Satya Nadella de Microsoft cerca de convertirse en un nuevo Elon Musk para Sam Altman

La relación entre Microsoft y OpenAI se resquebraja por diferencias sobre la IA general, el control de tecnología y la dependencia mutua en productos como Copilot.
Microsoft y OpenAI llevan años caminando de la mano, posicionándose como una de las alianzas más poderosas en el desarrollo de inteligencia artificial.
La inversión de 13.000 millones de dólares por parte de la empresa de Satya Nadella fue un paso decisivo para que la empresa de Sam Altman alcanzara la cima del sector, impulsando ChatGPT hasta rozar los mil millones de usuarios y una valoración que supera los 300.000 millones de dólares.
Sin embargo, lo que parecía una relación perfecta entre Microsoft y OpenAI, se está llenando de grietas, según indica el Wall Street Journal. Hoy, voces cercanas a ambas compañías aseguran que las tensiones entre sus líderes, Altman y Nadella, son más evidentes que nunca. ¿Estamos ante una nueva guerra como la de Sam Altman contra Elon Musk?
¿Ruptura a la vista entre Microsoft y OpenAI?
La discrepancia entre ambos no es reciente, pero ha cobrado fuerza con el crecimiento exponencial de la IA y las expectativas sobre su futuro. En el centro de este distanciamiento está un tema clave, la inteligencia artificial general (IAG).
Mientras Altman insiste públicamente en que su desarrollo está a la vuelta de la esquina, Nadella se muestra mucho más escéptico y crítico ante esas afirmaciones. Esta diferencia de visiones ha generado cierto malestar interno, especialmente porque Microsoft es uno de los principales financiadores de la empresa que dirige Altman.

Además, otro foco de conflicto ha sido la potencia informática que Microsoft suministra a OpenAI. Aunque la infraestructura de Azure ha sido fundamental para entrenar modelos como GPT-4, en Redmond no están satisfechos con la falta de acceso completo a los modelos más avanzados de la startup.
Desde la compañía de Altman, por su parte, consideran que Microsoft busca controlar demasiado y que la dependencia tecnológica se está convirtiendo en un riesgo estratégico.
La tensión se agrava con Copilot, la herramienta de IA integrada en Windows, Office y otros productos de Microsoft. Nadella quiere posicionarlo como el principal asistente inteligente del mundo, pero para ello necesita reducir su dependencia de OpenAI.
En un intento por conseguirlo, fichó a Mustafa Suleyman, cofundador de Google DeepMind, para liderar una división de IA propia dentro de la empresa. Sin embargo, el desarrollo no ha avanzado como se esperaba, lo que ha obligado a Microsoft a seguir dependiendo del músculo tecnológico de OpenAI.
Y aquí llega uno de los puntos más delicados. OpenAI planea convertirse en una empresa con fines de lucro más tradicional, lo que implica una reestructuración corporativa que podría poner en peligro la inversión y el acceso preferencial que Microsoft tiene ahora.
En respuesta, la empresa de Nadella podría bloquear este movimiento, lo que supondría un duro golpe financiero para la compañía de Altman. Pero la startup no se quedaría de brazos cruzados, ya que su junta podría activar una cláusula que limitaría el acceso de Microsoft a sus modelos más avanzados, lo cual afectaría directamente al desarrollo de Copilot y otros productos de IA de los de Redmond.
El deterioro de la relación también quedó patente durante el juicio antimonopolio contra Google. Allí, un responsable de producto de OpenAI reveló que habían contactado con ellos para explorar una colaboración, citando problemas graves con los datos de Bing, el motor de búsqueda de Microsoft que actualmente alimenta a ChatGPT.
Este gesto no pasó desapercibido y fue interpretado por algunos como un intento de diversificar socios ante las crecientes tensiones con Microsoft.
A pesar de todo, Satya Nadella y Sam Altman aún mantienen comunicación semanal, aunque ya no intercambian mensajes constantemente como en el pasado. La relación, que una vez fue estrecha y fluida, se ha vuelto más formal y tensa.
La gran pregunta es si esta distancia es temporal o el preludio de un verdadero "divorcio tecnológico" entre dos de los nombres más influyentes en el mundo de la inteligencia artificial.