"Deberíamos parar ": Sam Altman cambia el foco y pide dejar la IA en segundo plano

El CEO de OpenAI propone dejar de obsesionarnos con la Inteligencia Artificial General y comenzar a imaginar tecnologías como las naves espaciales autorreplicantes.
En plena era dorada de la inteligencia artificial, cuando parece que todo el planeta está enfocado en cómo avanzar más rápido con esta tecnología, Sam Altman, CEO de OpenAI y una de las voces más influyentes en el desarrollo de modelos como ChatGPT, ha sorprendido al proponer un cambio de enfoque radical.
"Deberíamos parar", dijo en su cuenta de X. Y no lo dice cualquiera, lo afirma quien lidera uno de los laboratorios más influyentes en esta carrera. Su declaración, publicada en redes sociales, ha generado un debate cuanto menos interesante.
¿Está realmente pidiendo ralentizar el desarrollo de la IA? No exactamente. Lo que sugiere Altman es algo más sutil, pero igual de provocador, dejar de mirar solo a la IA como el futuro absoluto de la tecnología.
La llamada de Sam Altman a mirar más allá de la IA
La AGI, una IA que razone, aprenda y actúe con un nivel de autonomía y comprensión equiparable al humano, ha sido el santo grial de empresas como OpenAI, DeepMind o Anthropic. De hecho, muchos dentro y fuera de Silicon Valley han centrado sus predicciones en intentar averiguar cuándo llegará esta IA "todopoderosa". Sin embargo, Altman ha puesto el freno. Literalmente.
"Creo que deberíamos parar de discutir sobre en qué año llegará la Inteligencia Artificial General y empezar a debatir sobre cuándo despegará la primera nave espacial autorreplicante", dijo el CEO de OpenAI en su cuenta de la red social X.
La idea de sondas espaciales capaces de replicarse a sí mismas no es nueva, aunque hoy vuelve a tomar fuerza gracias al auge de la IA. El físico británico Zaza Osmanov ya planteó en su momento una hipótesis tan intrigante como inquietante, la de sondas impulsadas por IA, creadas por civilizaciones avanzadas, que ya estuvieran explorando nuestro sistema solar, según MysteryPlanet.
En su investigación, Osmanov sugiere que estas sondas podrían eludir por completo nuestros sistemas de detección actuales debido a su tamaño minúsculo y comportamiento autónomo. En otras palabras, podrían estar entre nosotros, y ni siquiera lo sabríamos.
Otros expertos en el ámbito aeroespacial han respaldado ideas similares. Uno de ellos es Robert Zubrin, conocido por sus trabajos sobre exploración interplanetaria.
Zubrin defiende que las sondas autorreplicantes, al poder construir réplicas de sí mismas utilizando materiales disponibles en asteroides o planetas, serían una solución extremadamente eficiente para expandir el alcance de una civilización más allá de su planeta de origen.
En teoría, esto permitiría una exploración galáctica exponencial sin intervención humana directa, reduciendo costes y riesgos, y acelerando nuestra llegada a lugares aún inalcanzables.
Pero, claro, no todos ven con buenos ojos este planteamiento. Mientras aún seguimos intentando comprender y controlar el desarrollo de la Inteligencia Artificial General (AGI), hablar de IA aplicada a sondas capaces de multiplicarse de forma autónoma parece, para muchos, prematuro.
Las críticas no se han hecho esperar, ya que algunos señalan los enormes desafíos éticos y técnicos que implicaría dejar que una tecnología así funcione sin supervisión. Otros alertan sobre los riesgos de un sistema autorreplicante que pueda perder el control o modificar ecosistemas alienígenas sin que sepamos las consecuencias.
Lo que está claro es que la reflexión lanzada por Sam Altman ha agitado el panorama. Su propuesta de dejar momentáneamente de lado la carrera hacia la AGI para imaginar tecnologías más ambiciosas, como las naves autorreplicantes, no solo apunta a nuevos horizontes científicos, sino que también invita a pensar en un futuro que, hasta ahora, parecía exclusivo de la ciencia ficción.