Descubren GJ 251c, una supertierra muy cercana que cumple con todas las condiciones para la vida

Planeta GJ 251c
Planeta GJ 251cImagen generada con IA

Es una enana roja situada en la constelación del Can Menor, a 18 años luz. Es cuatro veces mas masivo que la Tierra y se encuentra en la zona habitable de una estrella cercana.

Un equipo internacional en colaboración con la Universidad Estatal de Pensilvania ha confirmado la existencia de GJ 251c, una supertierra rocosa situada a 18 años luz de la Tierra, dentro de la zona habitable de su estrella.  

Con una masa casi cuatro veces superior a la de nuestro planeta y el período orbital de 53 días, se ha convertido en el candidato más sólido para obtener una imagen directa de un planeta rocoso potencialmente habitable con los telescopios de nueva generación.

Durante décadas, la astronomía ha acumulado miles de exoplanetas en sus catálogos. La mayoría son mundos gaseosos, abrasadores o congelados situados a cientos o miles de años luz, tan remotos que su interés es más estadístico que concreto. 

Pero GJ 251c rompe esa dinámica, y no porque sea el único planeta en zona habitable que se ha descubierto, sino porque reúne en un mismo objeto tres condiciones que raramente coinciden.

Es rocoso, está en la distancia adecuada de su estrella para permitir agua líquida y, sobre todo, está tan cerca que los telescopios que entrarán en operación en esta misma década podrán estudiarlo directamente.

El descubrimiento fue publicado en The Astronomical Journal y es el resultado de más de veinte años de observaciones acumuladas. 

Los investigadores combinaron datos procedentes de múltiples instrumentos y observatorios de todo el mundo, entre ellos el espectrómetro Echelle Keck I, el CARMENES del Observatorio de Calar Alto en España y el SPIRou canadiense. 

La zona habitable no es garantía de nada

El concepto de zona habitable describe la franja de distancia a una estrella en la que la temperatura superficial de un planeta podría permitir la existencia de agua en estado líquido. 

GJ 251c orbita dentro de esa franja alrededor de Gliese 251, una enana roja que emite entre el uno y el dos por ciento de la energía de nuestro Sol, pero estar en la zona no significa ser habitable. Esa distinción es fundamental y el propio equipo investigador la subraya con claridad. 

La habitabilidad de un planeta depende de su atmósfera —de su composición, su densidad, su capacidad para retener calor— y de esa atmósfera no se sabe aún nada en el caso de GJ 251c.

Para acotar el rango de escenarios posibles, los investigadores aplicaron modelos climáticos 3D similares a los que se utilizan para estudiar el cambio climático en la Tierra, probando distintas composiciones atmosféricas y calculando sus consecuencias sobre la temperatura superficial del planeta.

Podría ser un planeta repleto de hielo

El primer escenario, con una atmósfera parecida a la terrestre, arroja un resultado frío y desolador: temperaturas medias por debajo de los –100 grados y un planeta envuelto en hielo total.

Por otro lado, el segundo escenario, con una concentración de dióxido de carbono diez veces superior a la de nuestra atmósfera, cambia el panorama por completo.

Las temperaturas escalan hasta valores próximos a los 47 grados y los modelos proyectan la posibilidad de océanos de agua líquida en superficie. 

El tercer escenario, con una atmósfera rica en hidrógeno como corresponde a un mundo de tipo mini-Neptuno, resulta inhabitable: las temperaturas superan los 200 grados y la presión sería aplastante.

Hay una ironía que los propios investigadores no han pasado por alto. El mismo gas que protagoniza la crisis climática terrestre —el CO— es precisamente el que en concentraciones elevadas podría hacer de GJ 251c un mundo templado y con agua. 

Significa que la atmósfera que en la Tierra representa una amenaza; en otro planeta puede ser la condición que haga posible la vida. El estudio confirma la existencia del planeta, establece sus parámetros orbitales y de masa, y modela escenarios posibles, pero no va más allá. 

Lo que sí ha cambiado con este descubrimiento es algo más concreto y más valioso: la pregunta sobre si existe vida más allá de la Tierra tiene ahora un lugar específico donde buscar.

Durante décadas, esa pregunta señalaba hacia el vacío en todas direcciones. Pero, por primera vez en mucho tiempo, señala hacia un punto concreto del cielo, a 18 años luz de aquí, en la constelación de Géminis.

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