Nueva York decidió tirar al océano sus viejos vagones de Metro: 25 años después ya se empiezan a ver las consecuencias

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La MTA vertió más de 2.000 vagones de metro desmantelados en la costa este de Estados Unidos para crear arrecifes artificiales con el fin de "proteger las especies".
Uno de los métodos de transporte más usados en Madrid es el Metro, pero imagina que esos vagones en los que día tras día te mueves por España son lanzados a propósito al mar para una estrategia de recuperación de ecosistema.
Suena a locura, pero tiene mucho sentido cuando conoces la historia de los metros de Nueva York, Estados Unidos. A comienzos de los años 2000, la ciudad tuvo que resolver un problema que parecía puramente logístico: ¿qué hacer con miles de vagones de metro retirados tras décadas de servicio?
Lo que pocos pensaban era que aquella decisión acabaría convirtiéndose en uno de los proyectos de reciclaje más llamativos de la historia del transporte público porque sirvieron para la conservación marina y ahora vuelve a dar de qué hablar debido a la necesidad de crear arrecifes artificiales.
De vagones abandonados a refugios para la vida marina

Aunque parece que esto podría ser contaminación, la iniciativa ha sido impulsada por la Autoridad de Transporte Metropolitano de Nueva York (MTA).
El objetivo principal es que los trenes funcionen como estructuras submarinas para atraer vida marina. Con el tiempo, en un lapso de dos décadas desde que empezó el programa, los resultados han sido más que impresionantes porque influye en ecosistemas enteros del Atlántico.
La MTA empezó a retirar cientos de vagones fuera de servicio a partir de 2001, principalmente unidades Redbird, que habían circulado por la red neoyorquina desde la década de 1960.
Con esto, se evitó que fueran enviados al vertedero para que se utilizaran en áreas seleccionadas estratégicamente para crear arrecifes artificiales.
Poco a poco se fueron formando más de 2.500 vagones en aguas frente a las costas de Nueva Jersey, Delaware, Virginia, Carolina del Sur y Georgia. Por supuesto, previamente limpiados, analizados y procesados para no causar problemas ambientales.
Diversos análisis señalan que el programa permitió ahorrar decenas de millones de euros en costes de eliminación y procesamiento de material ferroviario.
Al mismo tiempo, generó nuevas estructuras submarinas en zonas donde predominaban fondos arenosos con poca complejidad biológica.
Hoy en día, ya se puede apreciar que se utilizan como superficies de colonización para algas, esponjas, mejillones, ostras y otros organismos marinos.
En sí, se transformaron en refugio para especies como la platija, la lubina negra y otros de interés comercial y ecológico, por lo que es una táctica de reciclaje factible.
Lo que inicialmente parecía una solución de reciclaje terminó convirtiéndose en un experimento ambiental a gran escala cuyos efectos siguen siendo visibles varios años después.
El efecto arrecife y las consecuencias observadas 25 años después
¿Por qué ha sido todo un éxito? Pues los vagones sumergidos han servido de mucho para crear esa estructura artificial que tanto se necesitaba en el mar cercano.
En la naturaleza, los arrecifes suelen comenzar con una formación rocosa o una superficie dura donde se adhieren pequeños organismos.
Posteriormente llegan invertebrados, moluscos y peces, creando una cadena ecológica cada vez más compleja. Los vagones del metro reprodujeron ese mismo proceso al ofrecer un punto de partida en áreas que carecían de estructuras similares.
El caso más conocido es el de Redbird Reef, frente a Delaware, donde estudios y reportes oficiales señalaron incrementos significativos en la cantidad de seres vivos presentes.
Incluso se documentó que la disponibilidad de alimento para peces en determinadas zonas llegó a multiplicarse de forma extraordinaria respecto a los fondos arenosos originales.
Eso sí, hay que considerar que, mientras muchos vagones Redbird fabricados con acero al carbono resistieron relativamente bien el paso de los años, algunos Brightliner construidos en acero inoxidable comenzaron a deteriorarse mucho antes de lo previsto.
Aun así, el experimento ha servido para analizar y prepararse para próximas incorporaciones en el futuro con el fin de aumentar la capacidad de reciclaje.
