Daisugi o cómo Japón ha conseguido producir madera durante 700 años sin talar ni un solo árbol

Un hombre japonés empujando un árbol
Un hombre japonés empujando un árbolMontaje / IA / Rainmaker1973 - X

La cosecha con el método Daisugi tarda 20 años, pero el árbol madre puede seguir produciendo durante 300 años sin ser talado. La madera obtenida es un 140% más flexible y un 200% más resistente.

Cuando pensamos en obtener madera, lo normal es imaginar árboles talados y troncos transportados hasta un aserradero. Pero Japón lleva más de siete siglos utilizando un método que permite producir madera sin cortar un solo árbol.

Esta técnica se conoce como daisugi y muchos expertos la consideran uno de los ejemplos más sorprendentes de la tala sostenible. En la Edad Media, en el país nipón, la demanda de madera aumentaba cada año, pero los bosques no podían proporcionar suficientes árboles jóvenes para abastecer la construcción.

En lugar de buscar nuevos terrenos o intensificar la tala, los habitantes de la región de Kitayama encontraron una solución diferente: conseguir que un mismo árbol produjera nuevos troncos durante décadas sin necesidad de derribarlo.

Una técnica nacida hace más de 700 años para aprovechar mejor los bosques

Daisugi
DaisugiWikipedia

El daisugi surgió durante el siglo XIV en los bosques de Kitayama, cerca de Kioto. Según explican expertos en silvicultura, esta técnica fue desarrollada para responder a la escasez de cedros adecuados para la construcción y, al mismo tiempo, satisfacer una demanda creciente de madera de gran calidad.

A esa necesidad se sumó otro factor, donde en aquella época comenzó a extenderse el estilo arquitectónico sukiya-zukuri, caracterizado por edificios con líneas elegantes y pilares perfectamente rectos.

Samuráis, nobles y familias acomodadas querían construir viviendas siguiendo esa estética, pero obtener piezas de madera con esas características resultaba cada vez más complicado. Por ello, el daisugi permitió resolver ambos problemas sin aumentar la presión sobre los bosques.

Así consigue Japón producir madera sin talar un solo árbol

La técnica se aplica principalmente sobre cedros japoneses. En lugar de dejar que el árbol crezca de forma natural o cortarlo cuando alcanza cierto tamaño, los trabajadores realizan una poda extremadamente precisa.

Eliminan la mayor parte de las ramas para favorecer que desde el tronco principal aparezcan numerosos brotes completamente verticales. Luego, cada dos años esos brotes vuelven a podarse manualmente.

Se eliminan las ramas laterales y únicamente se conservan las superiores, lo que obliga a los nuevos troncos a crecer rectos, uniformes y prácticamente sin nudos. Al final es un proceso que exige paciencia.

La primera cosecha tarda alrededor de veinte años, pero el árbol original permanece vivo. Una vez extraídos los troncos, continúan naciendo otros nuevos, por lo que el ciclo puede repetirse durante décadas.

La madera también destaca por su calidad

Es importante mencionar que el daisugi no solo permite obtener más madera aprovechando el mismo árbol, sino que el material resultante presenta unas propiedades especialmente valoradas en construcción.

Los datos disponibles indican que esta madera es aproximadamente un 140 % más flexible y hasta un 200 % más densa y resistente que la obtenida de cedros cultivados mediante métodos convencionales.

A ello se suma una gran durabilidad, una característica que contribuyó a convertirla en uno de los materiales preferidos para la arquitectura tradicional japonesa.

Mucho antes de que la sostenibilidad y la tala de árboles formaran parte del debate público, Japón ya había desarrollado un sistema que buscaba aprovechar mejor los recursos naturales sin agotar los bosques.

El daisugi demuestra que producir madera no siempre implica talar árboles y que una gestión inteligente puede ofrecer mejores resultados que aumentar la explotación de un recurso natural muy esencial.

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