¿Cuánta basura hay en Windows 11? Este usuario dejó que Claude analizara su PC y el resultado sorprende

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Gracias a la IA, descubrió que Windows 11 acumulaba más archivos basura de lo esperado, incluidos componentes que habían pasado por alto durante el uso habitual del ordenador.
Con el paso de los años, cualquier ordenador acaba acumulando una gran cantidad de información innecesaria. Apps, archivos temporales o componentes que llegaron con actualizaciones del sistema que pueden seguir ocupando espacio sin que el usuario sea consciente de ello.
Aunque Windows 11 incluye herramientas nativas para intentar solucionar este problema, muchas veces estas soluciones no ofrecen una explicación clara de qué elementos están eliminando realmente ni por qué siguen presentes en el ordenador.
Ese fue precisamente el punto de partida del experimento realizado por Joe Rice-Jones, colaborador de XDA Developers, quien decidió utilizar Claude Code, la inteligencia artificial de Anthropic, para que analizara su instalación de Windows.
Un ordenador puede ocultar más elementos innecesarios de los que parece

Cuando un usuario abre el explorador de archivos o revisa la lista de aplicaciones instaladas, solo ve una pequeña parte de todo lo que existe dentro de Windows 11.
Esto se debe a que el sistema operativo mantiene numerosos componentes internos que pueden permanecer durante años, incluso aunque hayan dejado de tener utilidad.
El problema no es únicamente el espacio ocupado, sino que algunos procesos y servicios pueden ejecutarse en segundo plano o consumir recursos sin que el usuario sepa exactamente qué función cumplen.
Por eso una limpieza completa no consiste simplemente en borrar carpetas grandes o eliminar programas antiguos. Antes es necesario entender qué es cada elemento y si realmente se puede eliminar sin afectar al funcionamiento del equipo.

En lugar de utilizar una herramienta para limpiar el disco SSD, Joe utilizó Claude Code para que analizara la información de su ordenador y le ayudara a identificar qué elementos podían considerarse innecesarios.
Cabe señalar que la inteligencia artificial no tuvo acceso directo al ordenador por defecto. Para realizar este tipo de revisión, fue necesario recopilar información del sistema y proporcionársela al modelo de IA para que pudiera interpretarla.
El proceso consistió en ofrecer a Claude datos sobre la instalación de Windows, incluyendo información relacionada con aplicaciones, archivos y componentes presentes en el equipo. A partir de ahí, la IA pudo examinar los datos y explicar qué elementos parecían prescindibles.
La diferencia frente a una limpieza tradicional es que Claude podía aportar contexto y no se limitaba a señalar que un archivo ocupaba espacio, sino que podía ayudar a entender si pertenecía a un programa instalado, a un componente antiguo o a una parte del sistema que debía conservarse.
Al final, Claude encontró numerosos elementos que habían quedado acumulados con el tiempo y que no aportaban una utilidad evidente para el usuario, donde la IA ayudó a identificar más de 50 GB de datos que podían eliminarse en el equipo.
Entre ellos aparecieron restos de software, componentes que ya no eran necesarios y diferentes elementos que podían revisarse para liberar espacio.
Lo llamativo no fue solo la cantidad de información encontrada, sino que muchos de esos elementos no eran fáciles de localizar utilizando las herramientas habituales de Windows.
Este experimento demostró que una instalación del sistema operativo puede mantenerse funcionando durante años mientras acumula datos innecesarios que permanecen ocultos y que al final puede ralentizar al PC.
La inteligencia artificial puede ayudar, pero no debe borrar a ciegas
Aunque el resultado del análisis fue interesante, utilizar una IA para limpiar un ordenador requiere precaución. Windows contiene muchos archivos y servicios cuya función puede no ser evidente para un usuario sin conocimientos técnicos.
Y es que eliminar un componente incorrecto puede provocar problemas de estabilidad, errores en aplicaciones o incluso afectar funciones importantes del sistema.
La verdadera utilidad de Claude en este caso no fue actuar como una herramienta de limpieza automática, sino servir como un asistente capaz de explicar qué había dentro del ordenador y ayudar a tomar decisiones con más información.
El experimento de Jor Rice-Jones refleja un cambio interesante en la forma de mantener nuestros equipos. Durante años, limpiar Windows ha consistido principalmente en buscar archivos grandes y programas antiguos. Ahora, con la llegada de la IA, es posible analizar sistemas completos de una forma más profunda.
Windows 11 seguirá acumulando elementos con el uso diario, pero herramientas como Claude podrían convertirse en una nueva forma de entender qué ocurre realmente dentro de un PC y qué podemos hacer para mantenerlo más limpio y eficiente.
