¿Qué es Codex y por qué esta IA de OpenAI podría ser el fin de los programadores humanos?

Generada con IA / Computer hoy

La compañía de Sam Altman presentó hace unos meses a Codex, el motor de código de ChatGPT, que pisa el acelerador de la IA ¿y pone en peligro la profesión de los programadores?

La programación ha cambiado mucho en los últimos años. Hace no demasiado, escribir código era algo reservado a personas dedicadas a ello, con años de estudio, que conocían de memoria lenguajes, sintaxis y trucos para que una aplicación funcionara. 

Ahora, la inteligencia artificial está moviendo todas las piezas del tablero y trayendo nuevas herramientas que permiten programar de otra forma, más rápida, más colaborativa e incluso más accesible para gente que no ha tocado una línea de código en su vida.

En este terreno, uno de los nombres que más suenan es Codex, una tecnología de OpenAI que entiende lo que escribes en lenguaje normal —como si se lo explicaras a otra persona— y lo traduce en código que funciona. Es como tener un programador en tu PC que siempre está ahí, listo para ayudarte, darte opciones y, sobre todo, acelerar el trabajo.

Pero Codex no es solo escribir código por ti. También puede analizar lo que ya has hecho, encontrar errores, dar sugerencias para mejorarlo e incluso ofrecerte varias soluciones al mismo problema para que elijas la que más encaje. Esto hace que no solo sea útil para programadores expertos, sino también para principiantes que quieren aprender.

¿Qué es Codex?

En concreto, es un modelo de inteligencia artificial creado por OpenAI que está especializado en programación. La gracia está en que puedes decirle lo que quieres hacer usando tu propio idioma  como el español o inglés y él se encarga de generar el código necesario en el lenguaje de programación que le pidas, como Python, JavaScript, Go o Ruby.

Por ejemplo, podrías escribir: "Hazme una función en Python que calcule la media de una lista de números" y en unos segundos Codex te devuelve una pequeña porción de código lista para copiar y pegar. O podrías pedir algo más complejo, como: "Crea un script en JavaScript que tome datos de una API y los muestre en una tabla HTML", y él lo hace.

Lo interesante de Codex es que no solo obedece instrucciones simples: entiende peticiones más explicadas, puede trabajar con varios archivos a la vez y hasta analizar código que tú mismo hayas escrito para corregirlo o simplificarlo. En cierto modo, es como hablar tener a un lado a un compañero programador que no se cansa ni un segundo y que tiene un conocimiento bastante grande del tema.

Aunque desde fuera parezca que le 'pides' algo y te lo devuelve, por dentro Codex hace mucho más trabajo. No se ejecuta normalmente en tu ordenador: funciona en la nube, en los servidores de OpenAI. Tú escribes tu solicitud en un editor de código o interfaz compatible, y esa petición viaja a los servidores, donde el modelo analiza lo que has pedido, piensa qué pasos seguir y genera una respuesta en forma de código.

Sam Altman, CEO de OpenAI, lo describió como un colaborador incansable al que "puedes asignarle trabajo, es como una auténtica delegación de tareas de ingeniería de software, y creo que seguirá mejorando a partir de ahora".

También puede explicarte qué hace una parte del código, detectar bugs o implementar una nueva funcionalidad partiendo de una breve descripción en lenguaje cotidiano. Esta IA no solo entiende el código, sino también el propósito detrás de él.

Así es como ha evolucionado la programación desde la llegada de la IA

Codex no nació de la nada y se trata de una evolución de GPT-3, el conocido modelo de lenguaje natural que escribe textos, responde preguntas y conversa casi como si fuera una persona. 

OpenAI decidió entrenar a una nueva versión con montones de fragmentos de código —billones de líneas provenientes, por ejemplo, de GitHub— para que ese 'cerebro' no solo supiera escribir historias o responder a dudas, sino también programar.

Ese entrenamiento le enseñó la gramática de los lenguajes de programación, las estructuras más comunes, las soluciones típicas para ciertos problemas y también cómo otras personas organizan su código. En resumen, aprendió a 'pensar' como un programador.

Cuando se presentó oficialmente, muchos pensaban que sería solo un autocompletado de código mejorado, pero pronto se vio que podía generar funciones enteras, probar diferentes soluciones y hasta adaptar el estilo del código al de un proyecto concreto. Esto lo puso varios pasos por delante de las herramientas que ya existían.

¿Amenaza o aliado para los programadores?

Con esto sobre la mesa, lo cierto es que surgen dudas de qué sucede con el ser humano en estos casos. Lo cierto es que sí, Codex es capaz de hacer tareas que antes nos llevaban mucho más tiempo como escribir funciones repetitivas, arreglar errores pequeños, incluso proponer varias formas distintas de resolver un problema. 

Eso puede dar miedo si tu día a día está lleno de ese tipo de trabajo más mecánico. La herramienta es rápida, precisa y no se cansa. Pero… aquí viene lo importante y es que Codex no es un sustituto completo de un programador, es un compañero, una mano derecha.

Tú le das la idea y él te devuelve la base del código. No significa que tú no tengas nada que hacer; de hecho, ahí empieza tu parte: revisar, adaptar, optimizar y asegurarte de que está todo bien integrado con el resto de tu proyecto. El toque humano sigue siendo vital.

Esto no significa que el programador esté condenado a desaparecer. Lo que sí está claro es que el rol que ya todo el mundo conoce cambia 180 grados. Si la IA te libera de tareas absurdas y pesadas, ¿qué hay de malo? 

Esta se convierte en una herramienta complementaria que amplía las capacidades de los desarrolladores. Eso sí, ahora es el turno de los humanos de saber adaptarse. Está claro que deberán aprender a usarla a su favor o, tristemente, sí que se verán abocados a la exclusión, tal y como por ejemplo ha ocurrido con el inglés. Quien sepa usarla tendrá una gran arma entre sus manos.

Altman ha sido tajante: "Vienen los mayores cambios en la historia de la programación". Y no es para menos. 

Esto puede sonar apocalíptico para algunos, pero, de nuevo, abre la puerta a nuevas oportunidades. Los programadores que sepan adaptarse y trabajar con la IA podrán centrarse en tareas más creativas, en el diseño de sistemas complejos, en la seguridad y en la integración de soluciones. La IA se encarga del trabajo repetitivo y técnico, mientras que el humano aporta lo que verdaderamente les hace únicos.

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Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.