Estos son mis motivos para abandonar Windows y comprar un portátil con Linux

Después de años usando el sistema de Microsoft, he decidido dar el paso hacia GNU/Linux, que ofrece menos complicaciones y un entorno mucho más ligero. Aquí te cuento por qué he optado por un cambio que muchos aún no se atreven a hacer.
Durante años, usar Windows fue la opción más cómoda, casi inevitable, porque venía instalado en la mayoría de portátiles, funcionaba razonablemente bien y te permitía trabajar, jugar o navegar sin pensar demasiado en lo que había detrás del sistema. Pero esa etapa se ha terminado.
Con el fin del soporte oficial de Windows 10 a la vuelta de la esquina y un Windows 11 que exige requisitos que mi ordenador no cumple, ha llegado el momento de tomar una decisión. No tiene sentido invertir en un nuevo equipo solo para cumplir con condiciones técnicas que no responden a una necesidad real.
Por eso he decidido dar el salto y cambiar a Linux, un sistema operativo que, además de ser gratuito, se adapta mejor a lo que necesito. Pero más allá de esto, hay otros motivos de peso que me han llevado a decir adiós a Windows de forma definitiva.
No pienso pagar por un sistema que deja atrás mi ordenador

Uno de los motivos más evidentes es el sinsentido de tener que jubilar un equipo que funciona perfectamente solo porque Windows 11 impone un listado cerrado de requisitos de hardware, como el chip TPM 2.0 o una generación concreta de procesador.
Mi portátil actual va fluido, no presenta problemas y tiene recursos suficientes para tareas cotidianas. Pero según Microsoft, no es válido para continuar. Este motivo, más que una decisión técnica, parece una forma de empujar a los usuarios a renovar dispositivos innecesariamente.
En cambio, Linux sigue ofreciendo soporte a ordenadores modestos, optimizando recursos y permitiéndote seguir trabajando sin renunciar al rendimiento. Esa lógica más sostenible —económica y ambientalmente— es uno de los grandes valores del sistema operativo de código abierto.
Las grandes marcas ya apuestan por Linux

Hasta hace no mucho, instalar Linux en un portátil implicaba tiempo, paciencia y algo de conocimiento técnico. Además, la mayoría de fabricantes no lo ofrecían como opción de fábrica, y te tocaba eliminar Windows, buscar drivers compatibles y cruzar los dedos para que todo funcionara.
Eso ha cambiado, puesto que empresas como Lenovo, Dell o HP han empezado a ofrecer modelos con Linux preinstalado, incluso en gamas altas. Hoy en día puedes comprar un portátil moderno, bien equipado y listo para usar con Ubuntu, Fedora o cualquier otra distribución.
Cabe señalar que esto significa que el soporte está garantizado, que no tienes que tocar nada y que el mercado empieza a tomarse en serio esta alternativa, la cual es más barato para los fabricantes y mejor para los usuarios.
Sin licencia de Windows, el portátil me cuesta menos

No es ningún secreto que cuando compras un ordenador con Windows, parte del precio incluye la licencia del sistema operativo. Aunque no lo veas como un gasto directo, está ahí. En cambio, al elegir Linux de fábrica, algunos fabricantes aplican un descuento porque no estás pagando por la licencia.
Este ahorro, aunque pueda parecer pequeño, puede marcar la diferencia entre un portátil básico y uno con mejores prestaciones. Más memoria RAM, un procesador más potente o una unidad SSD más rápida son mejoras que puedes permitirte si eliminas el coste añadido del sistema de Microsoft.
Ya no necesito Windows para lo que hago en mi día a día

Durante mucho tiempo, hubo una barrera mental: "sí, Linux está bien, pero seguro que luego no puedo hacer X cosa". Esa idea ya no tiene mucho sentido. Las tareas cotidianas —navegar, trabajar con documentos, editar imágenes o reproducir multimedia— se pueden hacer perfectamente desde Linux.
Es más, en muchos casos puedes elegir entre varias aplicaciones equivalentes, todas gratuitas. Asimismo, el entorno gráfico ha mejorado muchísimo, con escritorios como GNOME o KDE que son igual de intuitivos (o incluso más) que los de Windows.
Y si lo tuyo son los videojuegos, plataformas como Steam ya ofrecen compatibilidad con Linux a través de Proton, lo que te permite jugar a títulos de Windows sin salir del sistema. Lo que antes era un obstáculo, hoy es solo una cuestión de hábitos.
Con Linux, decido cómo funciona mi equipo

Una de las cosas que más valoro de Linux es la sensación de control total. En Windows, cada vez hay más elementos a la fuerza, como actualizaciones automáticas que no puedes evitar, funciones que se activan sin que lo sepas, cambios de diseño innecesarios o anuncios dentro del menú inicio.
En las distros Linux, en cambio, tú eliges qué instalar, cuándo actualizar y cómo quieres que funcione tu entorno. No hay sorpresas, no hay imposiciones y no hay programas que se cuelen sin permiso. Esa transparencia te da una tranquilidad que no se aprecia hasta que la experimentas.
Cambiar de sistema operativo siempre da un poco de miedo, pero este no ha sido un salto a ciegas. Linux ya no es el sistema reservado a desarrolladores, sino que es una opción realista, accesible y muy competitiva para cualquier usuario que busque estabilidad, privacidad y libertad en su portátil.
No se trata de rechazar Windows por sistema y sus funciones, porque tampoco es malo, sino de entender que hay otras formas de hacer las cosas, y que muchas veces esas formas son mejores, y hoy por hoy, cualquier distro es fenomenal.
