Mieses Malchuk, médico, sobre utilizar la IA: "Es una auténtica farsa, un paso desafortunado"

Mieses Malchuk
Médico Mieses MalchukGenerado con IA

La IA no es médico: el riesgo de usar apps para diagnosticar enfermedades crece. Una tecnología que genera consejos peligrosos y fallos críticos para los pacientes.

La inteligencia artificial se ha convertido en una de las tecnologías más prometedoras en el ámbito sanitario. Y es que ahora mismo existen sistemas capaces de analizar todo tipo de cosas.

Desde radiografías hasta herramientas que responden preguntas médicas o sugieren posibles diagnósticos. El sector tecnológico presenta estas soluciones como una revolución para la medicina.

Sin embargo, no todos los profesionales sanitarios comparten ese optimismo. La doctora Mieses Malchuk ha lanzado una crítica contundente al uso actual de la IA en la atención médica. 

Como explica en ZDNET, el entusiasmo que rodea a la inteligencia artificial aplicada a la sanidad está exagerado. Según menciona, presentar estas herramientas como soluciones fiables puede ser, directamente, una auténtica farsa y un paso desafortunado.

Su advertencia forma parte de un debate cada vez más visible en todo el mundo. ¿Hasta qué punto la IA generativa está preparada para intervenir en decisiones relacionadas con la salud?

¿La IA médica es realmente una farsa?

La crítica de Malchuk no se dirige tanto a la tecnología en sí como a las expectativas que se han construido en torno a ella. 

En su opinión, muchas plataformas basadas en inteligencia artificial se promocionan como sistemas capaces de interpretar síntomas o de apoyar diagnósticos clínicos con gran precisión.

El problema, según explica, es que la medicina real no funciona únicamente a partir de datos o patrones estadísticos. 

Un diagnóstico médico implica interpretar el historial del paciente, observar signos físicos, comprender el contexto clínico y aplicar años de experiencia profesional.

Desde su punto de vista, reducir todo ese proceso a un sistema automatizado que genera respuestas basadas en datos puede crear una imagen distorsionada de lo que realmente significa ejercer la medicina.

Por ese motivo, considera peligroso presentar estas herramientas como sustitutos potenciales del criterio médico humano.

El auge de las herramientas médicas basadas en inteligencia artificial

A pesar de estas críticas, el desarrollo de la inteligencia artificial aplicada a la sanidad avanza con mucha rapidez y no hay quien lo pare. 

Las grandes tecnológicas como Microsoft, OpenAI o Google están explorando sistemas capaces de analizar datos clínicos, interpretar informes médicos o asistir a los profesionales sanitarios en determinadas tareas.

La promesa detrás de estas tecnologías es mejorar la eficiencia del sistema sanitario y ayudar a los médicos a gestionar grandes volúmenes de información médica.

En teoría, una IA bien entrenada podría detectar patrones en datos clínicos, analizar imágenes médicas con rapidez o ayudar a identificar posibles diagnósticos a partir de síntomas.

Sin embargo, este potencial que ofrece la tecnología es lo que ha impulsado el creciente interés por integrar la IA en hospitales y centros de investigación.

El riesgo de confiar demasiado en las respuestas de la IA

Uno de los principales problemas señalados por los críticos como Mieses Malchuk, es la confianza que los usuarios pueden depositar en estas herramientas.

Diversos estudios han mostrado que muchas personas tienden a considerar fiables las respuestas generadas por sistemas de inteligencia artificial, incluso cuando la precisión no está garantizada.

En el contexto médico, este fenómeno puede resultar especialmente delicado. Un paciente que interpreta una respuesta generada por IA como un diagnóstico fiable podría retrasar la consulta con un profesional sanitario o tomar decisiones erróneas sobre su salud.

Además, los modelos inteligentes actuales todavía presentan el problema de las alucinaciones, que son respuestas que parecen plausibles pero pueden contener errores o información inventada.

Cuando estas limitaciones surgen en contextos médicos, las consecuencias pueden ser mucho más serias que en otros ámbitos. 

"No se trata de que las personas no deban tener acceso a la IA. Deberían colaborar con su médico para que les ayude a filtrar información que encuentran en línea o en chatbots".

Pero, a pesar de las críticas, muchos investigadores coinciden en que la inteligencia artificial tiene un potencial significativo en el sistema sanitario.

Estas tecnologías pueden resultar especialmente útiles para analizar grandes bases de datos médicas, identificar patrones en imágenes clínicas o automatizar tareas repetitivas en hospitales y centros de investigación.

En ese sentido, la cuestión no es tanto si la inteligencia artificial tendrá un papel en la medicina, sino cómo debe integrarse en el sistema sanitario.

La diferencia entre una herramienta de apoyo y un sustituto del criterio médico humano es precisamente uno de los puntos centrales de este debate.

Por ello, las declaraciones de la doctora Mieses Malchuk reflejan una tensión creciente entre el entusiasmo que esta tecnología avanzada suscita y la realidad clínica.

La IA continúa evolucionando y cada año aparecen nuevas aplicaciones en el ámbito sanitario. Sin embargo, muchos profesionales recuerdan que la medicina no se basa únicamente en analizar datos, sino también en interpretar contextos.

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