Científicos descubren una estrategia para bajar de peso cinco veces más efectiva que el Ozempic

Aunque medicamentos como Ozempic han revolucionado la lucha contra la obesidad, este método sigue siendo la opción más eficaz para perder peso y controlar la diabetes.
Bajar de peso sigue siendo uno de los grandes retos de salud del siglo XXI, donde millones de personas recurren a dietas milagro, suplementos, ayunos extremos o fármacos que se presentan como soluciones rápidas, entre ellos, Ozempic,
Se trata de un medicamento de moda que ha ganado popularidad en todo el mundo gracias a su capacidad para reducir el apetito y favorecer la pérdida de kilos. Sin embargo, los resultados reales no siempre cumplen las expectativas.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, acaba de demostrarlo con cifras, puesto que existe un método que supera con creces la eficacia de estos fármacos. Es la cirugía bariátrica, una intervención que, según los datos recopilados, permite perder hasta cinco veces más peso que las terapias farmacológicas más avanzadas.
El equipo comparó a pacientes tratados con semaglutida o tirzepatida, los conocidos medicamentos GLP-1, frente a quienes se sometieron a procedimientos quirúrgicos como la gastrectomía en manga o el bypass gástrico.
Cabe señalar que el contraste fue contundente, porque quienes optaron por cirugía lograron reducir de media un 25,7 % de su peso corporal en dos años, mientras que el grupo de fármacos apenas alcanzó un 5,3 %. Incluso en plazos más cortos, la cirugía se mostró más efectiva.
El doctor Avery Brown, residente quirúrgico de NYU y uno de los responsables del estudio, subrayó otro problema: muchos pacientes abandonan el tratamiento farmacológico antes de completar un año, lo que reduce aún más sus resultados.
Ozempic: beneficios reales, pero insuficientes
Los medicamentos como Ozempic funcionan imitando la hormona GLP-1, que regula el apetito y contribuye a controlar la glucosa. Sus ventajas ayudan a reducir los niveles de azúcar en sangre, disminuyen el riesgo de enfermedades cardiovasculares y, en algunos estudios, incluso se asocian con una menor incidencia de ciertos tipos de cáncer.
El problema es que, en la práctica, su eficacia en la pérdida de peso queda lejos de lo prometido en los ensayos clínicos. Mientras que en laboratorio se hablaba de reducciones de entre el 15 % y el 21 %, en la vida real la cifra se reduce notablemente. Además, según los investigadores, hasta un 70 % de los pacientes interrumpe el tratamiento en menos de un año.
Pese a estas limitaciones, las recetas de GLP-1 se han disparado, y es que entre 2022 y 2023 prácticamente se duplicaron en países como Estados Unidos, lo que refleja la enorme demanda de este tipo de terapias. Sin embargo, la cirugía bariátrica sigue siendo una opción minoritaria, a pesar de sus resultados más sólidos.
El reto del sobrepeso y la obesidad
Perder peso no es un asunto de estética, sino una cuestión de salud pública. La obesidad multiplica el riesgo de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y distintos tipos de cáncer. Frente a este panorama, la búsqueda de soluciones ha sido constante; sin embargo, pocas han ofrecido resultados sostenidos en el tiempo.
La cirugía bariátrica, aunque invasiva y permanente, ha demostrado un impacto duradero tanto en la reducción del peso como en el control de la diabetes tipo 2. Los pacientes que se someten a estos procedimientos no solo pierden kilos, también logran mejoras en parámetros metabólicos clave.
El estudio de la Universidad de Nueva York refuerza esa idea, los datos muestran que la cirugía no solo es más eficaz en términos de pérdida de peso, sino que también ofrece un mejor control de la glucosa en comparación con los fármacos.
No obstante, los investigadores recuerdan que el estudio fue financiado por la Sociedad Americana de Cirugía Metabólica y Bariátrica, lo que obliga a leer los resultados con cautela. Aun así, las cifras coinciden con lo que ya habían apuntado investigaciones anteriores en distintos países.
El futuro del tratamiento de la obesidad
Ni la cirugía ni los medicamentos son soluciones mágicas, ambas opciones requieren compromiso del paciente y un cambio profundo de hábitos. La cirugía bariátrica, por ejemplo, implica seguir una dieta estricta, mantener una rutina de ejercicio regular y acudir a revisiones médicas continuas. Sin ese esfuerzo, los resultados pueden perderse con el tiempo.
Por su parte, los medicamentos GLP-1, aunque menos invasivos, exigen constancia y adherencia. De nada sirve empezar un tratamiento si se abandona a los pocos meses, por lo que el verdadero desafío está en la disciplina del paciente y en el acompañamiento médico que reciba.
De cara al futuro, los investigadores plantean que los próximos estudios deberán identificar qué perfiles de pacientes responden mejor a la cirugía y cuáles pueden beneficiarse más de los fármacos. La clave puede estar en una estrategia combinada, de usar los medicamentos como apoyo antes o después de la cirugía, o como alternativa para quienes no puedan someterse a una intervención.
También entra en juego el coste. Mientras que una cirugía implica un gasto inicial elevado y una infraestructura hospitalaria compleja, los fármacos suponen un desembolso continuado que, a largo plazo, también es considerable. Este factor económico será determinante para que los sistemas sanitarios decidan qué opciones priorizar.
La cirugía bariátrica sigue siendo, hoy por hoy, la estrategia más efectiva para perder peso y controlar la diabetes, muy por encima de Ozempic y otros medicamentos similares, pero ninguna opción funciona sin compromiso personal.
El debate ya no se centra en qué tratamiento es mejor de forma absoluta, sino en cómo adaptar la estrategia a cada paciente. Para algunos, un fármaco será suficiente; para otros, la cirugía será la única vía para recuperar la salud.

