Crean un microrobot comestible capaz de administrar la medicación en el lugar exacto del dolor

Científicos desarrollaron un microrobot guiado por imanes, capaz de navegar por la sangre y administrar medicamentos de forma precisa, reduciendo los efectos secundarios.
Un equipo de investigadores ha desarrollado un microrobot que podría transformar por completo la forma en que se administran ciertos tratamientos médicos.
Se trata de un diminuto artefacto, del tamaño de un grano de arena, controlado mediante imanes, capaz de transportar fármacos directamente a zonas concretas del cuerpo y reducir los efectos secundarios de muchos medicamentos.
En un artículo publicado recientemente en la revista Science, los científicos explican: “Presentamos una plataforma microrobótica de administración de fármacos guiada magnéticamente, capaz de navegar con precisión en condiciones fisiológicas”.
Para lograrlo, el sistema combina navegación electromagnética clínica, un catéter de liberación diseñado a medida y una cápsula soluble que permite una administración terapéutica precisa.
En pruebas in vitro, el microrobot demostró una navegación exacta en modelos de vasculatura humana, mientras que los experimentos in vivo confirmaron su seguimiento mediante fluoroscopía y su navegación exitosa en modelos de animales grandes.
Bradley J. Nelson, autor principal del estudio y profesor de robótica y sistemas inteligentes en ETH Zurich, declaró al Washington Post que los avances representan solo el comienzo: “Creo que los cirujanos lo estudiarán. Estoy seguro de que tendrán muchas ideas sobre cómo utilizar el microrobot”.
Nelson explicó que la cápsula guiada por imanes también podría ser útil para tratar aneurismas, cánceres cerebrales agresivos y malformaciones arteriovenosas.
Este microrobot resuelve el problema de los medicamentos que se dispersan por todo el organismo en lugar de actuar únicamente en la zona necesaria. Puede ser dirigido con precisión por un cirujano mediante un dispositivo similar a un control de consola de videojuegos.
Su funcionamiento depende de seis bobinas electromagnéticas colocadas alrededor del paciente, que generan campos magnéticos capaces de mover la cápsula incluso en contra del flujo sanguíneo. El recorrido se monitoriza mediante rayos X y, una vez que llega al destino, el dispositivo se disuelve para liberar el fármaco.
A pesar de los resultados prometedores, la comunidad científica advierte que aún son necesarias más pruebas, y según sus creadores, esta tecnología podría tardar entre tres y cinco años en llegar a ensayos clínicos.