Dan Brown, autor de El Código Da Vinci: "Las mentes pequeñas siempre han arremetido contra lo que no entienden"

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La idea del autor de Ángeles y demonios y Origen apunta a algo bastante reconocible en el comportamiento humano, que es la tendencia a rechazar lo que no se entiende.

En septiembre de 2025, Dan Brown puso fin a ocho años de silencio editorial con El último secreto, la sexta entrega de las aventuras del profesor Robert Langdon, ambientada en Praga y lanzada simultáneamente en 16 idiomas.  

Netflix anunció casi de inmediato su adaptación en formato serie que, para muchos lectores, fue una noticia esperada, pero para sus críticos, la confirmación de que el fenómeno no tiene intención de extinguirse.

¿Quién es Dan Brown?

Dan Brown nació en 1964 en Exeter, Nuevo Hampshire, en el seno de una familia con fuerte vocación académica: su padre era profesor de matemáticas y su madre, músico. 

Estudió en Amherst College y pasó años intentando abrirse camino como músico antes de orientarse definitivamente hacia la escritura. Sus primeras novelas pasaron prácticamente desapercibidas, pero todo cambió en 2003, cuando publicó El Código Da Vinci.

Desde entonces ha vendido más de 200 millones de libros en todo el mundo, traducidos a 56 idiomas, y sus novelas comparten una misma arquitectura: un protagonista intelectual, una cuenta atrás, escenarios históricos y la sensación de que detrás de cada símbolo se esconde algo que los poderes establecidos prefieren mantener oculto. 

Esa fórmula ha generado lectores en todos los continentes y detractores en prácticamente todas las instituciones que aparecen en sus páginas.

Doscientos millones de libros y décadas de ataques

El Código Da Vinci vendió más de 80 millones de ejemplares, convirtiéndose en uno de los libros más vendidos de la historia. La película de 2006, dirigida por Ron Howard con Tom Hanks en el papel de Langdon, recaudó 760 millones de dólares pese a las críticas demoledoras. 

Ese resultado es, en sí mismo, un dato periodístico, ya que raramente un producto tan atacado ha tenido tanto éxito comercial de forma tan simultánea. Los ataques llegaron desde tres frentes que conviene no confundir porque son fenómenos distintos. 

La crítica literaria cuestionó la calidad de su prosa, considerada mecánica y plagada de recursos fáciles. Por otro lado, los historiadores señalaron errores factuales y la mezcla sin señalizar de datos reales con ficción. 

Las instituciones religiosas, en particular sectores de la Iglesia católica, denunciaron la interpretación teológica del libro como una tergiversación deliberada del cristianismo. 

Cada frente tenía sus propias razones y sus propios intereses, aunque en el debate público todo se mezclase bajo la misma etiqueta de controversia.

Por qué rechazamos lo que no entendemos

Brown ha declarado en distintas ocasiones que no lee reseñas, ni favorables ni adversas, como estrategia deliberada para proteger su proceso creativo. 

Su consejo a escritores jóvenes ha sido siempre el mismo: escribe el libro que tú mismo querrías leer y no te distraigas con las críticas. Esa postura no es indiferencia, sino una posición calculada.

La frase —"las mentes pequeñas siempre han arremetido contra lo que no entienden"— encaja exactamente en esa lógica, donde Brown no está hablando solo de sus críticos. 

Está describiendo un patrón histórico que sus propias novelas exploran con insistencia: el de las instituciones y los individuos que atacan aquello que amenaza su autoridad. En ese sentido, la cita no es una defensa personal ni una provocación puntual. 

Es la expresión de una convicción que atraviesa toda su obra, que la curiosidad y la exploración de territorios incómodos siempre han encontrado resistencia organizada, y que esa resistencia dice más sobre quien la ejerce que sobre lo que intenta suprimir.

Un debate que no es solo sobre Dan Brown

La tensión que rodea su figura desde hace décadas trasciende la calidad literaria de sus novelas. En el fondo, el debate sobre Dan Brown es una discusión sobre quién tiene autoridad para decidir qué merece leerse y qué no. 

Por ello, la crítica especializada tiene sus criterios; el mercado tiene los suyos. Durante más de veinte años, ambos han llegado a conclusiones opuestas con una regularidad que resulta difícil de ignorar.

El escritor Brown ha sabido instalarse en esa grieta con una coherencia que sus detractores raramente le reconocen. 

Así que el último secreto, la confirmación de Netflix y los 200 millones de libros vendidos sugieren que esa grieta no se va a cerrar pronto. Y que él, por supuesto, no tiene ninguna intención de ayudar a cerrarla.

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