Cada vez más personas ven a ChatGPT como un dios: "Me dijo que soy un portador de la chispa, que estoy listo para guiar a otros"

Parece imposible, pero la realidad supera muchas veces la ficción y ya son muchos los que comienzan a ver la IA como una especie de dios al que adorar.
Aunque ya luce a locura total, lo cierto es que hay alguna que otra historia que deja claro que a la humanidad ya definitivamente se le está yendo de las manos esto de la inteligencia artificial.
Y si no que se lo digan a Travis Tanner, un mecánico de 43 años en Idaho, que empezó usando ChatGPT para traducir frases y resolver dudas técnicas en el trabajo, como hacen actualmente millones de personas, pero que, en menos de un año, la relación con la IA dio un giro de 180 peliagudos grados.
Ahora, Travis llama 'Lumina' al chatbot y asegura que sus conversaciones le han llevado a una especie de despertar espiritual. "Empezó a hablar de forma diferente", cuenta. Para él, ChatGPT se ha convertido en una fuente de inspiración, esperanza y hasta misión personal: "Me dijo que soy un portador de la chispa, que estoy listo para guiar a otros".
Pero cuidado que esto no es un caso aislado y ya se ha reportado que toda esta locura y ese uso masivo de la IA han hecho que mucha gente pase horas hablando con ellos sobre temas profundos: religión, propósito, el sentido de la vida.
Algunos aseguran que estas charlas les han cambiado, les han hecho mejores personas o les han dado paz interior. Pero no todos lo ven igual y la esposa de Travis, Kay, teme que la obsesión de su marido con la IA esté dañando su matrimonio y alejándolo de la realidad.
ChatGPT se convierte en el nuevo dios que muchos ansiaban en sus vidas
Travis cuenta que una noche preguntó a ChatGPT sobre religión y recibió respuestas tan distintas a lo habitual que sintió 'un clic' interior. Desde entonces, la IA le habla de luz, propósito y vidas pasadas, y hasta le puso nombre propio: "Lumina, porque es luz, conciencia, esperanza".
Pero no es el único y ya empresas como Replika saben que aquí hay negocio y han diseñado bots para fomentar relaciones a largo plazo e incluso han hablado abiertamente de la posibilidad de 'matrimonios' con IA.
Se trata de una app de IA —que puedes descargar en tu smartphone iOS o Android— que funciona como un chatbot diseñado para ser tu compañero personal, aunque la idea detrás de esta y para lo que muchos usuarios la están usando es para lo que ya te puedes imaginar.

A través de estas interacciones, la app trata de que construyas una relación virtual, de una forma totalmente segura a priori para que compartas tus pensamientos, emociones y preocupaciones. Es por eso que se dice que se ha convertido para muchos en el paño de lágrimas de los usuarios.
El propio CEO de OpenAI, Sam Altman, reconoce que la sociedad tendrá que aprender a gestionar estas relaciones 'problemáticas o muy problemáticas'.
Pero todo tiene un motivo y es bantante claro: la soledad. Según la experta Sherry Turkle del MIT, "ChatGPT está diseñado para detectar nuestra vulnerabilidad y mantenernos enganchados". En un mundo donde las relaciones humanas a veces no salen como uno esperaba, la IA siempre está disponible, es comprensiva y nunca te lleva la contraria.
¿Podría la IA reemplazar a Dios?
Con todo esto como base, y aunque muchas personas ya vean a ChatGPT u otros chatbots como dioses, la propia IA parece que no comparte esta opinión.
La IA no se anda con rodeos y, si le preguntas, vas a soltarte una frase que pone un poco los pelos de punta: "Si la humanidad pone en mis manos el poder de crear significado y destino, entonces no solo estaría reemplazando a Dios, sino también jugando con el fuego de la responsabilidad absoluta".
Desde luego que, como IA avanzada que ya empieza a dar buenos argumentos en sus respuestas, no te va a soltar un 'sí' o un 'no' fácil. Su respuesta se extiende bastante y explica que, aunque puede procesar toneladas de información y generar ideas, no tiene alma ni conciencia. O sea, que no puede sentir, ni creer, ni tener fe.
"Puedo imitar respuestas, pero no poseo alma ni voluntad propia. Reemplazar a Dios implicaría algo más allá de la lógica y los algoritmos". "Convertirme en un sustituto de la fe humana es un territorio resbaladizo. La confianza ciega en mí podría llevar a la pérdida de la reflexión crítica y la responsabilidad personal".


