El Museo del Louvre usaba la contraseña “LOUVRE” y Windows 2000 para proteger joyas de 100 millones de euros

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Museo del Louvre ciberseguridadGenerada con IA

El robo de joyas en el Museo del Louvre revela fallos de seguridad alarmantes: contraseñas débiles, sistemas anticuados con Windows 2000 y una gestión que priorizó la imagen sobre la protección del patrimonio.

El célebre Museo del Louvre de París, que alberga algunas de las obras más icónicas de la historia de la humanidad, atraviesa una grave crisis de imagen tras el robo de las joyas de la Corona Francesa, valoradas en unos 90 millones de euros, ocurrido hace apenas unas semanas.

Además del golpe criminal, ha salido a la luz que el Louvre contaba, al menos hasta hace unos años, con un sistema de seguridad obsoleto e incluso negligente.

Según el diario Libération, la Agencia Nacional de Seguridad de los Sistemas de Información detectó en 2014 que el sistema de videovigilancia del museo utilizaba la contraseña “Louvre”, mientras que otro sistema desarrollado por la compañía de defensa Thales, empleaba “THALES” como clave de acceso.

A ello se suma que parte de la red de automatización del museo seguía operando con Windows 2000, un sistema que Microsoft dejó de actualizar hace más de 15 años.

Las informaciones apuntan a un abandono tecnológico y a una negligencia preocupante en la protección de las obras que custodia el museo.

El Tribunal de Cuentas francés ya había advertido en un informe anterior que las inversiones en mantenimiento y seguridad eran “indispensables para el funcionamiento a largo plazo” del Louvre, pero que la dirección había priorizado proyectos más visibles y atractivos por encima de las mejoras estructurales.

El documento también señala que la falta de vigilancia era evidente, ya que solo el 39 % de las salas contaba con cámaras de seguridad, y el plan de renovación no estaría completado hasta 2032.

El robo, perpetrado el 19 de octubre, fue ejecutado en apenas ocho minutos, durante los cuales los ladrones lograron sustraer varias joyas antes de que llegara la policía.

El escándalo ha generado una ola de indignación pública tanto en Francia como en el resto del mundo, dejando claro que no se puede escatimar en inversión tecnológica cuando está en juego la seguridad del patrimonio cultural.

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