Crean robots caníbales que devoran a sus hermanos para volverse más fuertes: "Evoca escenarios de ciencia ficción desfavorables"

Imagen generada con IA

Esta tecnología, denominada metabolismo robótico, permite a los robots crecer, modificarse y adaptarse físicamente al comer otros robots presentes en su entorno.

La robótica ha avanzado a pasos acelerados en la última década. Robots como Atlas, de Boston Dynamics, ya son capaces de correr, saltar e incluso realizar acrobacias. Tesla, por su parte, presume de Optimus, su robot humanoide con aspiraciones industriales. 

También hay brazos robóticos en quirófanos, exoesqueletos para personas que están en rehabilitación, drones autónomos y hasta asistentes domésticos que aprenden rutinas, pero no todo en este campo se limita a hacer tareas como las antes mencionadas.

Una línea de investigación más ambiciosa —y menos conocida— explora si las máquinas pueden crecer como los seres vivos y fortalecerse utilizando piezas de otros robots. Este experimento, conocido como metabolismo robótico, ya está en marcha.

Robots que se alimentan de su entorno para crecer y sobrevivir

Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, ha diseñado un sistema que rompe con la idea tradicional de los robots como estructuras fijas. Este avance permite a las máquinas modificar su forma y tamaño mediante la incorporación de módulos externos, incluso de otros robots. 

Es decir, no solo se reparan o se amplían, literalmente crecen. La clave está en un tipo de piezas llamadas Truss Links, pequeñas estructuras con imanes que permiten ensamblajes geométricos —como triángulos o tetraedros— que se combinan bajo control para formar figuras más complejas y funcionales.

Por ahora, el proceso sigue estando dirigido por un sistema central, lo que significa que las decisiones no las toma la máquina, sino los investigadores, que definen desde un ordenador cómo debe reconfigurarse el robot. Pero lo importante no está en la autonomía, sino en el principio que representa. 

Una máquina ya no necesita un técnico que la repare o actualice, si hay piezas disponibles a su alrededor —incluso restos de otros dispositivos— puede absorberlas y reorganizarse para ser más eficiente. De forma controlada, sí, pero con una dirección clara, que es construir robots que no dependan de nadie para mantenerse vivos.

Lo que en biología llamamos adaptación, aquí se convierte en un tipo de canibalismo. En los experimentos, algunas estructuras crecieron incorporando módulos sobrantes de otras. Aumentaron su tamaño, reforzaron su estabilidad o ganaron movilidad. Esto significa que si un robot encuentra en su entorno partes compatibles de otros, podrá integrarlas para potenciarse.

Cabe señalar que este tipo de tecnología no está pensada para operar en laboratorios ni empresas, su potencial real se encuentra en entornos extremos donde no hay margen para el error ni posibilidad de mantenimiento humano. En una misión espacial, por ejemplo.

Pero sí puedes diseñar un robot capaz de usar lo que encuentre para mutar, lo mismo en un edificio colapsado tras un terremoto, en una cueva submarina, o en instalaciones nucleares dañadas donde el acceso es imposible. La lógica es sencilla: si una máquina tiene que funcionar en condiciones aisladas, necesitará algo más que inteligencia artificial

Necesita un cuerpo que se adapte, que se repare, que sobreviva, y ese es justo el enfoque que abre esta nueva generación de robots modulares, los cuales no están diseñados solo para moverse, sino para cambiar, como si fueran organismos.

El siguiente paso: que piensen por sí solos

Ahora mismo, todo lo que hacen estas máquinas está perfectamente coreografiado desde fuera. No toman decisiones, pero los investigadores ya trabajan en la integración de sensores, control descentralizado y algoritmos de aprendizaje automático

Al final, si logran combinar esos elementos, los robots no solo podrán reconstruirse, también sabrán cuándo hacerlo, cómo reorganizar sus piezas, incluso qué estructura adoptar en función de la tarea. Imagina que una máquina necesita pasar por un túnel estrecho, podría reducir su tamaño, avanzar desmontada y, una vez al otro lado, reconfigurarse con las piezas disponibles. 

No hablamos de simple automatización, sino de adaptación física programada, y eso, con inteligencia artificial, es cuestión de tiempo. Uno de los responsables del proyecto, el profesor Hod Lipson, lo explica con claridad: "La imagen de robots que se reproducen a sí mismos evoca algunos escenarios de ciencia ficción desfavorables". 

Pero si vamos a delegar en ellos tareas críticas —conducción, defensa, exploración— no podemos depender siempre de los humanos para repararlos, los robots deben aprender a cuidarse a sí mismos. Lo que hace unos años parecía una escena de Terminator, hoy empieza a tomar forma. 

Máquinas que no solo ejecutan tareas, sino que modifican su cuerpo, que no esperan instrucciones para seguir funcionando, sino que actúan sobre sí mismas para sobrevivir en condiciones imposibles. El metabolismo robótico abre una puerta inquietante, sí, pero también inevitable.

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