Roberto Debbag, médico infectólogo: "Relacionarse con personas tóxicas acelera el envejecimiento"

Se ha confirmado que las relaciones con personas tóxicas no solo dañan emocionalmente, sino que aceleran el envejecimiento biológico y elevan el riesgo de enfermedades crónicas.
En un estudio realizado a 2.000 personas, se descubrió que quienes mantienen vínculos con personas tóxicas presentan un envejecimiento celular acelerado de entre 15 meses y dos años respecto a su edad real.
El dato lo compartió el médico infectólogo y pediatra Roberto Debbag durante su participación en Todo Noticias, donde abordó el impacto biológico de las relaciones sociales negativas sobre el organismo.
Debbag no es psicólogo ni especialista en bienestar emocional. Es un médico de enfermedades infecciosas, y precisamente por eso su lectura resulta especialmente relevante.
Afirma que el estrés crónico tiene consecuencias directas sobre el sistema inmunológico, que es exactamente el territorio que él conoce.
Y es que cuando un infectólogo habla del deterioro que producen ciertos vínculos, no lo hace en términos de autoestima, sino de células y de inflamación.
Qué es una persona tóxica
No es un término clínico, pero describe patrones reconocibles. Se refiere a relaciones que generan un desgaste constante, donde predominan la tensión, el conflicto o la manipulación.
Los patrones son reconocibles. Por ejemplo, en el entorno de pareja, puede manifestarse como celos, control sobre las decisiones o una crítica constante que erosiona la autoestima de forma lenta y continuada.
En el ámbito laboral, aparece como el compañero o superior que convierte cada conversación en una fuente de tensión, que interpreta los logros ajenos como amenazas o que alimenta conflictos donde no los hay.
Por otro lado, en el entorno familiar, puede ser el tío que nunca percibe el lado positivo de ninguna situación o que ejerce una presión emocional que deja a los familiares agotados después de cada encuentro.
Cualquier relación tiene tensiones, pero lo que hace daño, en términos biológicos, es la exposición sostenida a una fuente de estrés que no se resuelve.
"Son personas que nunca ven el lado positivo, que generan ansiedad continua y conflictos en distintos ámbitos, ya sea laboral, familiar o de pareja", dijo el experto Roberto Debbag.
Vivir con una persona tóxica afecta la salud
Es importante mencionar que el organismo no distingue entre una amenaza física y una presión emocional constante, pero en ambos casos activa una respuesta de estrés.
Esto implica la liberación de hormonas como el cortisol que, a corto plazo, es una respuesta normal. Sin embargo, a largo plazo, se convierte en un problema.
Y es que el estrés sostenido afecta al sistema inmune, altera procesos celulares y dificulta la recuperación del organismo. El cuerpo entra en un estado de alerta que no debería ser permanente.
Según Debbag, esa carga alostática no la generan únicamente las relaciones tóxicas. El insomnio crónico, una dieta deficiente o el sedentarismo contribuyen al mismo proceso de desgaste.
Envejecer biológicamente dos años antes que el calendario implica que los sistemas del organismo están en un estado de deterioro más avanzado de lo que correspondería, y eso tiene consecuencias concretas.
Debbag señaló entre los riesgos más documentados el aumento de la vulnerabilidad ante enfermedades cardiovasculares, la mayor predisposición a desarrollar diabetes y la relación con procesos metabólicos que favorecen la obesidad.
Son patologías que la medicina suele atribuir a factores como la alimentación, la actividad física o la genética. Raramente aparece en esa lista que convivir con una persona tóxica también acelera estas enfermedades.
Lo que este tipo de investigaciones empieza a evidenciar es que ese entorno no es un factor secundario o complementario, sino que es determinante en la salud de las personas.
Qué hacer cuando alejarse no es una opción
Cuando la distancia física o emocional no es viable, el médico apunta a dos vías complementarias. La primera es la terapia psicológica como herramienta preventiva que ayuda a gestionar la exposición al estrés antes de que su acumulación llegue a niveles críticos.
La segunda es la construcción activa de vínculos que funcionen como contrapeso, como relaciones que aporten equilibrio, seguridad y bienestar, capaces de amortiguar parcialmente el impacto.
Durante décadas, las consultas médicas se han centrado en lo que el paciente come, cuánto duerme o cuánto ejercicio hace. Lo que el estudio de Indiana y la lectura de Debbag añaden a ese cuadro es que también importa, y mucho, con quién pasa el tiempo.
La advertencia no apunta a las personas en sí, sino a lo que provocan. No todo vínculo difícil es perjudicial, pero algunos sí tienen un efecto acumulativo que va más allá de lo emocional.

