El oro blanco de la tecnología: el litio, uno de los elementos más codiciados del planeta

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El litio es considerado como el oro blanco de la industria tecnológica y, aunque China mantiene el liderazgo mundial de su refinado, no es el mayor productor.
Ocupa el tercer puesto de la tabla periódica, es el metal más ligero del planeta Tierra y una de las materias primas más codiciadas por la industria tecnológica. ¿Sabes ya cuál es? El litio es considerado como el "oro blanco" en todo el mundo y tiene mucho que ver con su característico color gris plateado, pero también por ser el centro sobre el que se articulan muchísimas de las tecnologías que usamos cada día, desde el móvil desde el que lees esto hasta los vehículos eléctricos. Su importancia es tal para el sector tecnológico que, según el Servicio Geológico de Estados Unidos –USGS por sus siglas en inglés–, en el último ejercicio se alcanzó una producción mundial de 290.000 toneladas métricas de litio contenido, con un crecimiento espectacular del 30% respecto a períodos anteriores.
La extracción global de este mineral, no obstante, está bastante controlada por organizaciones como el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM) y la Agencia Internacional de la Energía (IEA), que también han advertido sobre efectos adversos a nivel medioambiental y sus consecuencias sobre el conjunto de la cadena de suministro mundial.
A diferencia de lo que ocurre con las ya conocidas tierras raras, en las que China es un líder indiscutible, en el terreno del oro blanco es un país latinoamericano el que tiene la mayor parte de las reservas a nivel mundial.
Es Chile, con reservas de 9.200.000 toneladas métricas, seguido por Australia, con 6.800.000 de toneladas métricas. En el tercer puesto, ya aparece el gigante asiático, con 4.600.000, aunque seguido muy de cerca por Argentina (4.400.000) y Estados Unidos (4.400.000). Sea como sea, en un mercado muy tensionado también por los conflictos e intereses geopolíticos.
El triángulo del litio, un paradigma en la hegemonía del refinado
Al igual que ocurre con elementos tan codiciados como el petróleo, en el negocio del litio hay que diferenciar claramente entre los países productores –los que poseen y extraen el material– y los que lo refinan –el procesado necesario para su utilización posterior–.
En primer lugar, aparece lo que se conoce como el triángulo del litio, concentrado entre Chile, Argentina y Bolivia. Este último país cuenta con una de las mayores bases de recursos a nivel mundial, con 23 millones de toneladas en el Salar de Uyuni, pero también Argentina mantiene 28 millones de toneladas con el Salar del Hombre Muerto y Chile otros 13 millones con el Salar de Atacama. Todas ellas como lugares aislados de producción y sin sumar el total a nivel nacional.
La extracción del litio en este tipo de salares requiere de un período de entre 12 y 18 meses para obtener el carbonato de litio, ya que también se tiene que bombear salmuera hacia balsas de evaporación solar, algo parecido a lo que ocurre con la extracción de sal marina, pero en un proceso algo más enrevesado.
Pero dentro de este modelo de extracción también hay que considerar el de la minería de roca dura, que ha sido históricamente liderada por Australia, mediante la extracción en los yacimientos de rocas ígneas. Hacen falta más recursos y capacidad de energía, pero los ciclos de producción son mucho más rápidos que mediante las salmueras.
Por eso, aunque el triángulo de litio sea tan importante, Australia lidera la extracción mineral anual de litio, según la USGS, con 92.000 toneladas métricas; en segundo lugar, con las 62.000 toneladas métricas de China y, en este mismo podio, con las 56.000 toneladas métricas de Chile en tercer lugar, la primera salmuera con mayor producción.
Pero los niveles de producción no quieren decir nada, ya que el refinado del material es aún más importantes. A nivel químico, lo esencial es poder convertir el concentrado bruto en hidróxido de litio o carbonato de litio con una pureza igual o superior al 99,5%, capacidades que suelen estar en manos de grandes potencias industriales, como precisamente es China.
El gran poderío de China y las consecuencias de la extracción del litio
Para ejemplificar el gran poder de China en esta industria, hay que entender cómo funciona el reparto del mercado. Si la producción de Australia, por ejemplo, es del 32% sobre la extracción del Litio, aproximadamente un 70% del poder recae sobre la refinería química que realizar China, con un porcentaje aún superior en lo que tiene que ver con su uso, mayormente para cátodos y celdas de baterías eléctricas.
Y el mercado más allá del litio abarca aún más, como las tierras raras, sobre las que China mantiene el control del 65% del total mundial en la extracción, unas 390.000 toneladas métricas anuales según las mismas fuentes, controlando hasta el 88% en lo que se refiere a refinería química, también para la fabricación de imanes, vitales para motores eléctricos y sistemas de guiado aeronáutico.
Más del 68% de la refinería mundial concreta del litio también pertenece a China, así como la producción de elementos tecnológicos para baterías, por lo que en la práctica este gigante controla el mercado mundial. Muy por detrás aparecen otros actores como Brasil, Australia o Estados Unidos.
Y eso tiene consecuencias medioambientales sobre el planeta Tierra. Por poner un ejemplo, en el Salar de Atacama o la Puna Argentina, la evaporación de salmuera consume millones de litros de agua por cada tonelada de litio, con su impacto negativo sobre los acuíferos locales y las comunidades indígenas que dependen históricamente de estos.
En el otro lado del globo, Australia o África generan emisiones importantes en lo que tiene que ver con el proceso de extracción minera, ya que se requieren de procedimientos que suelen superar temperaturas de 1.000 grados centígrados.
A nivel geopolítico, ya ha habido movimiento por parte de Estados Unidos para disputarle la hegemonía en esta industria a China, como el Inflaction Reduction Act (IRA), que exige que el 80% de los minerales de baterías provengan de países con TLC, que son créditos fiscales federales relacionados con tecnologías verdes, como la solar, el hidrógeno, etc.
Así como la Unión Europea con el Critical Raw Materials Act (CRMA), que establece el objetivo de procesar el 40% del consumo interno y no depender más de un 65% de un solo proveedor externo para 2030, un objetivo bastante ambicioso en el reparto de poder del mercado mundial actual.
En definitiva, cuando veas una batería de litio en tu portátil o en cualquier otro dispositivo electrónico, recuerda siempre que detrás de ella hay un proceso extractor complejo, una refinería dedicada y, por supuesto, un reparto importante del poder económico y político a nivel mundial.