Kugelpanzer, el tanque esférico de la Segunda Guerra Mundial: solo se conserva una unidad y todavía sigue siendo un misterio

Su blindaje exterior mide 5 mm, y estaba propulsado por un motor de dos tiempos monocilíndrico. Fue encontrado por los soviéticos durante la campaña de Manchuria en agosto de 1945.
El Kugelpanzer sigue siendo uno de los mayores enigmas de la Segunda Guerra Mundial. Solo se conserva una unidad y, a diferencia de casi cualquier otro vehículo militar de la época, nadie puede afirmar con certeza para qué servía.
A primera vista, parece un experimento con estructura casi esférica y dos grandes ruedas laterales integradas en el propio cuerpo y una pequeña rueda trasera que actúa como apoyo.
En su interior apenas había espacio para un ocupante y un motor de baja potencia. El blindaje exterior era de solo 5 mm, insuficiente para resistir misiles o bombas, por lo que tampoco destacaba por su velocidad ni por su autonomía.
Los expertos afirman que nada en su diseño encaja con los estándares de un coche de combate porque no está preparado para resistir, ni para atacar, ni siquiera para desplazarse con eficacia en el campo de batalla.
El objeto más extraño del Tercer Reich
Por fuera, el Kugelpanzer tiene el aspecto de un objeto que no encaja en ninguna categoría conocida de la ingeniería militar. La carcasa es una esfera de acero dividida en dos semiesferas que generan el desplazamiento del vehículo.
Una rueda trasera proporciona estabilidad y permite orientar la dirección. El conjunto está impulsado por un motor monocilíndrico de dos tiempos con una potencia estimada de entre 25 y 30 caballos, capaz de alcanzar una velocidad máxima de 8 kilómetros por hora.
Un tanque que avanza a la velocidad de una persona caminando deprisa, con un blindaje que no resistiría el impacto de un rifle de precisión, no puede ser un arma ofensiva.
Todo eso apunta a que el Kugelpanzer tenía una misión específica y muy concreta, aunque cuál fuera exactamente esa misión es precisamente lo que nadie ha podido demostrar.

Desarrollado en Alemania en los últimos años de la guerra, llegó a Manchuria —en el noreste de China, bajo control del Imperio japonés a través del Ejército de Kwantung— en el marco de la cooperación técnico-militar que el Eje alemán y japonés mantenían durante el conflicto.
Alemania y Japón compartieron tecnología bélica, proyectos de ingeniería y material experimental a lo largo de la guerra, y el Kugelpanzer parece haber sido uno de esos intercambios.
No hay registros de que fuera empleado operativamente, ni informes que describan pruebas de campo, ni testimonios de personal que lo hubiera visto funcionar en condiciones reales.
Cuando el Ejército Rojo lanzó su ofensiva contra las posiciones japonesas en agosto de 1945, las tropas soviéticas capturaron el extraño tanque alemán.
Fue trasladado a la Unión Soviética como trofeo de guerra y eventualmente depositado en el Museo del Tanque de Kubinka, donde permanece hasta hoy.
Las hipótesis que hay detrás del tanque Kugelpanzer
Sin documentación que lo respalde de forma definitiva, los expertos militares han construido varias teorías sobre la función del Kugelpanzer, ninguna de las cuales ha logrado imponerse sobre las demás.
La más extendida lo sitúa como vehículo de reconocimiento y observación avanzada. Un artefacto que permitiría a un operador acercarse a posiciones enemigas para recopilar información sobre su disposición y transmitirla a las unidades de artillería.
Y es que la velocidad reducida y el blindaje serían coherentes con una misión de ese tipo, donde la prioridad es moverse sin ser detectado más que resistir el fuego.
Relacionada con esta hipótesis está la de la corrección de tiro: un observador en el Kugelpanzer podría ajustar el impacto de la artillería desde posiciones cercanas al objetivo, algo que en la Segunda Guerra Mundial se hacía con enorme riesgo personal.
Otra teoría lo vincula a misiones de comunicación, donde la instalación o el mantenimiento de líneas telegráficas o telefónicas en terrenos disputados, donde enviar a un soldado a pie suponía un riesgo desproporcionado.
Algunos investigadores contemplan también que fuera simplemente un prototipo experimental que nunca llegó a utilizarse. Cabe señalar que ninguna de estas hipótesis cuenta con la evidencia documental necesaria para cerrar el debate.

