Avisado quedas: si te encuentras una memoria o pendrive USB como esta, ni la acerques a tu PC

Un simple pendrive desconocido puede colarte malware, robar tus datos o incluso freír tu PC. Estas son las señales para detectar una memoria USB peligrosa antes de conectarlo.
Hay pendrives que no buscan infectar tu ordenador, sino destruirlo. Entre ellos destacan los USBKill, dispositivos que imitan la apariencia de una memoria USB pero que, en realidad, están diseñados para provocar daños físicos irreversibles en cuestión de segundos.
Basta con conectarlo al puerto del PC para que el ataque se active sin que el usuario tenga que abrir ningún archivo ni interactuar con nada, por lo que es una de las cosas más peligrosas.
Cabe señalar que este tipo de dispositivos se ha popularizado fuera de los entornos profesionales para los que fueron creados, y eso los convierte en una amenaza real para cualquiera que encuentre un USB tirado en un lugar o lo reciba como un supuesto regalo de personas extrañas.
Su funcionamiento es muy simple, ya que acumula energía del propio puerto USB y la devuelve en forma de descargas de alto voltaje capaces de freír componentes esenciales de cualquier equipo.
La advertencia no es exagerada. Una USBKill puede dejar inutilizado un ordenador entero en milisegundos, sin posibilidad de recuperación y con un coste económico que supera con creces el precio del propio dispositivo. La curiosidad, en este caso, sale muy cara.
Qué es USBKill y por qué puede destruir un ordenador en segundos
USBKill nació como una herramienta de prueba para fabricantes y expertos en ciberseguridad. Su propósito original era comprobar si un PC podía resistir descargas eléctricas inesperadas, simulando fallos de alimentación o ataques físicos.
Sin embargo, su diseño —idéntico al de un pendrive convencional— ha facilitado que circule fuera de ese entorno controlado, sobre todo porque en su interior no hay memoria ni almacenamiento.
Lo que contiene es un circuito capaz de absorber energía del puerto USB, multiplicarla y devolverla en forma de pulsos eléctricos negativos. Cada pulso puede alcanzar varios cientos de voltios y un proceso que se repite varias veces por segundo, lo que multiplica el daño.
Cabe señalar que el ataque es silencioso debido a que no aparece ninguna ventana, no se ejecuta ningún archivo y no hay señales visibles hasta que el ordenador empieza a fallar.
Los primeros en caer suelen ser los puertos USB, seguidos de los controladores internos. En muchos casos, la placa base queda completamente inutilizada y, si el equipo no tiene copia de seguridad, la pérdida de datos es total.
Lo más preocupante es que el usuario no tiene forma de anticiparlo, y es que una USBKill no necesita permisos, no requiere conexión a internet y no depende de vulnerabilidades del sistema operativo. Su ataque es puramente eléctrico, y eso lo hace difícil de prevenir una vez conectado.
¿Por qué estos dispositivos siguen siendo un arma tan efectiva?
La eficacia de USBKill no se basa solo en su capacidad destructiva, sino en el comportamiento humano. La mayoría de los usuarios sigue confiando en los dispositivos físicos.
Un pendrive encontrado en una oficina, en un parking o en un evento parece inofensivo y la tentación de ver qué contiene sigue siendo una de las debilidades más explotadas en ciberseguridad.
Los atacantes lo saben, por ello dejar uno de estos gadgets en un lugar estratégico es barato, discreto y muy efectivo. Además de que no requiere conocimientos avanzados ni acceso previo al equipo. Solo necesita que alguien lo conecte.
Y, a diferencia de un malware, no deja rastro digital, por lo que no hay archivos sospechosos, no hay conexiones externas, no hay logs que analizar. Solo un ordenador que deja de funcionar de forma repentina.
Este tipo de ataques demuestra que la seguridad no depende únicamente de antivirus o contraseñas. También depende de decisiones cotidianas, aparentemente inocentes, que pueden desencadenar daños irreparables.
Un gesto tan simple como conectar un pendrive desconocido puede convertirse en el punto de partida de una pérdida económica, profesional o personal difícil de asumir.

