Me he desconectado de la tecnología a lo bestia: ciclismo pasado por nieve y saunas finlandesas

Computer Hoy

Ciclismo extremo, senderismo y saunas a 80 grados para luego bañarte en el mar. Esa es la experiencia que he podido vivir durante un día y que me ha servido para desconectar de absolutamente todo.

Con motivo de la presentación de la exclusiva y nueva edición Nordic Blue del OnePlus Watch 2 junto con la tablet Pad Go que ha tenido lugar en Helsinki, Filandia, la idea era que los asistentes tuviésemos la oportunidad de probar a fondo su smartwatch y eso es precisamente lo que sucedió.

El segundo día, tras el evento, y vendido como un "retiro de bienestar", la marca tenía preparado un día completo de desconexión tecnológica, disfrutando de los paisajes y cultura de Finlandia: ciclismo por la nieve, senderismo para conocer su flora y, como no podría ser de otra forma, sus míticas saunas.

Sin tener una gran idea de a qué realmente nos estábamos enfrentando, mis compañeros y yo nos lanzamos a la aventura, nunca mejor dicho, y la experiencia no ha podido ser más gratificante. 

Aunque solo fue un día, que en realidad fue una mañana y parte de la tarde, ha sido un soplo de aire fresco —con uno y dos grados— que te permitía disfrutar y despejarte de la locura de la ciudad y las ataduras a una tecnología con la que convivimos diariamente.

Fat Bikes con las que me di cuenta de mi baja forma y con las que temí por mi vida

Aunque fue realmente la última actividad que hicimos, justo después de comer, lo cierto es que fue la guinda del pastel para acabar totalmente destrozada. Con unas ruedas que parecían más de moto que de bicicleta, consideraron que era muy buena idea dar un paseo por los bosques de Helsinki. 

Nieve, hielo y mucho barro, porque justo ese día estaba muy soleado y toda la gran nevada del día anterior se estaba derritiendo, comenzamos nuestra andadura que en un principio parecía bastante cómoda.

El problema vino cuando empezamos a hacer casi deporte extremo, subiendo y bajando, sorteando piedras y ramas y todo sobre capas de hielo resbaladizas y en ocasiones montículos de nieve. Pese a estar acostumbrada a montar en bicicleta, llegó un momento en el que pasé de estar casi la primera de la fila a encontrarme al final charlando con el guía.

Aquí no voy a publicar fotos de cómo acabaron mis zapatillas, pantalones, abrigo e incluso mi mochila, pero ya puedo decir que eso no está pagado y que espero que la lavadora consiga sacar todo el barro.

Eso sí, una aventura con mayúsculas y viendo que mis piernas ya estaban bajo mínimos, una gran conversación con el guía al que casi entrevisté haciéndole todo tipo de preguntas sobre la cultura en Filandia, el tiempo e incluso su estilo de vida. Por ejemplo, ¿sabías que en verano tienen máximas de 28 grados?

Mi parte favorita: sauna y un agua helada que decidí que no era buena idea probar

El día comenzó como realmente debería haber acabado, pero tampoco me quejo. Sin saber muy bien qué íbamos a hacer —aunque conociendo el ritual de las saunas nórdicas te podías hacer una idea— nos llevaron a un lugar de en sueño. Nos pusimos el bañador y listo, para dentro de la sauna.

Tengo que confesar que es mi prima vez probándolas y no me imaginaba que casi no iba a poder respirar dentro. 80 grados de puro calor en el que nada más entrar ya estabas sudando. Con la graciosa compañía de finlandeses y mis compañeros, estuvimos dentro el tiempo necesario para saber que ya era hora de salir.

La idea era ir corriendo y tirarnos al mar, pero claro, viendo que fuera estábamos a casi cero grados, decidí quedarme en la orilla, eso sí, con el bañador para al menos notar el frío y evitar meterme por si acaso era lo último que hacía en mi vida. Teniendo en cuenta que mi piel no acepta bien los cambios de temperatura y que hasta me quemé la cara en la sauna, quise ser algo precavida.

La sensación fue casi mágica. Una relajación extrema y una felicidad absoluta que todos compartíamos porque realmente esos cambios tan bruscos de temperatura llegaba un momento que casi ni sentías que estabas solo con un bañador. Con casi tres millones de saunas que hay en el país, desde luego era un momento del viaje que no quería perderme. Eso sí, el resfriado que tengo ahora ya es otro tema aparte.

Por último, una ruta por la naturaleza finlandesa muy extrema

La tercera actividad, algo ya más tranquila, consistió en una pequeña ruta de dos kilómetros por los bosques de Filandia con un guía italiano muy simpático que nos estuvo contando todo acerca de la flora y las costumbres del país.

Aunque se puede considerar también un deporte de riesgo debido a que todo estaba lleno de nieve y helado, pudimos ver árboles de los que se extrae el xilitol —un edulcorante natural que seguro que has visto en chicles y caramelos considerados más sanos, ya que mejoran la higiene y salud bucal— e incluso conocer algunas curiosidades de la zona.

Por ejemplo, está totalmente permitido acampar donde quieras, gratis, o incluso coger tu caravana y aparcarla para disfrutar de los paisajes. Nos comentaron que se permiten las barbacoas y cómo la educación de los más pequeños se centra en coger las mochilas y pasar horas en los bosques pintando o dando clases. La naturaleza allí es sagrada y considerada como su bien más preciado.

De lo que es Helsinki como ciudad puedo decir poco, ya que no tiene demasiado para ver, aunque sea bonita, pero desde luego, si viajas a este país es para hacer este tipo de actividades, coger tu coche o caravana y disfrutar de la naturaleza, perderte y pasar frío.

Otros artículos interesantes:

Más información sobre:

Ver sus artículos

Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.