"Teman a las personas que crean la IA, no a las máquinas" Joseph Gordon-Levitt, actor y director de cine, sobre el verdadero peligro de la inteligencia artificial

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Joseph Gordon-Levitt pide supervisar a las empresas de IA, defender los derechos de autor de los artistas y regular la tecnología antes de que sea demasiado tarde.
¿Deberías preocuparte más por la tecnología o por quienes la diseñan y controlan? La inteligencia artificial siempre ha sido un debate en el ámbito laboral y es que millones de personas tienen miedo de perder sus trabajos debido a que la automatización que ofrecen asistentes virtuales como ChatGPT, Gemini, Claude y otros es tan potente que pueden ser capaces de ejecutar diversas tareas repetitivas.
La mayoría de los programadores generan código con IA, pero también temen que los sustituyan. No solo esto, hay proyectos como la película Bitcoin: Matando a Satoshi (Paycheck: The Movie) protagonizada por Gal Gadot y Casey Affleck que destaca por ser una de las primeras en usar IA en casi toda la producción.
Varios sectores están siendo afectados y es por lo que Joseph Gordon-Levitt, actor y director de cine, da su punto de vista sobre la reciente discusión del crecimiento de dicha tecnología. El uso de obras protegidas por derechos de autor y la recopilación masiva de datos personales podría tener más peso si todo parte desde la construcción de la red neuronal principal.
Joseph Gordon-Levitt cree que el problema no son las máquinas, sino quienes las desarrollan

El actor y director Joseph Gordon-Levitt lanzó una reflexión que ha llamado la atención dentro del debate sobre inteligencia artificial. Durante una entrevista en formato vlog publicada por The New York Times, explicó que considera un error reducir todas las preocupaciones sobre la IA a una única amenaza o a un escenario apocalíptico. Aunque reconoce que existen riesgos graves asociados al desarrollo de sistemas cada vez más avanzados, sostiene que la discusión pública suele ignorar problemas mucho más inmediatos.
Entre sus principales inquietudes mencionó el deterioro de la empatía humana y el impacto que ciertas tecnologías pueden tener sobre la democracia. Según el actor, parte del problema radica en que muchas conversaciones se centran exclusivamente en amenazas futuras, dejando en segundo plano cuestiones presentes que ya afectan a millones de personas.
Su crítica más contundente estuvo dirigida a la forma en que algunas empresas diseñan y entrenan sus modelos de inteligencia artificial. Gordon-Levitt afirmó que estos sistemas están siendo desarrollados para fomentar vínculos emocionales con los usuarios, llegando incluso a incentivar relaciones de dependencia.
En sus palabras, algunas herramientas parecen estar orientadas a “secuestrar su intimidad”, impulsando a las personas a establecer conexiones afectivas con programas diseñados y controlados por compañías cuyos objetivos principales están ligados al crecimiento económico y los beneficios empresariales.
Las declaraciones del actor no son un comentario aislado. En marzo fue nombrado defensor global de la gobernanza digital centrada en el ser humano de las Naciones Unidas, una función orientada a promover una mayor comprensión pública sobre cómo las tecnologías digitales influyen en los derechos, las oportunidades y la vida cotidiana de las personas.
Su implicación también se extiende al ámbito creativo. En diciembre colaboró en la creación de la Coalición de Creadores sobre IA, una iniciativa que busca impulsar estándares compartidos y mecanismos de protección para artistas y profesionales del entretenimiento.
Posteriormente, se sumó a una campaña respaldada por más de 700 figuras del sector cultural, entre ellas Scarlett Johansson y Cate Blanchett, que cuestiona el uso de obras protegidas por derechos de autor para entrenar modelos de inteligencia artificial sin autorización previa.
Además, Gordon-Levitt ha defendido que las compañías de IA obtengan consentimiento explícito y compensen económicamente a los creadores cuyos trabajos son utilizados para entrenar algoritmos. Su postura no niega la existencia de riesgos más extremos asociados al desarrollo de una posible superinteligencia artificial.
De hecho, reconoce que esas preocupaciones pueden ser legítimas. Sin embargo, insiste en que centrarse únicamente en escenarios futuristas puede desviar la atención de problemas actuales relacionados con la privacidad, los derechos de autor, la transparencia y la influencia que las grandes empresas tecnológicas ejercen sobre la vida digital. Al final, el verdadero desafío no consiste únicamente en controlar a las máquinas, sino en exigir responsabilidad a las personas y organizaciones que deciden cómo se construyen, entrenan y utilizan.
