Studio Ghibli: 5 obras maestras que no dirigió Miyazaki, pero tienes que ver

La trayectoria del mítico estudio no empieza ni termina en Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro, y así lo demuestran algunos trabajos claramente infravalorados. 

Asociar el Studio Ghibli al gran maestro Hayao Miyazaki parece casi inevitable. Al fin y al cabo, ha sido él quien habitualmente ha estado detrás de la gran mayoría de sus éxitos comerciales, como Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro. Sin embargo, no ha sido el único director que ha trabajado dentro del estudio y, aunque menos mediáticas, otras películas han estado a su nivel. 

Aquí te dejamos 5 películas del Studio Ghibli que quizá no gocen de la misma fama, pero que te harán pasar un rato estupendo y también lograron convencer a la crítica internacional. 

La tumba de las luciérnagas (1988)

Una de las mejores películas del Studio Ghibli, y también una de las más duras. Para muchos, la gran obra maestra del estudio, por encima de cualquier trabajo que haya podido crear Miyazaki. Su director fue Isao Takahata, cofundador de la compañía y responsable de series como Marco o Heidi

La historia sigue a dos hermanos, Seita y Setsuko, intentando sobrevivir en el Japón de la Segunda Guerra Mundial tras perder a su madre en un bombardeo. Dramática e imprescindible a partes iguales. 

Puedo escuchar el mar (1993)

El hecho de ser una película lanzada directamente para televisión quizá provocó que Puedo escuchar el mar no lograra la popularidad que sin duda merecía. Además, que con ella Miyazaki y compañía dieran el relevo a jóvenes talentos del Studio Ghibli hizo que fuese una propuesta fresca, diferente, intimista y de gran factura técnica.

La historia se sitúa en Kochi y se centra en Taku, un estudiante que recuerda su época de instituto marcada por su amistad con Rikako, una compañera recién llegada de Tokio. Debido a su estilo nostálgico y emotivo, es una de las joyas menos conocidas pero más recomendables de la compañía. 

Susurros del corazón (1995)

Dirigida en este caso por el japonés Yoshifumi Kondô (fallecido precozmente en 1998), es una de esas películas que claramente podría estar firmada por el propio Hayao Miyazaki. Reúne muchas de sus características típicas: una niña protagonista, mezcla fantasía y realidad y tiene un tono muy emotivo. 

En realidad, y si se presta atención a los créditos, el film está escrito por el propio Miyazaki, quien finalmente decidió dejar la dirección en manos de Kondô. Es imposible saber dónde hubiese podido llegar este cineasta de no haber tenido un destino tan trágico, porque su talento resultaba indudable. 

Cuentos de Terramar (2006)

Goro Miyazaki tomó el relevo de su padre con esta notable película que, eso sí, se sale bastante de las temáticas habituales del Studio Ghibli para ofrecer una historia más épica de dragones y magia. Quizá por ese motivo la gente la infravaloró bastante en el momento de su estreno. 

Lo cierto es que aunque Cuentos de Terramar no alcancé el nivel de las mejores obras del estudio, es un film de animación muy recomendable, sobre todo si se ve sin prejuicios. 

El cuento de la princesa Kaguya (2013)

El mítico Isao Takahata, probablemente el único miembro del Studio Ghibli con un currículum igual o superior al del propio Miyazaki, firmó su obra definitiva con esta atípica película, basada en una historia popular de Japón.

Aunque visualmente es muy distinta a lo que el estudio suele hacer habitualmente, es de una belleza deslumbrante, e incluso estuvo nominada a un Oscar. Otra demostración de que no siempre lo más conocido es lo mejor. 

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