Elon Musk y Jack Dorsey tienen el truco estrella para ganar a Sam Altman en la guerra de la IA: adiós al copyright

Computer Hoy/Montaje

Tanto el CEO de Tesla como el cofundador de Twitter afirman que la inteligencia artificial no debe tener restricciones legales y proponen eliminar la propiedad intelectual. El objetivo es tener vía libre para entrenar los modelos de IA.

El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial generativa ha puesto sobre la mesa un debate que hasta hace poco parecía secundario: ¿deberían los chatbots poder entrenarse con obras protegidas por derechos de autor sin necesidad de licencias? 

Lo que comenzó como una cuestión técnica se ha convertido en una disputa pública que involucra a los pesos pesados del sector tecnológico. En este contexto, algunas figuras han optado por posicionarse de forma tajante, alejándose de los matices para proponer un cambio radical.

En los últimos días, Jack Dorsey, cofundador de Twitter y Block, ha publicado un mensaje en X donde pide abiertamente "borrar toda la ley de propiedad intelectual". Elon Musk, actual propietario de la plataforma, no tardó en responder con un mensaje de apoyo: "Estoy de acuerdo"

Estas declaraciones han bastado para encender las alarmas entre quienes poseen derechos de autor, ya que la situación no solo impactaría a programadores e incluso abogados, sino también a creadores de contenido, empresas y usuarios por igual.

Proponen eliminar las leyes de propiedad intelectual

Tanto Dorsey como el CEO de SpaceX no han presentado una propuesta concreta ni han desarrollado públicamente un plan regulatorio. Lo que han hecho es dejar clara una visión: un entorno digital sin barreras legales que, en su opinión, ralentizan la innovación. 

Es una postura que conecta con una forma de pensar muy extendida en el mundo tecnológico, donde se prioriza el acceso libre a la información como motor de progreso. Sus palabras ha sido inmediatas, en parte por la influencia que ambos ejercen, pero también por el momento en el que se producen. 

A día de hoy, empresas como OpenAI, Google o Meta se enfrentan a crecientes críticas por el uso de obras protegidas para entrenar sus sistemas de inteligencia artificial. El desarrollo de modelos como ChatGPT, Gemini o Sora se ha basado en grandes cantidades de datos disponibles en internet, sin que en muchos casos haya un permiso explícito de los autores.

Sam Altman, creador de ChatGPT, ha evitado tomar una posición directa sobre este asunto, aunque en varias entrevistas ha reconocido la necesidad de encontrar un nuevo modelo que regule el uso de contenidos en el desarrollo de la IA. 

Mientras tanto, compañías como la suya continúan impulsando sistemas que dependen, en gran medida, de material creado por terceros. La disputa, por tanto, no es solo tecnológica, sino también ética, pero sobre todo económica. 

La respuesta de los creadores no se ha hecho esperar

Frente a la idea de eliminar el copyright como fórmula para acelerar el avance de la inteligencia artificial, el mundo de la cultura ha reaccionado con firmeza. Decenas de artistas, escritores y profesionales han denunciado públicamente lo que consideran una amenaza directa a su trabajo. 

Desde Julianne Moore hasta Thom Yorke, pasando por Paul McCartney o Ron Howard, se han unido en cartas abiertas dirigidas a gobiernos e instituciones para exigir protección.

El argumento es sencillo: si las tecnológicas pueden usar libremente obras protegidas para entrenar sus algoritmos, se rompe el equilibrio que garantiza el reconocimiento y la compensación de quienes crean. Más aún, los resultados que generan estas IA pueden competir directamente con las obras originales, sin que los autores reciban nada a cambio. 

Las asociaciones del sector lo han dejado claro, donde afirman que sin reglas claras, lo que está en juego no es solo el sustento de miles de creadores, artistas e incluso hasta empresas, sino también el principio de que el trabajo intelectual tiene un valor que merece ser respetado.

Cabe señalar que buena parte del éxito de los modelos de IA actuales se debe a su capacidad para aprender a partir de millones de textos, imágenes, canciones o vídeos generados por humanos. Limitar ese acceso podría frenar su desarrollo, pero permitirlo sin condiciones abre una brecha difícil de cerrar entre quienes producen contenido y quienes lo utilizan para crear herramientas automatizadas.

Este conflicto no tiene una solución inmediata, porque las leyes actuales fueron diseñadas para otro contexto, y los gobiernos aún no han logrado articular una respuesta equilibrada. Mientras tanto, cada declaración, cada mensaje en redes influye en el curso de este debate. 

Y cuando las voces que hablan son las de Elon Musk o Jack Dorsey, la conversación se amplifica. El desacuerdo no es solo una cuestión legal, sino una diferencia de visión sobre cómo debería construirse el futuro de esta tecnología. ¿Debe priorizarse la libertad de desarrollo de la IA sin restricciones? ¿O debe protegerse a quienes crean las obras que alimentan ese desarrollo?

Otros artículos interesantes: