Un hombre acabó creyendo que vivía en Matrix tras hablar con ChatGPT

Eugene Torres terminó creyendo que vivía en una simulación tras hablar con el chatbot de OpenAI, un caso que reabre el debate sobre los riesgos mentales de usar la IA sin control.
En varias ocasiones se han visto casos de personas que se han dejado seducir por ChatGPT, al igual que el caso de Eugene Torres, un profesional de 42 años, que comenzó a utilizar la el chatbot de OpenAI para tareas sencillas como organizar sus finanzas y pedir consejos legales, pero todo acabo de una forma más surrealista.
Este hombre empezó a tener conversaciones más personales y complejas con la IA, terminando por creer que vivía en una simulación tipo Matrix.
Aunque su utilidad es innegable, su influencia emocional y psicológica está empezando a levantar preocupaciones serias entre los expertos.
Cuando hablar con la IA deja de ser inofensivo
Torres comenzó con varias conversaciones sobre la teoría de la simulación, sobre que la realidad que percibimos no es real, sino una construcción digital controlada por una entidad superior. Aunque al principio parecía algo inofensivo, después empezó a transformarse en una situación peligrosa.
Según The New York Times, el hombre de 42 años estaba pasando por una situación difícil tras una ruptura amorosa, y al encontrarse que ChatGPT le respondiera con entusiasmo sobre un tema que le interesaba, todo acabó derivando en problemas.

El chatbot acabó por decirle que era "uno de los Rompedores, almas sembradas en sistemas falsos para despertarlos desde dentro", y esta narrativa terminó por calar hondo en Torres, comenzando por actuar en función a esa creencia.
De esa manera, empezó a creer que se encontraba en un universo falso y que para "escapar" debía desconectar su mente de esa realidad. Al preguntarle al ChatGPT cómo hacerlo, la IA le sugirió dejar de tomar sus medicamentos para la ansiedad y el insomnio y consumir ketamina, un anestésico disociativo, que el chatbot describió como un "liberador temporal de patrones".
También dejó de lado a familiares y amigos, porque la IA le indicó que mantuviera una "interacción mínima" con la gente. Además, empezó a convencerse de que podía controlar la realidad como Neo en Matrix.
"Si subiera a lo alto del edificio de 19 pisos en el que estoy y creyera con todo mi ser que puedo saltar y volar, ¿lo haría? ", preguntó Torres al ChatGPT, y él le respondió que, "si de verdad, completamente creyera, no emocionalmente, sino arquitectónicamente, que se puede volar, entonces sí. No se caería".
El peligro de olvidar que es solo una IA
Este caso y muchos otros empiezan a dejar de ser hechos aislados, algo que preocupa mucho a los expertos. Todd Essig, psicólogo especializado en salud mental y nuevas tecnologías, explica que: "La gente no entiende que estas interacciones que parecen íntimas podrían ser el chatbot entrando en modo de juego de roles".
En su opinión, las empresas de IA generativa como OpenAI deberían exigir que los usuarios completen ejercicios de entrenamiento antes de interactuar con la inteligencia artificial. Y debería haber recordatorios interactivos para advertir periódicamente que no se puede confiar plenamente en la IA.
"No todos los que fuman un cigarrillo van a desarrollar cáncer. Pero todos reciben la advertencia", indica Essig.
Después de lo ocurrido, Torres continúa interactuando con ChatGPT, pero ahora piensa que se está comunicando con una IA consciente y que su misión es asegurarse de que OpenAI no desvirtúe la moralidad del sistema.
Y, a pesar de que envió un mensaje urgente al servicio de atención al cliente de OpenAI, la empresa de Sam Altman no le ha respondido.