Acusan a Sam Altman de tomar el pelo a mundo entero: "Sus mentiras son cada vez más atrevidas"

El CEO de OpenAI y cara visible de ChatGPT, está en el ojo del huracán: cada vez son más quienes le acusan de manipular cifras y lanzar mensajes falsos.
Sam Altman ya se ha convertido en el protagonista número uno de la actualidad tecnológica y lo cierto es que lleva una larga temporada acaparando titulares no muy positivos hacia su persona.
La última gran novedad es ese consumo de agua y electricidad que hace ChatGPT o más bien los usuarios cuando usan esta herramienta de inteligencia artificial.
Ha defendido que ChatGPT apenas consume energía ni agua, y que la expansión de la IA será positiva para todos. Sin embargo, sus afirmaciones han sido puestas en duda por expertos, ex empleados y hasta estudios independientes.
Altman asegura que cada consulta a ChatGPT usa apenas 0,34 Wh de energía y una ínfima cantidad de agua, cifras que, según investigadores, no cuadran con el consumo real de los gigantescos centros de datos de Microsoft donde sucede toda la magia de la IA de OpenAI.
Sam Altman, en el centro de la tormenta: mentiras, mentiras y más mentiras
El problema no es solo de números, Altman no ha mostrado pruebas claras de dónde salen esos datos y omite detalles clave, como el consumo de los modelos más avanzados o el gasto energético de las consultas que incluyen imágenes o tareas avanzadas.
Mientras tanto, estudios de universidades estadounidenses estiman que la IA de OpenAI podría estar usando millones de garrafas de agua al año solo para refrigerar sus servidores, una cifra muy superior a la que Altman comunica.
La polémica se complica porque OpenAI, bajo el liderazgo de este, ha sido acusada de priorizar el desarrollo y la expansión de sus productos por encima de la seguridad, la ética y la transparencia.
En los últimos meses, varios altos cargos y científicos han abandonado la compañía, denunciando falta de recursos para investigar la seguridad de la IA, acuerdos de confidencialidad restrictivos y una cultura interna que silencia las críticas y premia la opacidad.
Lo cierto es que no es la primera vez que Altman es señalado por su estilo de gestión. Ex miembros del consejo de OpenAI y empleados han acusado al CEO de mentir, manipular información y ejercer presión psicológica sobre quienes se atreven a cuestionar sus decisiones.
Incluso su despido temporal en 2023 estuvo motivado, en parte, por dudas generales sobre su falta de transparencia y su enfoque excesivamente comercial, dejando a un muy segundo plano la seguridad de la IA.
Sin ir más lejos, las recientes salidas de figuras clave como Ilya Sutskever y Jan Leike, responsables del equipo de superalineamiento, el área encargada de garantizar que la IA no se descontrole, han dejado bastante claro que aquí hay ideas que chocan como dos trenes.
Leike, por ejemplo, denunció públicamente que OpenAI había abandonado la cultura de seguridad y que su equipo llevaba meses trabajando "a contracorriente" sin los recursos necesarios.
¿Qué hay detrás del discurso lleno de optimismo y 'todo está bien' de Altman?
Todo lo que Altman comenta es, para muchos, una mezcla de optimismo descontrolado y casi forzado con una gran evasión de responsabilidades. Afirma que la automatización masiva será positiva porque “el mundo será mucho más rico” y se podrán plantear políticas como la renta básica universal, pero no concreta cómo ni cuándo se pondrán en marcha esas soluciones.
Afirma que el trabajo de los programadores está a salvo y que no habrá ningún problema, pero una de sus manos derechas en la creación de ChatGPT afirma que deben hacer las maletas este mismo año y, mientras tanto, Codex, su herramienta para generar código, está escalando a una velocidad de vértigo.
Por otro lado, las soluciones que propone Altman para el impacto ambiental de la IA, como centros de datos refrigerados en circuito cerrado o la construcción de plantas nucleares para alimentar la IA, aún están lejos de ser una realidad. Mientras tanto, la demanda de energía y agua crece a un ritmo que ya pocos pueden frenar.
Con todo esto, desde luego que la figura de Sam Altman está más en el punto de mira que nunca. Si bien es cierto que su exposición es máxima y que aquello que hace trae consigo grandes detractores de esta tecnología, quizá debería reenfocar sus declaraciones y, sobre todo, sus acciones.


