Microsoft impide actualizar Windows 11 en millones de PC, aseguran que "es por su propia seguridad"

Unsplash/Computer Hoy

Microsoft deja sin Windows 11 a millones de PC por no tener TPM 2.0, alegando motivos de seguridad, pero el fin de soporte de Windows 10 agrava el problema.

Microsoft lleva años apostando por una idea que ha generado más de una crítica, el dejar fuera de la actualización a Windows 11 a millones de ordenadores que no cumplen con los nuevos requisitos de seguridad

Desde su lanzamiento en 2021, el sistema exige que el hardware incluya un chip TPM 2.0, un módulo de seguridad que, según la compañía, es esencial para proteger los datos del usuario. Sin embargo, esta exigencia técnica ha dejado a una enorme parte de los usuarios de Windows 10 sin posibilidad de actualizar, creando una situación insostenible a medida que se acerca el fin del soporte.

La barrera no es simplemente técnica, también es económica y social. Los ordenadores que no tienen TPM 2.0 suelen ser modelos anteriores a 2017, que funcionan correctamente y son utilizados en hogares, oficinas, escuelas y hasta organismos públicos. 

Pero con el soporte de Windows 10, terminando en octubre de 2025, todos esos equipos se convertirán en objetivos fáciles para los ciberataques, ya que dejarán de recibir parches de seguridad. Microsoft, por su parte, insiste en que "es por su propia seguridad".

¿Qué hace exactamente el TPM 2.0?

El Trusted Platform Module (TPM) es un pequeño chip que actúa como un "candado digital". Se encarga de almacenar claves criptográficas y comprobar que el sistema no ha sido manipulado, según explican desde Microsoft. Cuando se enciende un ordenador con TPM, se hace una especie de chequeo interno para asegurarse de que el sistema no ha sido modificado o infectado. 

Si todo está bien, el equipo arranca. Si detecta algo raro, lo bloquea. También permite funciones como el cifrado del disco (BitLocker) o el uso de reconocimiento facial (Windows Hello).

Aunque esta tecnología ya existía desde hace tiempo, no todos los ordenadores la incorporaban de forma nativa, sobre todo los más antiguos o de gama baja. Por eso, muchos dispositivos quedaron automáticamente excluidos de Windows 11 desde el principio, incluso si tenían potencia suficiente para ejecutar el sistema.

La gran paradoja es que, en nombre de la seguridad, Microsoft puede estar generando una amenaza mayor. Se calcula que hay unos 400 millones de dispositivos con Windows 10 que no podrán actualizar a Windows 11 por no cumplir con los requisitos de hardware. 

Cuando el soporte acabe, esos equipos quedarán sin actualizaciones críticas, lo que los hará vulnerables a todo tipo de ataques. En países en desarrollo, donde los recursos son más limitados, la situación es especialmente grave. Escuelas, hospitales y familias enteras dependen de equipos que no podrán actualizar, lo que agrava la brecha digital y deja a millones de personas atrás.

El panorama es preocupante, con más malware, más brechas de seguridad, más víctimas del ransomware. Además, se corre el riesgo de fragmentar el ecosistema de Windows en múltiples versiones inseguras, lo que complica aún más la gestión de la ciberseguridad a nivel global.

¿Qué alternativas tienen los usuarios?

Para quienes se quedan fuera de Windows 11, las opciones no son muy alentadoras. Seguir con Windows 10 sin soporte, asumiendo el riesgo. También, forzar la instalación de Windows 11 con herramientas que sortean las restricciones, aunque esto puede ser inestable o ilegal.

O bien, pasarse a Linux, una alternativa segura pero menos accesible para el usuario medio, o comprar un nuevo PC, lo que supone un gasto que muchos no pueden afrontar.

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