El gran cinismo de las compañías de IA: "Pedir permiso a los artistas para usar su trabajo, mataría la industria de la IA"

Nick Clegg, ex-ejecutivo de Meta
Nick Clegg, ex-ejecutivo de MetaWikimedia

En el Reino Unido se está decidiendo en el Parlamento y en los tribunales la ley que define si la IA tiene derecho a "robar" contenido protegido por copyright. Hay división de opiniones.

Para muchas empresas, especialmente los grandes monopolios tecnológicos que tienen más dinero que países enteros, la ley solo hay que cumplirla... hasta que choca con tus intereses. Entonces hay que saltársela o cambiarla. Es lo que está pasando con la inteligencia artificial y el copyright.

Es una de las razones por las que muchas industrias hacen lobby, pagando grandes cantidades a partidos políticos y personas influyentes para que eliminen leyes en su contra, como estamos viendo con el ataque a las renovables y a los coches eléctricos en Estados Unidos y otros países. El lobby de las petroleras está haciendo bien su trabajo.

En el campo de la tecnología, las propias compañías de software llevan años regañando (y denunciando) a los usuarios por piratear, pero si piratear es necesario para sus intereses, no dudan en hacerlo a escala masiva, como ha hecho Meta al descargar millones de libros pirateados a través de P2P, para entrenar a su IA.

Las leyes del copyright son un estorbo para la industria de la IA

Estos días se está votando en el parlamento británico la Ley de Inteligencia Artificial. Miles de artistas han pedido que las compañías tecnológicas pidan permiso, antes de usar su trabajo para entrenar a la inteligencia artificial.

Una enmienda a la ley pedía que cada modelo de lenguaje indique qué datos protegidos por copyright se han usado para su entrenamiento pero, sorprendentemente, el Parlamento Británico ha votado en contra.

El Parlamento está dividido, y el Secretario de Tecnología, Peter Kyle, ha dejado claro por qué: "La economía británica necesita ambos sectores, el de la IA y el creativo, para triunfar y prosperar".

Las compañías de IA usan ese chantaje para saltarse el copyright: si no nos dejan "robar" el contenido protegido, la industria de IA del país X morirá, y nos ganará China.

Es lo que ha dicho Nick Clegg, ex-viceprimer ministro del Reino Unido, y ex-ejecutivo de Meta: "Si hay que preguntar a los artistas antes de usar sus datos, y no lo hacen otros países, básicamente matarías a la industria de la IA en este país".

El problema no es una cuestión de consentimiento, ni siquiera de una compensación. El problema son las consecuencias de ese consentimiento para los propios músicos, dibujantes, diseñadores gráficos, escritores, etc.

Las compañías de IA les piden sus creaciones de años para, básicamente, quitar el trabajo a muchos creativos. La mayoría serán sustituidos por la IA, ya lo estamos viendo con la IA que genera imágenes o que escribe artículos y libros. En Amazon ya se venden miles de libros escritos por la IA.

Y, a cambio, quienes se van a beneficiar son los cuatro o cinco monopolios de siempre: Microsoft, Google, Meta, Apple, etc. Porque aunque existan IA de código abierto, quienes van a controlar el negocio son los mismos de siempre.

Es indudable que la IA aportará muchos beneficios, y seguramente es inevitable que, incluso por la fuerza de la ley, acaben utilizando datos protegidos por copyright. Pero hay que llegar a un acuerdo con los profesionales creativos, porque no es solo una cuestión de dinero o de orgullo: su propio modo de vida está en peligro.

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