China y Rusia crean un "Starlink Killer" para acabar con la red de satélites de Elon Musk

La batalla por el espacio ya ha comenzado, ya que China y Rusia están desarrollando armas antisatélite para desactivar Starlink y Starshield, claves en la guerra moderna.
La carrera por dominar el espacio no solo trata de llegar a Marte o establecer colonias en la Luna. En estos momentos, China y Rusia están avanzando en una nueva dirección, el bloquear o eliminar los satélites Starlink y Starshield de SpaceX, una red diseñada inicialmente para brindar internet, pero que se ha convertido en una herramienta estratégica para la guerra moderna.
Mientras el mundo observa los cielos, en la órbita baja de la Tierra se libra una batalla silenciosa, impulsada por la guerra electrónica y armas antisatélite cada vez más sofisticadas.
Desde que comenzó la invasión de Ucrania, los satélites de Elon Musk han sido cruciales para mantener las comunicaciones militares del ejército ucraniano.
Cómo China y Rusia planean neutralizar la red de satélites de Elon Musk
Mientras los sistemas tradicionales eran atacados o quedaban inutilizados, Starlink demostró ser resistente, flexible y difícil de interferir. No pasó mucho tiempo antes de que esta ventaja tecnológica pusiera en alerta tanto a Moscú como a Pekín.
Rusia ya ha empezado a probar su "Starlink Killer" más comentada, el sistema Kalinka, según El Adelantado. Este dispositivo, que parece salido de una novela de espionaje, está diseñado para interferir en las señales emitidas por Starlink y su versión militar, Starshield.

Según fuentes ucranianas, desde mediados de 2024 se han registrado apagones puntuales en el servicio satelital en zonas de combate, coincidiendo con pruebas rusas de guerra electrónica. Las señales interrumpidas afectan, entre otras cosas, al control remoto de drones y a la comunicación en campo.
A esto se suma otro sistema ruso, el Tobol. Se trata de una red de estaciones que podrían estar interfiriendo no solo con Starlink, sino también con GPS en países europeos cercanos como Finlandia, Suecia o Polonia. Según informes de inteligencia, hay al menos diez de estas estaciones repartidas en territorio ruso, incluyendo una cerca de Kaliningrado.
Mientras tanto, China no se queda atrás. Aunque es más discreta en sus anuncios, sus acciones en el espacio hablan por sí solas. Satélites chinos han comenzado a realizar maniobras en órbita baja que han despertado sospechas entre los analistas de defensa estadounidenses.
A primera vista parecen ejercicios para retirar basura espacial, pero muchos expertos creen que se trata de pruebas para capturar o inutilizar satélites enemigos si estalla un conflicto. Además, se especula con el desarrollo de armas de microondas y láseres embarcados, posiblemente incluso en submarinos.
Todo esto deja claro que el verdadero campo de batalla ya no está solo en la Tierra. Las órbitas satelitales se han convertido en un nuevo frente, y la ventaja estratégica de tener una red como Starlink puede marcar la diferencia entre ganar o perder una guerra.
El éxito de SpaceX con su constelación de más de 7.000 satélites no solo se debe a la innovación tecnológica, sino también a su capacidad para responder rápidamente. Gracias a la integración vertical de sus operaciones, desde los cohetes hasta las terminales, la empresa de Elon Musk ha demostrado una capacidad de adaptación que gobiernos enteros tardan años en igualar.
Sin embargo, esa ventaja está siendo desafiada. Las nuevas estrategias de Rusia y China buscan desestabilizar este equilibrio con métodos que hasta hace poco parecían propios de la ciencia ficción. Hoy, desactivar un satélite puede ser tan importante como disparar un misil.
En este escenario, la defensa del ciberespacio y del espacio físico ya no es opcional. La pregunta no es si alguien intentará sabotear Starlink o Starshield, sino cuándo y cómo. El cielo, al parecer, también se ha convertido en territorio en disputa.