Microsoft acaba de explicar al fin por qué Windows te engaña y realmente no se apaga cuando haces clic en apagar

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Conoce cómo funciona el Inicio Rápido en Windows 11, por qué reiniciar es mejor que apagar para corregir errores y qué comando fuerza un apagado completo en tu PC.
Si estás buscando formas de acelerar Windows 11, solucionar errores de rendimiento o entender por qué algunos problemas persisten incluso después de apagar el ordenador, hay un detalle importante que quizá hayas pasado por alto.
Durante años, muchos usuarios han dado por hecho que pulsar el botón de apagado es lo mismo que cerrar completamente el sistema operativo, pero la realidad es bastante diferente.
Actualmente, hay una función llamada Inicio Rápido de Windows que sirve para hacer que las cargas sean rápidas y directas cuando enciendes o apagas el equipo, pero no todo el mundo sabe que está ahí.
El simple hecho de que no se esté al día con respecto a esto es lo mismo que genera posibles ralentizaciones. A su vez, comprender cómo funciona sirve para ayudarte a resolver fallos que afectan a la conectividad WiFi, los drivers gráficos o determinados procesos que parecen negarse a desaparecer tras apagar el PC.
Microsoft aclara por qué Windows sigue conservando parte del sistema tras apagarse

No, no estás apagando tu ordenador de forma adecuada, pues hay algo que se te está escapando y la propia Microsoft lo confirma. Se trata de que, si la función Inicio rápido (Fast Startup) está activada, Windows no realiza un apagado completamente tradicional.
En lugar de cerrar toda la sesión del sistema operativo, conserva una parte fundamental para que el siguiente encendido sea mucho más rápido.
La compañía explica que “durante el inicio rápido, la sesión del kernel no se cierra, sino que entra en estado de hibernación”. Esto significa que, aunque las apps abiertas se cierran y tu sesión de usuario finaliza normalmente, el núcleo de Windows y determinados controladores permanecen almacenados en un archivo especial llamado "hiberfil.sys".
Esto permite que, al volver a encender el ordenador, el SO se encargue de restaurar la información guardada en lugar de cargar todo desde cero.
Para entenderlo mejor, Microsoft diferencia tres formas de inicio: el arranque en frío tradicional, la reanudación desde hibernación y el inicio rápido, que combina elementos de ambos métodos.
Con esto, Windows 11 es capaz de reducir significativamente los tiempos de arranque, especialmente en equipos más antiguos o con hardware menos potente.
Si existía algún problema relacionado con el kernel o con un controlador antes del apagado, ese estado puede mantenerse cuando vuelves a encender el ordenador.
Reiniciar puede ser más efectivo que apagar para solucionar errores en Windows
La explicación de Microsoft también aclara por qué los técnicos suelen recomendar reiniciar el dispositivo cuando aparece algún fallo.
Aunque a simple vista parezca una acción similar, el proceso interno es muy diferente. Al seleccionar Reiniciar, Windows elimina completamente la sesión activa del kernel y realiza un arranque limpio desde cero.
Por lo tanto, una vez ejecutada la acción, el sistema se carga por completo desde cero, haciendo que los controladores se reinicien y desaparezca información almacenada.
El Inicio Rápido no puede hacer esto porque el reinicio sigue realizando un ciclo de arranque completo, sin aplicar la optimización basada en hibernación. Además, esta es la mejor opción si tampoco quieres desactivar dicha característica.
La propia compañía también ha advertido a los desarrolladores sobre posibles efectos secundarios derivados de este comportamiento. Cuando sientas que Windows está fallando, está lento o crees que hay un problema y no se soluciona tras apagar, simplemente reinicia y comprueba.
