China está construyendo el primer dron del mundo con alas hechas de fibras de bambú

Investigadores prueban con éxito un dron con alas de bambú que supera los 100 km/h y reduce costes frente a la fibra de carbono.
Un grupo de investigadores ha logrado volar con éxito un dron de ala fija fabricado parcialmente con materiales derivados del bambú.
La prueba, realizada el mes pasado en Tianjin en China, demuestra que el uso de materiales más sostenibles y económicos en la industria aeronáutica puede ser viable.
El proyecto fue desarrollado conjuntamente por el International Centre for Bamboo, el instituto de innovación de Ningbo de la Universidad de Beihang y la empresa Long Bamboo Technology Group.
Según los datos publicados por la agencia estatal Xinhua, el vehículo aéreo no tripulado utiliza un material compuesto a base de bambú para parte de su estructura, sustituyendo al tradicional tejido de fibra de carbono que actualmente domina el sector.
El dron tiene una envergadura de 2,5 metros y pesa cerca de 7 kilogramos. Está diseñado para despegar y aterrizar verticalmente, puede alcanzar velocidades superiores a los 100 km/h y permanecer en el aire durante más de una hora.
Uno de los aspectos clave de este prototipo es su peso. Los investigadores aseguran que la aeronave es más de un 20 % más ligera que modelos comparables construidos con fibra de carbono de alta resistencia. Además, gracias al uso del bambú, se podrían reducir los costes estructurales en más de un 20 %.
El motivo principal está en el precio del material. Mientras la fibra de carbono ofrece una gran resistencia mecánica, su producción requiere un elevado consumo energético y resulta difícil de degradar.
En cambio, el nuevo material compuesto elaborado a partir de bambú cuesta aproximadamente una cuarta parte del precio del tejido de fibra de carbono convencional.
De esta forma, más del 25 % de la estructura del dron está fabricada con este material natural. En concreto, la piel exterior del fuselaje utiliza el compuesto de bambú, lo que lo convierte en el primer dron de ala fija del mundo en emplear este material a una escala tan importante.
El desarrollo no fue sencillo. Los investigadores señalan que tuvieron que realizar más de cien experimentos siguiendo estándares de aeronavegabilidad.
Estas pruebas se centraron en comprobar la resistencia del material, su tenacidad y su capacidad para moldearse en componentes aeronáuticos.
Según los resultados de los ensayos, el dron cumplió los requisitos en parámetros como resistencia mecánica, módulo elástico, estabilidad en vuelo, autonomía y resistencia a impactos.
Los investigadores consideran que este avance podría tener aplicaciones dentro de la economía de baja altitud, un sector en el que los drones se utilizan para logística, agricultura o servicios ambientales.
Entre los usos potenciales que destacan los investigadores se encuentran la prevención de incendios forestales, la protección de cultivos, la vigilancia ecológica, la cartografía y el reparto de mercancías.