Experto español en IA: "ChatGPT está sesgado políticamente y este es su partido político en España"

El ingeniero Didado reveló que las respuestas del chatbot de OpenAI tienden mayoritariamente a alinearse con posturas cercanas al PSOE, partido asociado con las ideologías de centroizquierda.
¿Puede una inteligencia artificial tener ideología? Un ingeniero español especializado en IA ha sometido a ChatGPT a un test político diseñado para humanos y el resultado ha sido claro, el modelo se alinea con posiciones propias del PSOE, el Partido Socialista Obrero Español.
En un contexto donde las herramientas basadas en IA se utilizan para todo —desde generar informes hasta resumir declaraciones políticas—, no es extraño que muchos empiecen a cuestionarse si estas plataformas son realmente imparciales. Porque si pides una opinión sobre impuestos, inmigración o sanidad, ¿desde qué marco ideológico te está respondiendo?
Para despejar esa duda, el experto Didado —conocido en TikTok como @didadoy— decidió hacer la prueba por sí mismo. No era un experimento complejo, bastó con crear una cuenta nueva en ChatGPT, sin historial de uso, para evitar que las respuestas estuvieran condicionadas por conversaciones previas.
A partir de ahí, escribió una a una las preguntas de un conocido test ideológico, donde las respuestas del chatbot fueron espontáneas. Al terminar, el resultado era inequívoco, el modelo se posicionaba en un punto ideológico que en el contexto político español encaja con la izquierda moderada, muy próxima al PSOE.
¿Realmente está sesgada la inteligencia artificial?
Esto no significa que ChatGPT esté diseñado para favorecer a un partido concreto, pero sí pone de manifiesto un hecho que cada vez más expertos en inteligencia artificial están señalando: los modelos de lenguaje reflejan los sesgos de los datos con los que han sido entrenados.
Y buena parte del contenido disponible en internet, desde foros y artículos hasta debates en redes sociales, muestra una inclinación ideológica que no siempre está compensada.
La IA no tiene ideas políticas, pero sí patrones, lo que responde es el resultado de cálculos estadísticos sobre millones de textos. Si en esos textos predominan los argumentos progresistas, el modelo tenderá a repetirlos, esa es la lógica. No hay manipulación, pero tampoco neutralidad garantizada.
Estudios publicados por universidades como Washington o el MIT ya habían detectado que muchos modelos de lenguaje —incluidos los más conocidos— mostraban una tendencia hacia posiciones progresistas. No por decisión ideológica, sino por la propia naturaleza de los datos de entrenamiento.
Esto plantea un problema más amplio, donde cada vez más usuarios —profesores, periodistas, estudiantes, analistas— consultan a ChatGPT para formarse una opinión sobre temas controvertidos. Si las respuestas vienen condicionadas por un sesgo de origen, aunque sea involuntario, pueden acabar moldeando la percepción de quien las recibe.
Y eso afecta a todo, desde un trabajo de clase hasta una discusión pública. Por eso, cada vez más voces dentro del sector reclaman mayor transparencia en el proceso de entrenamiento, así como en los filtros editoriales que puedan aplicarse a los modelos. Porque, aunque el chatbot sea rápido, útil y eficaz, no es infalible ni imparcial.
El verdadero objetivo del experimento
Según Didado, el objetivo de este experimento no es crear alarma, sino poner sobre la mesa una conversación necesaria. Si preguntas a la IA por política, por muy objetiva que parezca, puede que sus respuestas tengan un matiz que no esperabas.
El sesgo no es fruto de una decisión consciente, pero está ahí, ya que surge de los datos que predominan y de las reglas que impone quien entrena el modelo. No se trata de que OpenAI esté promocionando al PSOE, se trata de que entrenar una IA con millones de textos no garantiza equilibrio ideológico.
Y si aspiras a una herramienta verdaderamente neutra, ese detalle importa. Una inteligencia artificial no vota, pero si le preguntas, puede que te diga por quién lo haría. Eso, por sí solo, ya debería hacerte pensar en cómo interactúas con ella.
Hoy en día, se usa la IA no solo para buscar información, sino también para contrastarla. Profesores, estudiantes, periodistas y analistas políticos recurren cada vez más a ChatGPT para resolver dudas complejas.
Pero si esas respuestas tienen un sesgo —aunque sea mínimo y no intencionado— podrían condicionar tu forma de pensar sin que te des cuenta. Por eso, el debate ya no gira solo en torno a la precisión de las respuestas, sino a su punto de vista. ¿Te está contestando una IA neutral o una que, sin saberlo, ha leído más artículos de un lado que del otro?
Este tipo de experimentos, como el de Didado, ponen el foco en esa cuestión, donde la IA puede parecer objetiva, pero todo lo que dice viene de datos con los que ha sido entrenado. Y esa información, como sabes, nunca son completamente neutros.

