¿Por qué recuerdas unas cosas sí y otras no? Así lo explica un nuevo estudio

El funcionamiento del cerebro sigue siendo, en muchos sentidos, un interrogante, y más aún el de la memoria. Un estudio intenta revelar por qué algunas cosas se te quedan grabadas a fuego y otras, simplemente, se esfuman.
Ya seas más o menos activo, lo cierto es que todo el mundo hace un montón de cosas a lo largo del día, desde que se levanta hasta que se acuesta. Da igual en qué emplees tu tiempo, ya sea trabajando y echando horas en la oficina, viendo la televisión o discutiendo sobre fútbol con tus amigos en el bar. La realidad es que todo eso le llega a tu cerebro.
Entonces, ¿por qué algunas cosas se recuerdan y otras no? En ocasiones, un comentario sin demasiado peso realizado por alguien se te queda registrado como si se tratara de una revelación religiosa; y otras veces eres incapaz de recordar el nombre del vecino, aunque te lo encuentres todos los días en la escalera. Un nuevo estudio cree saber por qué sucede esto y poder explicarlo.
El sueño, la clave de todo lo que recuerdas

La Escuela de Medicina Grossman de la NYU ha llevado a cabo un reciente estudio en el que se ha propuesta descubrir por qué algunos recuerdos se quedan grabados a fuego en la memoria de la gente, y por qué otros pasan de puntillas y desaparecen rápido. ¿Qué es lo que hace que la mente se quede con una información y decida desechar toda la demás?
Para entender su funcionamiento, es necesario empezar por algo básico: la memoria debe considerarse algo abstracto. Al menos así lo defiende la doctora Wannan Yang: “un fenómeno emergente, surgido de dispositivos biológicos como moléculas y neuronas”, asegura la investigadora. “Algo que da lugar a un concepto sumamente abstracto de la memoria”.
Aun así, el interrogante que los autores del estudio se hacen está claro: “La pregunta que estamos tratando de responder —puesto que no recordamos todo lo que experimentamos durante el día— es: ¿cómo el cerebro consolida selectivamente ciertas cosas mientras olvida otras?”, ha explicado la propia doctora Yang al medio Washington Square News.
Según su estudio, durante las pausas naturales en la actividad cerebral, grandes grupos de neuronas en el hipocampo generan actividad neuronal —conocida como “ondas agudas-ráfagas”— y se encargan de codificar los recuerdos. Cuando las experiencias diurnas son seguidas por cinco a veinte de estas ondas, es más probable que luego se reproduzcan durante el sueño.
Igual que una cámara de fotos
Para buscar una analogía que no suene demasiado científica y todo el mundo pueda conocer, el máximo responsable del estudio, el profesor de Grossnan György Buzsáki ha puesto como ejemplo las cámaras de fotos Polaroid. “Coges una cámara, haces una foto y no aparece nada, pero cuando pasa un tiempo, se muestra realmente aquello que fotografiaste”.
Pues para Buzsáki, la memoria actuaría de una manera más o menos similar. Gracias a su investigación, además, estos doctores pretenden poder ayudar de alguna manera no ya a seleccionar qué recuerdos son más convenientes recordar y cuáles no, sino, sobre todo, que la gente puede deshacerse de lo que acostumbran a considerarse experiencias traumáticas.
Porque sí, está claro que hay fotografías de las que es mejor deshacerse, a pesar de todo.