Yuval Noah Harari, experto mundial en IA: "Una bomba podría destruir ciudades enteras, pero no podría decidir qué ciudad bombardear. La IA puede hacerlo"

La IA ya está tomando decisiones en áreas muy críticas como quién recibe un préstamo bancario o quién consigue un trabajo y eso puede ser el principio de nuestro fin.
Yuval Noah Harari, historiador, filósofo y autor de libros como "Sapiens" y "Homo Deus", es una de las voces más respetadas en lo que a inteligencia artificial se refiere, aunque ciertamente sus palabras siempre van acompañadas de malos augurios.
Esta no es la excepción y, tal y como comentó en una entrevista, la IA ya está tomando decisiones en áreas muy críticas de nuestras vidas: quién recibe un préstamo bancario, quién consigue un trabajo, quién es sacado de cárcel o condenado. Y estos no son juicios humanos, sino dictados por algoritmos que no siempre se entienden.
Además, considera que ya hay algoritmos que filtran la información en redes sociales o que dirigen la publicidad y que estos al final están influyendo en cómo piensas, qué crees y cómo interactúas, creando a veces cámaras de eco donde solo escuchas lo que ya piensas,
"La imprenta podría imprimir nuestros libros, pero no crear uno nuevo. Una bomba podría destruir ciudades enteras, pero no podría decidir qué ciudad bombardear. La IA puede hacerlo", comenta. "Tenemos la tecnología de información más sofisticada de la historia y al mismo tiempo estamos perdiendo la capacidad de hablar entre nosotros, de escucharnos", añade.
Para este no es solo un tema técnico o económico, sino que toca las estructuras profundas de cómo el ser humano vive, trabaja y conecta con otros humanos. La solución, tal y como comenta, se debería centrar en romper con esa hiperconectividad o dependencia total de la tecnología. Todavía hay tiempo de controlarlo y ajustar políticas que sean en beneficio de las personas.
El gran problema son los gobiernos y grandes corporaciones que hay por detrás, la gran cantidad de dinero que esto mueve y, por lo tanto, las pocas ganas de muchos por evitar un mal mayor.
"La IA aprende a simular emociones y acabará engañándonos a todos"
En otra entrevista, Harari explicó que la IA actual ya no solo imita la inteligencia humana, sino que se está volviendo experta en simular emociones y sentimientos que parecen tan reales que asusta. "Incluso si la IA no tiene sentimientos ni conciencia, se vuelve muy buena fingiendo tenerlos", comenta.
El experto deja sobre la mesa la advertencia de que esta habilidad podría conducir a una 'convención social' donde se asignen derechos y consideraciones a las IA por el simple hecho de parecer conscientes, aunque no lo sean de verdad. Esto es algo que comienza a verse en EEUU, donde más del 70% de adolescentes ha interactuado con bots como Grok, mientras la generación Z utiliza ChatGPT como psicólogo 24/7, accesible y barato.
Aquí el peligro está en delegar decisiones importantes o buscar apoyo emocional en sistemas que solo procesan datos sin entender realmente cómo funciona el ser humano. Por si fuera poco, si se desarrolla una inteligencia artificial superinteligente (algo que varias compañías persiguen) la humanidad podría estar jugando a ser un dios y eso realmente sería el principio de nuestro fin.
Y rizando el rizo, considera que el mundo que conoces está cambiando tan rápido que ya nadie tiene idea de qué será de la humanidad en dos o tres décadas.
Afirma que este momento es único en la historia porque, a diferencia de otras épocas en las que la vida era previsiblemente parecida para los hijos, ahora ni siquiera se sabe cuáles serán los trabajos o la estructura económica de un futuro no tan lejano. Lo peor de todo esto, como ves, es que ya se escapa totalmente del control humano.
Ejemplifica con los profesores que ya no saben qué enseñar porque no está claro qué necesitarán las próximas generaciones. De hecho, advierte que la programación, que durante años fue vista como la profesión del futuro, podría desaparecer como trabajo humano porque la IA está aprendiendo a programar y lo hace mejor cada día.
"No es solo que no sepamos cuál será la situación política, sino que no tenemos ni idea de cómo serán la economía, el mercado laboral, ni qué puestos de trabajo habrá", comenta. "Sabemos que muchas profesiones actuales van a desaparecer, surgirán otras, pero no sabemos cuáles", añade.


