Esta calle de Roma no ha sido modificada en más de 2.000 años: un viaje en el tiempo sin necesidad de un DeLorean

El Clivus Scauri permite recorrer siglos de historia desde la República hasta la Edad Media y es un destino imprescindible para experimentar la historia de Roma de forma auténtica.
Roma ha demolido y reconstruido sus calles durante siglos para adaptarlas a la modernidad, el metro y las redes de servicios, pero el Clivus Scauri es una excepción que ha mantenido su estructura original desde el siglo II a.C.
Esta vía romana conecta la base de la Colina Celiana con su cima, donde se encuentra la Piazza dei Santi Giovanni e Paolo, y discurre junto a la Basílica de los Santos Juan y Pablo, en una zona situada entre el Coliseo y el Circo Máximo.
La calle debe su nombre a Marco Emilio Escauro, cónsul romano del año 115 a.C. que financió su construcción siguiendo la práctica común de la élite republicana de inscribir sus apellidos en obras públicas.
Lo que hace especial al Clivus Scauri no es solo su antigüedad, sino que cada época posterior añadió estructuras arquitectónicas sin demoler las anteriores, creando una acumulación visible de capas históricas que van desde la República romana hasta la Edad Media.
Arquitectura estratificada sin reconstrucciones
Los contrafuertes que sostienen la basílica se construyeron directamente sobre la calzada romana original, y algunos arcos datan del siglo V mientras otros son medievales, todos conviviendo en la misma estructura.
Entre estas construcciones aparecen restos de la casa de San Gregorio Magno y fragmentos de una biblioteca antigua incorporados de forma natural al paisaje urbano, creando una lectura arquitectónica vertical donde cada periodo histórico dejó su huella sin borrar la anterior.
Esta acumulación de elementos de distintas épocas no es resultado de un proyecto de conservación planificado, sino simplemente de que nadie consideró necesario demoler lo existente cuando se añadían nuevas estructuras.
Los muros del siglo II a.C. sostienen arcos del siglo V que a su vez soportan ampliaciones medievales, formando un conjunto donde la función estructural de cada elemento justificó su permanencia a lo largo de los siglos.
Las razones de su supervivencia
La mayoría de calles romanas fueron enterradas bajo construcciones posteriores, asfaltadas para el tráfico motorizado o demolidas para instalar infraestructuras modernas como el metro y las redes de alcantarillado.
El Clivus Scauri se salvó principalmente por su ubicación en una pendiente pronunciada de la Colina Celiana que nunca fue ruta prioritaria para tráfico comercial ni transporte pesado, lo que la mantuvo como acceso peatonal secundario que no justificó inversiones en modernización.
La ingeniería romana original también contribuyó a su permanencia, ya que las calzadas romanas incorporaban sistemas de drenaje integrados, materiales locales resistentes a la erosión y pendientes para el tránsito continuo.
Este diseño funciona perfectamente para el uso peatonal actual sin necesidad de mejoras técnicas porque no depende de componentes que puedan quedar obsoletos, solo de piedra, mortero y geometría aplicada correctamente.
Es una calle pública de acceso libre, sin horarios ni entrada porque sigue funcionando como vía urbana normal, aunque la pendiente es considerable y el término "clivus" hace referencia precisamente a las calles romanas construidas en desniveles pronunciados.
La experiencia de caminar por esta vía es directa porque no hay intervenciones modernas que medien entre el visitante y la estructura original: sin iluminación LED, pavimento antideslizante ni barandillas de seguridad.
Esta autenticidad proviene de que nunca fue declarada oficialmente monumento protegido, simplemente quedó como una calle funcional que nadie consideró necesario modernizar.

