Javier Sánchez Pérez, director de Política Audiovisual de RTVE, sobre el poder del mando a distancia: "Los fabricantes de televisores obtienen más ingresos controlando el acceso a los contenidos que con su venta"

Javier Sánchez Pérez
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Netflix, Disney+ y otras plataformas pagan por ganar visibilidad en el mando a distancia y la pantalla del salón, una batalla que puede dejar la televisión lineal relegada a un segundo plano.

Si miras el mando a distancia de tu televisor, es muy probable que encuentres botones dedicados a Netflix, Prime Video o Disney+. Parecen simples atajos para ahorrar unos segundos, pero ocupan un espacio con valor comercial.  

Y es que estar ahí significa aparecer delante del usuario cada vez que utiliza el televisor y quedarse a una sola pulsación de distancia, algo que ya se ha convertido en un negocio alrededor de los mandos de las Smart TV.

Para las plataformas, esa posición reduce pasos y mantiene la marca permanentemente visible. Para quien controla el dispositivo abre una vía de ingresos que continúa después de vender el televisor. 

Roku, por ejemplo, reconoce ante la SEC que comercializa botones de aplicaciones de marca y que normalmente cobra una tarifa fija por botón y por cada unidad vendida durante el periodo acordado.

Cabe señalar que este cambio es precisamente lo que preocupa a Javier Sánchez Pérez, director de Política Audiovisual y Servicio Público de RTVE e ingeniero de Telecomunicación. 

Durante la Cumbre de Tecnología e Innovación de la UER celebrada en Barcelona, declaró que los fabricantes están ganando peso como intermediarios y que el problema ya no termina en el mando: también afecta a la pantalla de inicio, las recomendaciones, los buscadores, las apps preinstaladas y las listas de canales.

Garantizar que las principales plataformas en abierto sean fáciles de encontrar en los televisores conectados, con normas de prominencia que sean realmente efectivas y exigibles.

El negocio está en decidir qué ves primero

Freepik/Montaje

Durante décadas, la televisión lineal tuvo una ventaja enorme: encender, pulsar un número y entrar directamente en un canal. En una Smart TV actual, el recorrido puede empezar en una página de inicio controlada por webOS, Tizen, Google TV, Fire TV o Roku OS. Algunos modelos incluso reservan buena parte del mando a accesos directos de plataformas.

Aquí aparece la prominencia, es decir, qué servicios aparecen primero y cuáles requieren más pasos para encontrarlos. Sánchez Pérez utiliza el concepto de gatekeeper para describir a quienes controlan esa puerta de entrada y pueden condicionar qué apps tienen mayor visibilidad.

Roku demuestra hasta qué punto puede crecer ese modelo. En 2025 obtuvo 4.145 millones de dólares de su negocio de plataforma frente a 592 millones procedentes de dispositivos. 

Esa categoría incluye publicidad, suscripciones, reparto de ingresos y otros servicios, por lo que no puede atribuirse todo a los botones ni trasladarse automáticamente a Samsung, LG o Sony.

LG también está avanzando en esa dirección, ya que la compañía aseguró que su negocio de publicidad y contenidos basado en webOS superó en 2024 el billón de wones coreanos y que en 2025 funcionaba sobre unos 260 millones de dispositivos. La idea es clara: vender el televisor ya no tiene por qué cerrar la relación económica con el usuario.

La televisión tradicional ha perdido parte de su ventaja

La investigación de RMIT sobre mandos de Samsung, LG, Sony, Hisense y TCL detectó una presencia mucho mayor de grandes plataformas internacionales que de servicios locales. 

Esa prioridad también puede verse en modelos donde servicios de streaming como Netflix, Prime Video, Disney+ o YouTube cuentan con botones físicos propios junto a los controles tradicionales.

El Parlamento Europeo ha advertido además de que algunos fabricantes han reducido o eliminado los botones numéricos, lo que puede dificultar el acceso tradicional a servicios audiovisuales de interés general.

La preocupación de RTVE va precisamente por ahí. No significa que la TDT esté bloqueada, sino que ahora compite dentro de una interfaz donde cada fila, recomendación, búsqueda o acceso destacado puede tener valor comercial.

Europa ya ha empezado a reaccionar. La European Media Freedom Act reconoce el derecho de los usuarios a modificar fácilmente determinadas configuraciones y valores predeterminados. 

En España, el Real Decreto 250/2025 exige acceso sencillo y directo a servicios audiovisuales ofrecidos mediante distintas tecnologías y facilita cambiar esos ajustes, aunque no obliga a colocar un botón físico específico para la TDT.

La advertencia de Sánchez Pérez publicada en FENITEL apunta a un cambio de fondo: comprar una Smart TV ya no significa adquirir solo una pantalla, sino entrar en una interfaz donde la visibilidad y el camino hasta cada contenido también forman parte del negocio.

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