Peter G. Kirchschlager, profesor de ética: “La IA no es ni será tu amigo, compañero ni agente, son y siempre seguirán siendo máquinas”

Montaje/Pexels

No conviertas a ChatGPT en tu “amigo” o podría ser un gran error en el futuro. Experto afirma que no ver la IA como máquina conlleva riesgos sociales, éticos y morales.

Las situaciones que se veían en las películas de ciencia ficción hace un tiempo, hoy en día extrañamente se están haciendo realidad y pocos se dan cuenta. Como explica el profesor de ética, Peter G. Kirchschlager, la inteligencia artificial se está volviendo cada vez más realista y cuenta con un lenguaje natural que se asemeja mucho al de los humanos.

Bill Gates tenía razón sobre los avances en estas herramientas, pues ChatGPT lo ha demostrado tanto en sus respuestas de textos, como en el modo de voz y otras características. De hecho, está Sesame AI, que es considerada como una de las más avanzadas en cuanto a conversación directa con asistentes virtuales.

Estas mismas características, que sirven para que los usuarios se sientan más cómodos a la hora de comunicar sus indicaciones o prompts, también están generando cierto apego a los chatbots y eso tiene que parar ya mismo.

Distintos neurocientíficos especializados en el área han confirmado que la dependencia hacia esta tecnología es una desventaja para el cerebro, pero el problema es mayor cuando se trata a la IA como otro ser humano, es decir, sentir emociones por ella o convertirla en un “amigo”, como la promocionan muchos sitios. No es más que una máquina y el mencionado experto ha explicado por qué es una situación preocupante.

Nunca uses la IA como un amigo, familiar o compañero: “solo son sistemas basados ​​en datos”

Actualmente, se ha comprobado que muchos usuarios le dan gracias a la inteligencia artificial solo por miedo a que se “rebele” contra la humanidad, mientras que cada vez hay más casos en los que esos asistentes virtuales son utilizados para pedir consejos psicológicos y médicos, algo que nunca se debería hacer.

De hecho, la misma inteligencia artificial te lo advierte, no tiene emociones y siempre es mejor consultar con profesionales. A pesar de eso, cada vez hay más personas que hablan con los chatbots como si fueran “compañeros” y las promociones en varios sitios webs dicen que se convertirá en un “amigo”.

Peter G. Kirchschlager cree que esto es un error, pues solo se trata de un conjunto de herramientas que imitan algunas características cognitivas del ser humano para adaptarse mejor a lo que se necesita y, según su red neuronal, otorgar las respuestas que solicitas a través de los prompts.

El experto teólogo y filósofo austriaco piensa que en un punto esta situación podría salirse de control. Según lo explicado por el análisis propio que comparte en Project Syndicate, donde describe a la inteligencia artificial como solo “sistemas basados en datos (SD)”, por lo que no tienen la capacidad de comprender de verdad las emociones o la moralidad social. 

Tras varios procesos, la información que almacena durante su entrenamiento es la que otorga al conversar con ella, siguiendo así una serie de patrones que, sin esos datos, no serviría de nada. No son más que una simple máquina y por eso no se debe considerar como otro ser viviente o humano con consciencia.

Esto quiere decir que no pueden juzgar en implicaciones morales, éticas y desarrollo, no pueden generar una comprensión desde cero o profunda ni entender cómo sentimos. Por lo tanto, no es que se esté volviendo más inteligente, sino que usa la información ya creada parra reciclarla y simular una comprensión o hacer descubrimientos nuevos.

De esta forma, el especialista comenta que sus tareas son limitadas a cosas realmente específicas, como el hecho de procesar datos, cálculos, código, y realizar acciones repetitivas, más no obtener inteligencia social y emocional.

¿Por qué creer que la inteligencia artificial tiene consciencia y emociones es un problema?

Hay varios riesgos si Copilot, ChatGPT, Gemini y otros asistentes virtuales se usan inadecuadamente como “amigos”. Principalmente, impactaría en el ámbito social, ya que se está hablando de una situación donde se confía ciegamente en una máquina y eso es completo error, sobre todo cuando hay posibilidades de que se presenten alucinaciones, sesgos y otros inconvenientes durante su uso.

Dependiendo del entrenamiento y la probabilidad de fallos, es posible que se genere el “problema de la caja negra”, un obstáculo que impide saber por qué la IA toma una decisión en específico, pero sin saber por qué lo ha hecho ni de dónde proviene.

Fácilmente, podría vincularse con el comienzo de una AGI, pero eso está muy lejos de suceder y la capacidad actual de los chatbots es limitada, no comprende, no tiene singularidad, no es como los humanos. Como una posible solución a esto, se explica que hay que basarse más en entrenamientos con derechos humanos y considerar crear una nueva organización que luche por estas normativas en la ONU para mitigar los riesgos éticos.

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