Cuándo comienza el invierno y lo más importante: ¿el reloj se adelanta o se atrasa una hora?

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La temporada invernal está a punto de llegar a España y a otros países, y con él vienen cambios que influyen directamente en tu vida diaria. Uno de los más destacados es el ajuste del reloj, que marca el paso a la hora de invierno.

El invierno es una época del año cargada de significado para muchos, las festividades, las reuniones familiares, las calles iluminadas… Pero más allá de las tradiciones, también marca un cambio importante.

Las horas de luz disminuyen, el frío nos invita a pasar más tiempo en casa y, en definitiva, nos adaptamos a una nueva rutina.

El comienzo oficial del invierno en España es el 21 de diciembre, coincidiendo con el solsticio. Este día marca el momento en que el hemisferio norte está más inclinado lejos del sol, dando lugar al día más corto y la noche más larga del año

A partir de este punto, los días comienzan a alargarse gradualmente, aunque el frío suele intensificarse en los meses siguientes.

Cabe señalar que este ajuste de hora se realiza para aprovechar mejor la luz natural durante las semanas en que los días son más cortos. En este sentido, quizás te preguntes: ¿el reloj se adelanta o se atrasa una hora?

El ajuste del reloj en invierno: todo lo que necesitas saber

En otoño, concretamente en la madrugada del 27 de octubre, debes atrasar tu reloj una hora. A las tres de la mañana, el reloj vuelve a marcar las dos. Este cambio significa que dispondrás de 60 minutos más de sueño esa noche, pero también que anochecerá más temprano a partir de entonces.

Sin embargo, este cambio puede tener un impacto notable en el organismo, puesto que el reloj biológico, acostumbrado a un determinado ritmo de luz y oscuridad, se ve alterado, lo que puede provocar cansancio, somnolencia, dificultad para concentrarse e incluso cambios de humor.  

Y es precisamente este impacto en el bienestar de muchas personas lo que ha generado un debate sobre la conveniencia de mantener la hora de invierno. Muchos se alzan en contra de esta práctica, argumentando que los beneficios en términos de ahorro energético son mínimos.

Aunque supone ganar una hora extra de sueño, también trae consigo una serie de inconvenientes y cuestionamientos que cada año vuelven a ponerse sobre la mesa. Es un cambio que muchos aceptarían dejar atrás para siempre, y que de momento no se sabe si va a desaparecer.

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