Estos botones del mando a distancia de tu Smart TV valen una millonada y seguramente no lo sabías

Freepik/Montaje

Los botones de acceso directo a servicios como Netflix, Disney+, Prime Video o YouTube no están ahí por comodidad, las empresas pagan contratos millonarios a los fabricantes de televisores.

Los botones de colores que ves en tu mando a distancia no son simples accesos directos para darte más comodidad, sino que son el resultado de acuerdos millonarios entre fabricantes de televisores y plataformas de streaming como Netflix, Disney+ o Prime Video

Y es que cada vez que pulsas uno de estos botones estás siendo parte de una enorme estrategia comercial cuidadosamente diseñada para dirigir tu atención y, de paso, condicionar tu consumo de entretenimiento.

Cómo un simple botón se convirtió en negocio millonario

Cuando los primeros mandos a distancia aparecieron en los años cincuenta, su única función era evitar levantarse del sofá para cambiar de canal. Con el tiempo, pasaron de ser un lujo a convertirse en un símbolo de poder de quien tenía el mando decidía qué se veía. 

Hoy este objeto se ha transformado en un escaparate privilegiado dentro de la guerra digital por captar usuarios. Los accesos directos a plataformas de streaming no son un gesto de amabilidad hacia el espectador, sino un espacio comprado a precio de oro. 

Por ejemplo, Roku, uno de los mayores fabricantes de dispositivos de streaming, llegó a cobrar un dólar por botón en cada mando vendido. Puede parecer poco, pero si lo multiplicas por decenas de millones de dispositivos, el negocio asciende a cientos de millones de dólares anuales

En la práctica, cada botón es un anuncio fijo, incrustado en un aparato que usas todos los días en tu salón. El impacto en tus hábitos es claro, si tienes delante un acceso directo a Netflix, es más probable que lo pulses en lugar de abrir otra aplicación menos visible. 

Cabe señalar que esto no es casualidad, es psicología aplicada al consumo, donde las plataformas que pagan por estar ahí saben que ese gesto repetido una y otra vez se traduce en más horas de visionado, más fidelidad y, por supuesto, más ingresos.

Este modelo de negocio, sin embargo, no es neutro, porque los grandes servicios de streaming tienen recursos para asegurarse un espacio privilegiado en el mando, mientras que las plataformas locales, los servicios más pequeños o incluso las alternativas gratuitas quedan en un segundo plano. 

Investigaciones realizadas ya alertaron de que esta práctica favorece a las grandes tecnológicas, generando un escenario de competencia desigual. En Europa, la Comisión Europea y el Reino Unido han abierto la puerta a estudiar si estas tácticas vulneran las normas de competencia justa.

El mando como nueva fuente de ingresos

Los fabricantes de televisores no solo ganan vendiendo hardware, ahora han descubierto que el mando a distancia puede convertirse en un activo comercial tan valioso como la propia pantalla. Al alquilar o vender espacio en forma de botones, obtienen ingresos recurrentes que complementan sus márgenes cada vez más ajustados en el mercado de televisores.

Este tipo de estrategia no es única, lo vemos en otros ámbitos tecnológicos, como los móviles que integran apps preinstaladas de fábrica fruto de acuerdos comerciales, los navegadores que establecen por defecto un motor de búsqueda a cambio de grandes sumas de dinero, o los coches conectados que integran servicios de música o mapas seleccionados mediante contratos. 

En todos los casos, el objetivo es el mismo, que es garantizar visibilidad y consumo recurrente. El mando a distancia es quizá el ejemplo más visible porque forma parte de la rutina diaria, ya que al estar en tu mano, se convierte en un recordatorio constante de qué servicios debes usar. 

El debate va más allá de un par de accesos directos, la cuestión es si estas prácticas limitan la pluralidad de opciones a las que accedes como usuario. Si el mando privilegia siempre a las mismas plataformas globales, los servicios locales o independientes tienen más difícil llegar hasta ti. 

De ahí que algunos ven la necesidad de obligar a incluir también accesos a contenidos gratuitos o públicos, para equilibrar la oferta y evitar un monopolio. El problema es que la comodidad juega a favor de las grandes tecnológicas.

Para muchos, resulta útil tener Netflix o Prime Video al alcance de un clic, por lo que esta normalización es precisamente lo que convierte al mando en un terreno tan valioso, donde la publicidad deja de percibirse como tal y se confunde con una función básica.

Otros artículos interesantes:

Más información sobre: