España se queda sin aviones de combate y cazas de sexta generación por culpa de una disputa entre Alemania y Francia

El plan de jubilar al Eurofighter y frenar la dependencia de los cazas de Estados Unidos ha saltado por los aires. El Ministerio de Defensa español ya había invertido millones de euros.

Triste, pero cierto. El sueño de una independencia europea en el campo militar se acaba de hundir por completo. Tras casi 10 años de negociaciones, cumbres y firmas de acuerdos, el programa FCAS (el Sistema de Combate Aéreo del Futuro) ha sido cancelado oficialmente.

Este plan no consistía solamente en fabricar un avión de guerra; la idea era crear un sistema militar completo de sexta generación que pretendía sustituir a los actuales Rafale franceses y a los Eurofighter de los ejércitos de Alemania y España. Lo que se buscaba era dejar de comprarle la tecnología a EEUU.

Y en un inicio parece que las cosas iban como la seda. El proyecto, que nació en 2017 de la mano de Emmanuel Macron y Angela Merkel, se diseñó como un sistema de sistemas. El caza principal iba a volar escoltado por enjambres de drones autónomos capaces de lanzar misiles, hackear radares enemigos y realizar tareas de reconocimiento.

Todo esto iba a estar conectado en tiempo real por la nube. Sin embargo, todo este sueño ha chocado de frente con la realidad: tras años de polémicas públicas, enfados y acusaciones, los tres países implicados han sido incapaces de ponerse de acuerdo.

¿Por qué ha fracasado el proyecto FCAS y cuál ha sido el motivo de la pela entre Airbus y Dassault?

La llegada de España al programa en 2019 no ha sido suficiente para calmar las aguas, pero todo este fracaso no tiene nada que ver con la capacidad a nivel de ingeniería de los europeos. El verdadero enemigo ha sido la desconfianza empresarial y el miedo a perder el control.

Por ejemplo, Dassault, que fabricaba el caza Rafale de forma independiente, miraba a Airbus por encima del hombro. Los franceses temían que, al compartir sus métodos de diseño con los ingenieros alemanes y españoles de Airbus, estos aprendieran sus secretos industriales y los utilizaran en el futuro contra ellos.

Por su parte, Airbus no podía aceptar un papel secundario en un avión que iba a ser pagado a partes iguales con los impuestos de los tres países, exigiendo un reparto de la carga de trabajo que fuera proporcional al dinero que daba cada uno. Ese miedo y celo a perder la propiedad intelectual es lo que realmente ha bloqueado todo este proceso.

Rizando el rizo, esta potencial unión también ha dejado al descubierto que, al final, las necesidades de cada país son distintas. Francia necesitaba que el nuevo caza pudiera despegar y aterrizar desde sus portaaviones y que estuviera preparado para transportar su armamento nuclear. Alemania, en cambio, buscaba un avión terrestre. España, mientras tanto, era un mero espectador.

A esto se le añade otro gran problema: las políticas de exportación. La industria militar francesa necesita vender sus cazas a terceros países para que la fabricación sea rentable, por lo que París exigía total libertad para buscar clientes en todo el mundo. Alemania, por el contrario, se negó totalmente en rotundo.

Como los plazos de desarrollo del FCAS no hacían más que retrasarse, los países europeos empezaron a entrar en pánico viendo cómo sus aviones actuales no paraban de quedarse atrás. De hecho, el propio gobierno alemán ya ha cerrado la compra de 35 cazas F-35A de fabricación estadounidense para poder cumplir con sus misiones nucleares dentro de la OTAN. Al final, el proyecto se ha quedado, tristemente, en la nada.

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Carolina González

Redactora

Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.