Catón el joven, filósofo, sobre la importancia de saber callar: "Comenzaré a hablar cuando no vaya a decir lo que es mejor dejar sin decir"

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Una antigua enseñanza romana invita a pensar antes de responder y recuerda que controlar el impulso de hablar puede evitar conflictos y decisiones de las que luego nos arrepintamos.
En una época en la que opinar se ha convertido casi en una reacción automática, Catón el Joven entendía que hablar no debía ser una obligación ni una forma de llenar silencios, sino que las palabras tenían que responder a un motivo.
La frase procede de Plutarco, que la incluyó en su biografía de Catón dentro de Vidas paralelas, por lo que no se trata de una obra escrita por el propio romano.
De hecho, Catón no dejó textos filosóficos que hayan llegado hasta nuestros días, por lo que gran parte de lo que sabemos sobre él procede precisamente de autores posteriores que reconstruyeron su vida a lo largo de los años.
Un romano que convirtió la filosofía en una forma de vida

Marco Porcio Catón Uticense, conocido como Catón el Joven, nació en Roma en el año 95 a. C. y murió en el 46 a. C. Fue senador y una de las figuras políticas más firmes de los últimos años de la República romana.
También fue un defensor convencido del estoicismo, una corriente que ponía el autocontrol y la virtud en el centro de la vida. Su carácter austero llegó a ser tan conocido como sus posiciones políticas.
Catón defendía una vida sencilla y consideraba que una persona debía mantener sus principios incluso cuando hacerlo resultara incómodo. Su oposición a la concentración de poder de Julio César terminó convirtiéndolo en uno de sus principales adversarios políticos.
Para comprender su forma de pensar también resulta importante su relación con Antípatro de Tiro, filósofo estoico con quien estudió cuestiones relacionadas con la ética y la política, por lo que intentó aplicarlas a su propia conducta.
Saber callar también exige autocontrol
Catón el Joven tenía fama de hablar poco en determinadas situaciones y algunas personas empezaron a reprochárselo. Uno de sus compañeros le hizo saber que otros criticaban precisamente esa actitud.
El romano respondió que no tenía intención de hablar simplemente porque los demás esperasen que lo hiciera. Si intervenía, sería porque tenía algo que merecía ser dicho, por lo que callar no significa no tener nada que aportar. Puede significar que una persona ha decidido no convertir cada pensamiento en una declaración pública.
Plutarco cuenta además que Catón sí era capaz de pronunciar discursos largos y contundentes cuando consideraba necesario intervenir. Por eso su silencio no puede interpretarse como timidez. Era una elección.
Cabe señalar que, para los estoicos, buena parte de la disciplina personal consistía en distinguir aquello que dependía de uno mismo de aquello que no podía controlarse, donde las palabras propias sí estaban dentro de ese ámbito.
Catón aplicaba esa idea a la conversación, donde antes de hablar había que valorar las consecuencias. Una reacción impulsiva podía provocar un conflicto que después resultara difícil reparar. Guardar silencio durante unos instantes permitía recuperar el control y decidir qué merecía realmente ser expresado.
La enseñanza no consiste en permanecer callado ante cualquier problema, por lo que el romano fue un hombre que intervino de forma contundente cuando creyó que estaba en juego aquello que defendía. Lo que rechazaba era hablar sin una razón suficiente.
Una idea de hace dos mil años que sigue funcionando
La reflexión de Catón el Joven encaja bien con una época en la que resulta muy fácil reaccionar al instante. Un comentario en redes sociales, una discusión o un mensaje escrito con enfado pueden convertirse en palabras permanentes en cuestión de segundos.
Su enseñanza no pide eliminar las opiniones ni evitar las conversaciones difíciles, sino que propone algo mucho más sencillo: pensar antes de hablar y aceptar que no todo lo que pasa por nuestra cabeza merece salir de ella.
Es importante señalar que Catón murió hace más de dos milenios, pero esa diferencia entre tener algo que decir y sentir la necesidad de decirlo sigue siendo una de las formas más sencillas de entender qué significa el autocontrol.
