El padre de la IA estalla por las falsedades de la inteligencia artificial: "¡Deja de llamarlo AGI!"

Computer Hoy/Montaje

Geoffrey Hinton ha expresado su preocupación por el rumbo de empresas como OpenAI, que aseguran crear IA para el bien de la humanidad, pero en realidad persiguen intereses financieros.

Geoffrey Hinton, uno de los nombres más importantes en la historia de la inteligencia artificial, ha decidido romper el silencio que mantenía hasta ahora para lanzar una advertencia sobre hacia dónde se está dirigiendo uno de los grandes protagonistas del sector: OpenAI

A través de la red social X, ha compartido su preocupación por los planes de la compañía para transformarse en una empresa con ánimo de lucro, una maniobra que él y otros expertos consideran que pone en riesgo la misión original de la organización y, en definitiva, la seguridad de la IA.

Lo que hay detrás de este desencuentro no es solamente un debate sobre estructuras corporativas, sino una discusión mucho más profunda sobre cómo se gestiona una tecnología que podría cambiar el mundo por completo en los próximos años.

Hinton, que ayudó a desarrollar las bases técnicas de la inteligencia artificial que hoy vemos en aplicaciones como ChatGPT o Gemini, se ha posicionado firmemente al lado de quienes exigen que se mantenga un control riguroso y un compromiso claro con el bien común.

Las falsedades que rodean a la inteligencia artificial

El padre de la IA no es cualquier experto; es un pionero del aprendizaje profundo, la base que sustenta gran parte de la inteligencia artificial moderna. Su trabajo, iniciado hace décadas, permitió que los sistemas que ahora utilizas en tu móvil o en aplicaciones sean posibles. 

Por eso, cuando él habla, su opinión tiene peso, sobre todo en un momento en que la IA avanza rápido, pero también genera dudas y miedos. Desde los primeros años, la IA se desarrolló en ambientes principalmente académicos, pero también de investigación. 

Pero el auge reciente ha desplazado esa dinámica hacia un escenario dominado por grandes corporaciones, con presiones financieras y estratégicas que influyen en cómo se presenta y despliega esta tecnología. En este contexto, Hinton ha alzado la voz para recordar que la seguridad y la ética no pueden quedar relegadas.

Lo más importante de su crítica está en desmontar lo que él llama "falsedades" en torno a la IA. Por ejemplo, señala que términos como AGI se están usando de forma errónea. Cuando ciertos sistemas son "inteligencia general", la realidad es que no cumplen con los requisitos técnicos para ello. 

Ni ChatGPT ni los modelos más avanzados de Google son AGI, y esta confusión no es inocente. A menudo, se trata de un fenómeno alimentado por campañas de marketing, la urgencia por captar inversores o el deseo de impresionar a la opinión pública. 

Como resultado, se generan expectativas irreales y, en ocasiones, una alarma exagerada. Para los usuarios significa que la información que se recibe sobre la IA puede estar sesgada o ser imprecisa, dificultando que entiendas qué puede hacer realmente esta tecnología y qué riesgos implica.

Si te preguntas por qué es tan importante esta controversia, basta con tener en cuenta que OpenAI es una de las empresas que lidera la investigación y la implantación de sistemas basados en IA, como ChatGPT. 

El hecho de que grandes inversores, entre ellos SoftBank y Microsoft, estén interesados en este giro hacia el lucro, añade complejidad y tensión al asunto. Más allá de las cifras millonarias, lo que está en juego es la forma en que esta tecnología evoluciona y quién marca sus prioridades.

Los riesgos de la desinformación en la IA

Además, Hinton no solo ha hablado del modelo empresarial, sino también ha expresado su frustración con la confusión que existe en torno a qué es realmente la inteligencia artificial general. En sus mensajes, deja claro que muchos de los sistemas que hoy se venden como AGI no lo son. 

En su opinión, hay una tendencia a exagerar las capacidades de estas tecnologías, algo que alimenta expectativas desproporcionadas y dificulta el debate honesto sobre sus límites y riesgos.

Este punto es crucial, porque cuando las empresas emplean términos técnicos sin rigor, o los utilizan para impresionar al público o a los inversores, el resultado es una percepción distorsionada que puede llevar a decisiones regulatorias inadecuadas y a una gestión irresponsable de la tecnología. 

En definitiva, estas falsas promesas no solamente perjudican la credibilidad del sector, sino que también pueden poner en peligro la seguridad y la confianza social en la IA.

La revolución de la inteligencia artificial está en marcha, pero para que sea positiva, la comunidad tecnológica, los reguladores y los usuarios deben garantizar que no se base en falsas promesas ni se sacrifique el interés público por beneficios económicos inmediatos.

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