Abren una lata de salmón caducada hace 50 años: lo que encontraron ha revolucionado la ciencia marina

Científicos encontraron anisákidos, pequeños gusanos marinos bien conservados, y reconstruyeron cómo han evolucionado estos parásitos a lo largo de más de 40 años.
Un lote de latas de salmón olvidadas en un almacén entre 1970 y 2021 ha acabado convertido en una de las bases de datos más inesperadas de la ciencia marina reciente.
Un estudio publicado en la revista Ecology and Evolution revela que esas conservas, originalmente guardadas para control de calidad permiten reconstruir décadas de cambios en los ecosistemas del Pacífico Norte a través de los parásitos ocultos en el pescado.
Durante años, una asociación de productores de salmón de Seattle, Estados Unidos, acumuló latas de distintas especies para verificar la calidad de sus productos.
Con el tiempo quedaron relegadas a estanterías y, cuando ya estaban muy caducadas, su destino parecía el vertedero. Pero antes de que eso ocurriera, un grupo de investigadores de la Universidad de Washington las analizó.
Se encontraron con un registro continuo de salmón capturado en el Golfo de Alaska y la Bahía de Bristol desde finales de los años setenta hasta bien entrado el siglo XXI.
Abrieron cada una, extrajeron los filetes y comenzaron a buscar algo muy concreto en su interior, no sabores ni texturas, sino pequeños gusanos incrustados en la carne.
Parásitos marinos de Alaska
Al diseccionar los filetes, los científicos encontraron parásitos anisákidos, unos nematodos marinos comunes en peces y mamíferos del océano.
En condiciones normales, estos gusanos pueden ser un problema para el consumo de pescado crudo, pero en las latas estaban inactivos por el proceso térmico. Lo importante ya no era el riesgo sanitario, sino el número y la distribución de esos parásitos en cada pieza.
Los investigadores contaron uno a uno los anisákidos presentes en 178 latas de cuatro especies de salmón, y calcularon cuántos había por gramo de tejido.
De ese recuento salió una serie temporal que abarca aproximadamente cuarenta años y que muestra cómo ha ido cambiando la carga de parásitos en chum, rosado, coho y sockeye.
Es importante mencionar que cada lata aportaba un fotograma y, juntas, componían una película sobre la evolución de la vida en el Pacífico Norte.
Cuarenta años de cambios en la red trófica marina
Los resultados revelaron que en el salmón chum y el salmón rosado se observó un aumento claro del número de anisákidos con el paso del tiempo.
En coho y sockeye, en cambio, los niveles se mantuvieron relativamente estables. Esa diferencia sugiere que cada especie responde de forma distinta a los cambios en el entorno y en la disponibilidad de presas y depredadores.
El valor de los anisákidos como indicador ecológico está en su ciclo vital. Estos gusanos pasan por varios anfitriones: primero pequeños crustáceos, después peces y, por último, mamíferos marinos como focas o leones marinos, donde completan su desarrollo.
Para que haya muchos parásitos, tiene que haber una cadena alimentaria relativamente intacta, por lo que más gusanos puede significar más mamíferos marinos y más conexiones en la red trófica.
Cabe mencionar que las latas no dan por sí solas una explicación completa, pero aportan un conjunto de datos continuo que antes no existía.
Permiten cruzar tendencias de parásitos con registros de temperatura, capturas y presencia de mamíferos marinos. Así ayudan a separar qué efectos se deben a la regulación ambiental, cuáles al clima y cuáles a la propia dinámica interna de las poblaciones.

