Qué problemas resolverá el 6G que el 5G aún no haya conseguido

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Velocidades ultrarrápidas sin latencia, IA integrada y hasta conexión en parajes desiertos: todas las ventajas que traerá el 6G respecto al 5G.

El desembarco del 4G llegó de forma oficial en 2010. Ya han pasado más de 15 años desde entonces y este tipo de conexión, a pesar de que aún continúa siendo un estándar muy usado, parece haberse quedado obsoleta ante el avance de otras normas mucho más avanzadas.

Primero fue el 5G, que Qualcomm anunció para los móviles que llevaran sus procesadores para el año 2019, prácticamente justo al inicio de la pandemia que llegó a saturar las redes, ante el uso masivo de internet tras los confinamientos sucesivos.

Tan solo 5 años más tarde, la compañía china Huawei anunció el desembarco del 5.5G, que no supuso un grandísimo cambio respecto al 5G, pero que el fabricante decidió lanzar al mercado al ver que el esperado 6G no llegaría hasta la década de 2030, según las previsiones de sus desarrolladores.

A día de hoy, este modelo es capaz de mejorar de forma notable el espectro por debajo de los 6 Ghz, con velocidades pico sostenidas de 10 Gbps en bajada y 1 Gbps en subida, el aprovechamiento de los dispositivos IoT pasivos con sensores sin batería hasta una distancia de 200 metros y la optimización mediante inteligencia artificial del tráfico de energía y la red.

En la práctica, el 5.5G implica el aprovechamiento al máximo del 5G, pero no alcanza lo que puede ofrecer el 6G, que llegaría alrededor del año 2029, si la industria continúa por este camino, aunque no está aún confirmada su fecha oficial de lanzamiento.

De momento, aún quedan varios años, pero ya se sabe que el 6G cambiaría por completo lo que conocemos en conectividad, superando con creces al 5G y dando paso a una nueva era en el mundo de la tecnología.

Todo lo que cambiará con la llegada del 6G

Si aún tu móvil o algún dispositivo que utilices tiene 4G, pero quieres dar el salto al 5G, notarás mayormente que las conexiones son muchísimo más veloces al tener menor latencia, pero hay otros apartados que favorece esta generación, como la capacidad para conectar más dispositivos, en un mundo en el que los terminales inteligentes son la nueva norma.

En caso de que aún cuentes con este estándar de hace más de 15 años, lo más recomendable es esperar a dar el salto al 6G en cuanto salga, lo que mejorará muchísimo tu conexión, una generación que está preparada para las tecnologías más vanguardistas.

En comparación con el 5G, el 6G también logrará un cambio espectacular en las conexiones, lo que ofrecerá nuevas capacidades para los fabricantes y sus dispositivos, también por las bandas de frecuencia disponibles, un espacio muy reglado a nivel mundial por la IMT-2030 de la International Telecommunication Union (ITU).

Sin caer en la exageración, el 6G podría cambiar la tecnología tal y como la conocemos. En primer lugar, las ondas electromagnéticas tendrán longitudes tan pequeñas que se asimilarán a los infrarrojos al rebotar entre objetos, mejorando toda la conexión del hogar.

En este sentido, la conexión no solo tendrá muchísimas menos interrupciones en un hogar repleto de obstáculos, sino que servirá para las ciudades conectadas: vehículos autónomos, reconocimiento en tiempo real del entorno urbano o medidas de seguridad especiales para prevenir desastres en núcleos con mucha gente.

En segundo lugar, la gran ventaja del 6G es que ya llega con IA integrada desde el primer momento, lo que implica que cada antena y cada módem será capaz de aprender en tiempo real sobre las condiciones del entorno, permitiendo que se aprovechen de la mejor forma los protocolos.

Además, se unificará la infraestructura en tierra con la que proviene de los satélites en la órbita terrestre baja (LEO), así como los drones a gran altitud que permitan la conexión, con lo cual permitirá adaptar el entorno a la conexión, también en núcleos en los que haya muchas personas concentradas, pero incluso en lugares inhóspitos, como desiertos y océanos.

Finalmente, por lo que se conoce hasta ahora, las especificaciones del 6G reflejan también que podrá aprovechar la energía residual de elementos como las señales de la televisión, el WiFi o la luz solar, por lo que no se tendrán que reemplazar batería en sensores de este tipo, un elemento indispensable en sectores como el médico.

La carrera mundial por el 6G

A nivel mundial, cada región está desarrollando el 6G de forma bastante diferentes. En la Unión Europea, por ejemplo, destacan la iniciativa SNS JU y proyectos como Hexa-X y Hexa-X-II, liderados por fabricantes como Nokia y Ericsson.

Mientras tanto, Estados Unidos basa su apuesta por el 6G en el consorcio Next G Alliance, de la mano de Apple, Google, Qualcomm y AT&T, muy dirigido a la IA integrada y a las conexiones satelitales, aquí con mención especial a los Starlink de SpaceX, la compañía fundada por Elon Musk.

Al otro lado del mundo, China es la líder absoluta en número de patentes y de pruebas piloto con compañías como ZTE y Huawei, que son las que siempre han estado a la vanguardia en redes, como el mencionado 5.5G, aunque por normativa están limitadas en diferentes países socios de Estados Unidos, a raíz del veto de Donald Trump.

En Asia, Corea del Sur también cuenta con el plan K-Network 2030, que tiene en el horizonte comenzar las pruebas de campo en 2028 gracias a Samsung y LG, antes de su comercialización definitiva, previsiblemente para 2030.

A nivel nacional, España mantiene también una estrategia a medio y largo plazo con el programa UNICO-6G I+D, que está financiado con los fondos europeos NextGenerationEU mediante el Ministerio para la Transformación Digital, con más de 100 millones de euros en ayudas para la investigación.

Adicionalmente, hay que destacar la participación de universidades públicas pioneras en todo el territorio, y la implicación de compañías como Telefónica en los consorcios europeos para desarrollar los proyectos pilotos en sensores integrados y gemelos digitales.

En definitiva, de momento habrá que esperar a las pruebas piloto, ya que los test en la práctica pueden diferir en ciertas regiones, algo que tendrán que demostrar los países en sus casos concretos, aunque España siempre ha sido uno de los que mejor ha sabido adaptar sus redes, más allá de problemas en zonas rurales.

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