y pensar con creatividad. 

"La experiencia nos dice que la IA nunca debería sustituir a los programadores"

Pero siendo algo positivos, Derek Chang, tecnólogo y fundador de Stratus Data, explica que todo esto tiene más de mito que de realidad y que "la IA no trabaja con conocimiento real, sino con lo que ve en sus conjuntos de datos" Y la mayor parte de lo que ha visto en el mundo del software son líneas de código públicas y genéricas", afirma.

De forma simple, aunque la IA aumentará la productividad, no reemplazará a los desarrolladores. Y no, esta no debe ser usada como requisito principal a la hora de hacerse con nuevos trabajadores, sino como un complemento a largo plazo.

Chang deja claro que, por impresionantes que parezcan la IA y sus herramientas, siguen siendo tan solo buenas imitadoras. No entienden el porqué, solo repiten el cómo. De ahí que, en tareas simples, la IA brille, pero en sistemas a gran escala, con riesgos reales o estructuras críticas, se convierte en una herramienta de ayuda, al servicio del humano.

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Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.