Edward Snowden, exagente de la CIA: "Decir que no te importa el derecho a la privacidad porque no tienes nada que ocultar es como decir que no te importa la libertad de expresión porque no tienes nada que decir"

El exempleado de la NSA sostiene que la privacidad es un derecho esencial que protege a todas las personas y que su importancia no depende de tener o no algo que ocultar.
Decir que la privacidad "da igual" porque uno no tiene nada que ocultar se ha convertido en una coartada cómoda en plena era digital. Pero Edward Snowden, exanalista de la CIA y contratista de la NSA, lleva años advirtiendo de que ese razonamiento es peligroso.
Y es que renunciar al derecho a la privacidad solo porque hoy no te sientes en riesgo equivale a dar por prescindibles libertades que sostienen cualquier democracia. Lo que señala es que los derechos fundamentales no se justifican por el uso que tú hagas de ellos en este momento.
Nadie diría que da igual perder la libertad de expresión porque hoy no tiene una opinión que compartir. De la misma forma, tratar la privacidad como algo prescindible porque "yo no soy delincuente" es aceptar que el Estado, o una gran plataforma tecnológica, pueda observar y registrar todos tus movimientos sin límites claros.
Su mensaje de fondo es que la privacidad no es el refugio del culpable, sino la condición para poder pensar, hablar, relacionarse, pero sobre todo, equivocarse sin estar bajo un foco permanente.
Cuando normalizamos la vigilancia masiva como algo "que solo afecta a los malos", convertimos un derecho en un lujo opcional. Y los derechos que se perciben como opcionales acaban debilitándose para todos.
La privacidad en la era digital
Cabe señalar que, de acuerdo con Snowden, hoy la vigilancia ya no se parece a un agente escuchando llamadas, sino a un entramado de sistemas que recopilan datos de manera continua: quiénes somos, con quién hablamos, dónde estamos, qué buscamos, qué compramos, qué nos interesa.
Plataformas y servicios digitales construyen perfiles detallados a partir de nuestra actividad diaria y esos perfiles se usan para decidir todo sobre nuestros gustos e intereses.
Así que el argumento de que no tienes nada que ocultar se derrumba en este contexto por dos razones. La primera, porque incluso si hoy no eres objetivo de nadie, los datos que vas dejando pueden ser reinterpretados mañana por otro gobierno, otra empresa o bajo otras leyes.
La segunda, porque tu exposición arrastra a otras personas: tus contactos, tus grupos, tus redes. Aunque tú te sientas a salvo, la misma infraestructura de vigilancia golpea con más fuerza a minorías, disidentes y colectivos vulnerables.
Quién es Edward Snowden

Edward Snowden nació en 1983 en Estados Unidos y construyó su carrera dentro del aparato de inteligencia de su país. Trabajó primero para la CIA como experto en sistemas y, más tarde, para la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a través de contratistas privados.
Desde ese puesto tuvo acceso directo a los programas de vigilancia masiva que Estados Unidos y sus aliados desplegaron tras el 11‑S, capaces de recoger y analizar comunicaciones telefónicas, correos electrónicos y actividad en línea de millones de personas, también de ciudadanos sin ningún cargo en su contra.
En 2013 decidió filtrar un conjunto de documentos clasificados que detallaban esos programas. Aquellas filtraciones destaparon la dimensión real de la vigilancia global e iniciaron un debate mundial sobre hasta dónde podían llegar los Estados y las grandes tecnológicas en la recolección de datos.
A cambio, Snowden fue acusado bajo la Ley de Espionaje, una norma que no diferencia entre revelar secretos por interés público o por traición, por ello, hoy vive en Rusia, donde obtuvo asilo y después ciudadanía.
Y es que si regresa a Estados Unidos, se enfrentará a un juicio con posibilidades muy altas de terminar en una condena de larga duración. Su autoridad en esta discusión viene precisamente de ahí: habló después de haber visto el sistema por dentro y pagó un precio personal enorme por contarlo.
Si aceptamos sin cuestionar que la privacidad solo importa a quien tiene algo que esconder, estamos abriendo la puerta a una sociedad donde la vigilancia constante se ve como algo normal y quien pida límites será tratado como sospechoso.
Defender la privacidad hoy es una forma de proteger el espacio en el que se sostienen el resto de derechos: la capacidad de vivir sin que cada clic, cada conversación y cada relación queden permanentemente bajo registro.
