El mito del ‘necesito más RAM’: lo que realmente ralentiza tu PC Windows

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Añadir más memoria RAM a un equipo no siempre mejora el rendimiento. También tiene sus inconvenientes, como los cuellos de botella y el 'bloatware'.

Aquello de “caballo grande, ande o no ande” se puede aplicar a cualquier ejemplo y momento y, sobre todo, a la tecnología, donde existe la falsa creencia de que un equipo Windows es mejor cuando se le añade más memoria RAM, algo que no siempre sucede y, por ello, conviene explicar por qué.

Las siglas de RAM corresponden a la memoria de acceso aleatorio, un componente que se encarga de almacenar datos de manera temporal para que el procesador pueda acceder a ellos rápidamente. Esto significa que solo funciona cuando el dispositivo está encendido, de modo que, una vez se apaga, se vacía.

La RAM, por tanto, es un componente esencial para la multitarea y de su capacidad depende la velocidad de acceso a los datos. Esto significa que, cuanto más amplia sea la RAM, mayor será la cantidad de información de procesos que puede ejecutar, lo que puede influir en el rendimiento del equipo.

Es por eso que existe la creencia popular de que cuando un ordenador va lento, por ejemplo un equipo Windows, se debe a que la RAM no está administrando correctamente las cargas de trabajo y que, por eso, es necesario ampliarla. Esto tiene sus beneficios, claro está, pero en ocasiones este incremento del espacio no es la solución al problema.

Primer paso: saber cuánta RAM soporta el PC

Aumentar el nivel de procesamiento de un dispositivo no es solo responsabilidad de la RAM, sino que, para que funcione al nivel esperado, debe estar en sintonía con el resto de los componentes del ordenador. Debe haber un equilibrio entre ellos.

Por eso, antes de realizar una inversión posiblemente innecesaria en una ampliación de la memoria para tu ordenador o, incluso, antes de montar un equipo desde cero, es recomendable tener en cuenta varios factores presumiblemente ajenos, que pueden influir o limitar su rendimiento.

En primer lugar, conviene recordar que los ordenadores actuales tienen cantidades de RAM suficientes para cumplir con las tareas que ejecuta el usuario y que, hoy en día, no bajan de los 8 GB. Estos son suficientes para las tareas diarias, como las relacionadas con la ofimática o juegos más sencillos, que requieren un esfuerzo menor por parte del componente.

A los que necesitan que su ordenador responda correctamente en la edición de vídeo básica y el desarrollo de aplicaciones, entre otros casos, les conviene incrementar su capacidad hasta las 16 GB. 

Mientras que el que tenga un equipo con 32 GB de RAM va sobrado de recursos: es el formato ideal para la edición profesional, desarrollo de software e, incluso, para ejecutar tareas destinadas al diseño 3D.

Los 64 GB de RAM se ven menos, pero también los hay y son los que se ajustan a las necesidades de jugadores de videojuegos profesionales, ingenieros que utilizan habitualmente programas muy exigentes o editores que necesiten que la carga que soporte el ordenador sea enorme.

No obstante, lo más habitual es instalar dos tarjetas de memoria RAM en lugar de una, lo que se conoce como configuración de doble canal o Dual Channel. De esa manera, en lugar de 8 GB de RAM, lo ideal es optar por dos módulos de 4 GB, para que la placa base trabaje de manera más fluida y reparta el procesamiento de tareas.

No es algo que conozca todo el mundo y, por eso, hay quien peca de exceso, al escoger un tamaño que no es adecuado para su equipo, motivo por el que se favorecen los denominados cuellos de botella y, en consecuencia, se desaprovecha la memoria. 

Esto sucede cuando el procesador o CPU no está al mismo nivel que la memoria, de forma que, como no puede procesar los datos con la misma rapidez que los recibe de la RAM, se ralentiza su tiempo de respuesta.

Un disco duro (HDD) lento o una tarjeta de gráficos o GPU antigua o con poca capacidad también puede tener un efecto similar, ya que no responde con la misma celeridad cuando la memoria le entrega grandes cantidades de datos gráficos y su rendimiento también perjudica tareas como la edición de vídeo, donde el renderizado puede ser más lento.

A mayor RAM, mayor 'bloatware'

En ocasiones, un incremento voluntario de memoria RAM puede contribuir a la acumulación de software de relleno, conocido como bloatware, esto es, programas que vienen preinstalados en un sistema operativo o aquellos que se descargan de forma simultánea con otros que realmente se necesitan.

Habitualmente, estas herramientas no se necesitan ni se utilizan y que pueden afectar el rendimiento del sistema, ya que consumen recursos en segundo plano y un espacio en el disco duro que no deberían. Si bien el usuario puede no darse cuenta de ello en un principio, precisamente porque tiene RAM de sobra, conforme pasa el tiempo puede pasarle factura.

Sin ir más lejos, esto es algo que ha sucedido con la llegada de la última versión del SO de Microsoft, Windows 11, que en su momento aterrizó con demasiadas herramientas de terceros y programas propios, que se deben desinstalar con O&O AppBuster, una herramienta diseñada específicamente para este propósito.

Para evitar situaciones como esta, lo ideal es consultar con un experto que pueda aconsejar cuál es la solución a un sistema ralentizado, un problema que en ocasiones se puede arreglar adquiriendo otra unidad más potente (CPU, GPU, SSD, etc.) y acabar con el falso mito de que el equipo aguantará cualquier carga de trabajo con una RAM infinita.

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Noelia Murillo

Redactora

Noelia Murillo, redactora de Computer Hoy. Realiza pruebas de producto, reportajes y noticias de actualidad relacionadas con el sector. También te cuenta lo que ha analizado en redes sociales.