Cómo se convirtió Elon Musk en ciudadano canadiense y por qué todo Canadá le odia

Aunque el CEO de Tesla y dueño de SpaceX cuenta con ciudadanía canadiense, no nació en dicho país, lo que ha generado muchas dudas sobre cómo la obtuvo.
Puede que Elon Musk sea uno de los nombres más conocidos en la actualidad, pero en Canadá es hoy una figura ampliamente rechazada. Lo que en su momento fue una conexión con el país norteamericano, hoy se ha convertido en motivo de muchas tensiones políticas y personales.
Bajo este contexto, miles de ciudadanos piden que se le retire la ciudadanía, no por cómo la obtuvo, sino por lo que representa. El rechazo hacia él no deja de crecer, alimentado por su ideología, sus declaraciones y su personalidad, que muchos consideran incompatible con los valores del país.
Musk nació en Pretoria, Sudáfrica, en 1971. Su madre, Maye Musk, es canadiense, nacida en la ciudad de Regina. Bajo la ley canadiense, los hijos nacidos en el extranjero pueden heredar la ciudadanía si al menos uno de sus progenitores es canadiense en el momento del nacimiento.
Es lo que se conoce como ciudadanía por ascendencia. En el caso del magnate, no hizo falta ni naturalización, ni solicitud, ni entrevistas: fue canadiense desde el primer momento, aunque nunca haya vivido de forma prolongada en el país ni haya tenido una vinculación cultural sólida con él.
De visionario a villano
Durante años, Elon Musk fue el paradigma del empresario visionario. Fundador de Tesla, SpaceX y un sinfín de iniciativas tecnológicas, su imagen pública estuvo ligada a la innovación y a la transformación digital. Pero en los últimos años, esa percepción ha cambiado por completo.
La compra de Twitter, su relación directa con figuras ultraconservadoras de Estados Unidos —como Donald Trump— y su tono provocador en redes sociales han erosionado su popularidad. En Canadá, muchos interpretaron como una burla directa su declaración de que "Canadá no es un país real", publicada en X.
Ese mensaje, unido a su participación en discursos políticos que atentan contra valores democráticos, ha provocado una ruptura profunda con la opinión pública canadiense, que ve en Musk a un símbolo de arrogancia y desdén hacia la soberanía de la nación.
La reacción social no se ha hecho esperar y es por ello que más de 300.000 personas han firmado una petición parlamentaria para que se le retire la ciudadanía canadiense. Entre los firmantes figuran autores, académicos, figuras públicas y representantes políticos.
Cabe señalar que la petición denuncia que el CEO de Tesla ha utilizado su influencia para intervenir en procesos electorales y apoyar políticas que socavan la independencia de Canadá. Sin embargo, el sistema legal es claro: la ciudadanía solo puede ser revocada si se demuestra que fue adquirida mediante engaño o fraude, algo que no se da en este caso.
Expertos en derecho migratorio coinciden en que la petición tiene valor simbólico y político, pero escaso recorrido jurídico. Musk sigue siendo ciudadano canadiense por derecho, aunque muchos en Canadá no lo consideren uno de los suyos.

Es importante mencionar que el desencanto con el millonario no es solo político, sino también es comercial. Cada vez más canadienses declaran que evitarán comprar productos asociados a su figura, especialmente coches eléctricos de Tesla. Varios concesionarios han sufrido actos vandálicos, y el rechazo se palpa en redes sociales y encuestas.
Musk ha dejado de ser el genio con visión para convertirse en un personaje incómodo, al que se acusa de injerencia, cinismo y una actitud constante de confrontación. Su forma de comunicar, directa y sin filtros, ha roto el vínculo emocional con muchos de los que antes admiraban su trayectoria. Hoy se le percibe como una persona arrogante, sin límites e insensibilidad pública.
El caso de Elon pone sobre la mesa una pregunta: ¿puede un ciudadano legalmente reconocido dejar de ser aceptado por la sociedad que le otorgó ese estatus? Musk es canadiense por derecho, pero eso no significa que represente a Canadá ni que el país lo reconozca como uno de los suyos.
Su personalidad, sus vínculos políticos y su actitud provocadora han hecho que para muchos ciudadanos represente exactamente lo contrario a los valores canadienses. No es solo una cuestión de papeles, sino de identidad, pertenencia y percepción.
Y en este momento, Musk encarna, para buena parte del país norteamericano, el tipo de figura pública de la que preferirían tomar distancia. Si alguna vez fue visto como una persona innovadora e inteligente, hoy es más bien un reflejo de todo aquello que el país quiere evitar.

