Byung-Chul Han, filósofo: "El smartphone nos deprime, porque gracias a él soy consciente de mí mismo"

El smartphone nos deprime
El smartphone nos deprimeMontaje

El filósofo surcoreano-alemán alerta sobre la pérdida del contacto humano, que ha sido sustituido por el narcisismo de las redes sociales y la vigilancia constante del smartphone.

El móvil ha dejado de ser un equipo de comunicación para convertirse en una fuente de depresión y aislamiento. Así lo dice el filósofo Byung-Chul Han, quien considera que este dispositivo es una herramienta de dominación.

Aunque tenemos la sensación de estar más conectados que nunca, el teléfono funciona en realidad como un espejo que nos devuelve constantemente nuestra propia imagen y elimina el contacto real con los demás.

Así lo definió Byung-Chul Han en una entrevista concedida al diario EL PAÍS, donde el pensador desmonta la supuesta libertad de la era digital y analiza los costes psiquiátricos de vivir pegado a una pantalla.

Desde Berlín, Alemania, el autor surcoreano disecciona la sociedad del rendimiento y explica por qué nos sentimos agotados, ansiosos y vacíos en un entorno que nos vende felicidad constante.

No es un académico alejado de la realidad, sino un observador crítico que entiende cómo el capitalismo digital afecta directamente a la salud mental y a las relaciones personales en todo el mundo.

Vivimos en un infierno de datos volátiles

Su análisis parte de una transición fundamental en el entorno. Hemos dejado de habitar un mundo de cosas físicas para vivir en un universo de no-cosas. Los objetos del pasado ofrecían estabilidad y calma porque eran duraderos y podíamos establecer un vínculo físico con ellos.

Ahora la realidad se compone de información, datos y estímulos fugaces que desaparecen al instante. Se ha cambiado la solidez de la materia por el frenesí de las notificaciones, un cambio que genera inestabilidad porque la información no ofrece apoyo vital, solo exige atención constante.

Por ejemplo, el móvil actúa hoy como un objeto de culto religioso, similar a un rosario al que se recurre obsesivamente. Se busca en él la salvación al aburrimiento y la validación a través de los "Me gusta".

El problema reside en que este hábito fomenta un narcisismo patológico. El dispositivo elimina la alteridad, la presencia real del "otro", y te deja solo frente a tu propio reflejo. Según Han, esta desaparición del contacto humano es la causa directa de la epidemia de depresión actual.

El control social se ejerce mediante el placer

Durante mucho tiempo la humanidad temía un futuro represivo similar a la novela 1984 de George Orwell, donde el Estado controlaba mediante el dolor y la censura. Han advierte que el escenario actual se parece mucho más a Un mundo feliz de Huxley.

El sistema no necesita obligarte a nada; te seduce para que entregues tu privacidad voluntariamente. Aceptas la vigilancia de tu "casa inteligente" o de tus equipos conectados porque te ofrecen comodidad.

De este modo, nos hemos convertido en el informante de nuestra propia vida, creyendo que somos libres simplemente porque elegimos qué aplicación abrir. El filósofo utiliza referentes culturales como la serie El Juego del Calamar para ilustrar la brutalidad del mercado laboral.

El trabajo ha adoptado dinámicas de juego que prometen recompensas, pero que en realidad esconden un sistema de deuda y eliminación. Bajo la apariencia de emprendimiento y libertad, el capitalismo digital explota tu impulso lúdico para que te autoexplotes hasta el límite.

La salida a este laberinto de ruido digital no es tecnológica, sino humana. Byung-Chul Han propone una desconexión radical y la inactividad real, lejos de la producción y el consumo de contenidos.

Para sanar esta fatiga social necesitas soltar el rosario digital, volver a tocar la textura de los objetos reales y mirar a las personas a los ojos, recuperando la presencia física que la pantalla nos ha robado.

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